El poder hegemónico de los medios de comunicación

El poder hegemónico de los medios de comunicación
El poder hegemónico de los medios de comunicación. Trama al Sur – un canal social latinoamericano
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En estos tiempos y particularmente en el recorrido del siglo XXI, tal vez como nunca antes, los medios de comunicación masiva en el mundo detentan el poder de la información y su contrapartida, la desinformación, aliada incondicional al servicio de sus intereses hegemónicos. Se trata de una deliberada comunicación que incomunica, herramienta capital en manos de un poderoso trust emisor concentrador de enorme poder promovido en el nidal de las grandes potencias y empresas transnacionales.

A mediados del siglo pasado, la configuración de la comunicación política se inició en los EE.UU. bajo el auge del conductismo con un tema dominante a partir de las primeras investigaciones: el comportamiento electoral. Ahí radicaba el peligro que pondría en riesgo los privilegios de las clases dominantes. Democracias, pero no tanto. El sucedáneo por el auténtico. Para analizarlo, los estudios se concentraron en los efectos de los mensajes cuya transferencia demostró de manera irrefutable su apego a la distorsión y tergiversación de los hechos, con consecuencias irreparables para la información ajustada a los principios éticos del periodismo.

En este contexto, es oportuno recordar que en ocasión de celebrarse el 56º aniversario del diario “La Prensa” de Buenos Aires, en octubre de 1950, su director Ezequiel Pedro Paz se refirió a la ética en el periodismo. Sus palabras fueron recogidas por la Sociedad Interamericana de Prensa, que las adoptó como su credo. Entre otros conceptos, dice así: “Informar con exactitud y con verdad; desechar los rumores, los “se dice” o “se asegura”, para afirmar únicamente aquello de que se tenga convicción afianzada por pruebas y documentos; considerar que es preferible la carencia de una noticia a su publicación errónea o injustificada; recordar antes de escribir cuán poderoso es el instrumento de difusión de que se dispone, y que el daño causado al funcionario o al particular por la falsa imputación no se repara nunca totalmente con la aclaración o rectificación caballerescamente concedida; guardar altura y serenidad en la polémica y no afirmar nada que hayamos de tener que borrar al día siguiente”.

Diversas fuentes de investigación académica concluyen que el objetivo para mantener el statu quo dominante está orientado, fundamentalmente, al control social y destacan al poder político como eje de su conceptualización. Es más, consideran al lenguaje un vehículo muy eficaz para contemplar y promover las demandas procedentes de las élites al acceso a los centros de decisión. Apunta a las más amplias funciones de la comunicación, no sólo orientadas al control social, comercial y cultural, sino también para contrarrestar a otras opciones políticas quitándoles expresa o subrepticiamente capacidad de acción y respuesta. En primera y última instancia, se organiza y desarrolla mediante el control de la información en todas sus manifestaciones a partir de la censura previa y sus recursos autoritarios en escala progresiva.

Estos modelos confluyen en el ejercicio de la persuasión para el ajuste social siempre en perjuicio de las poblaciones más vulnerables y ponen énfasis en el receptor para inducirlo políticamente a través del voto y el consumismo. Esto explica el blindaje de la llamada “gran prensa” y su silencio cómplice cuando es moneda corriente que la distorsión comunicacional representa una de las formas más sutiles y al mismo tiempo más implacables de las “fake news”. Es cultivada a permanencia para imponer la “verdad oficial” apoyada en el mástel de una alianza entre los poderes económicos y financieros que necesitan crear un clima de opinión favorable a sus intereses corporativos.

Los medios de información desempeñan una función determinante para la politización de la opinión pública, llamada así en la medida que no es privada y surge de un debate público. Opinión en plural porque en el universo político no hay campo para una sola verdad política. La opinión pública no necesariamente debe coincidir con la verdad, porque es solamente opinión. Sin embargo, en tanto se forma y afirma en el debate, puede expresar una actitud racional y crítica. Cuando el pueblo se manifiesta hay que comprenderlo y escucharlo. “Vox populi, vox Dei”, indica la antigua expresión latina.

Así como las técnicas de las encuestas, en general, guían y orientan a la opinión pública en vez de reflejar su forma de pensar, de la misma forma operan los grandes medios de comunicación. Un experto estratega de guerra, manifestó “no me den soldados para pelear en las selvas y en los suburbios: la batalla se libra en los medios”.

La creación, promoción y puesta en marcha de medios de comunicación alternativos al poder hegemónico de la información, es una tarea tan imprescindible como revolucionaria.

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