La lucha ideológica en nuestro tiempo

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Apoyo el documento de presentación de Trama y me parece adecuado afirmar que “(hay) problemas de nuestras realidades al sur, que necesitan pensarse más allá de la inmediatez y el mediano plazo”, y tender a la formación, a la batalla cultural, a actualizar principios, entre ellos el anti imperialismo, que a mi juicio, es inseparable de la lucha por el socialismo.

Es cierto que los movimientos de trabajadores y de otras clases y capas populares tradicionales están debilitados, pero no han muerto. En América Latina, partidos de esa composición social han llegado al gobierno. Pero también es cierto que hay movimientos de oposición al capitalismo diferentes al movimiento obrero: de cooperativistas, de pequeños productores, feministas, antirracistas, etc. De modo que las diferencias de raza, de género, de etnias, se entretejen con las identidades de clase. Así, “Las clases dominadas están muy racializadas y la creciente feminización de la pobreza ha sido un rasgo notable de la neoliberalización.” (1). Claro que en esa conjunción de clases, capas y sectores populares, se debe considerar el papel crucial de la lucha de clases.

Yendo a la praxis concreta uruguaya, hay que intentar la unificación de la izquierda antiimperialista y socialista, la que está en el Frente Amplio o fuera de él. Y en esa tarea, más que pensar en partidos de vanguardia -que ninguno de los existentes logra ser tal- se trata de elaborar un programa para todo un tiempo histórico, plataformas de luchas concretas, y operar tanto adentro como por fuera de los partidos existentes. Operar bien ligado a las masas populares, principalmente a los trabajadores, con fines estratégicos o de larga duración. Y al mismo tiempo, siendo capaces de articular alianzas tácticas, o de corta duración, con las fuerzas partidarias de vida real, que están básicamente en el Frente Amplio.

El que el debate esté presente tanto en los partidos como en colectivos militantes es imprescindible. Juzgo que un tema de controversia es la oposición dictadura-democracia. A continuación reproduzco mi opinión expuesta en “El marxismo, ese ocultado”, el capítulo de “El marxismo y la democracia”

“Si Engels dice que, bajo la república democrática, el Estado sigue siendo una máquina para la opresión de una clase por otra’, esto no significa que la forma de opresión sea indiferente para el proletariado, como algunos anarquistas enseñan’. Una forma de lucha de clase y de opresión más ancha, más libre, más abierta, facilita enormemente al proletariado la lucha por la destrucción de las clases en general.”(2)

El marxismo siempre formula el contenido de clase de la democracia. Hubo democracia esclavista, democracia en los burgos modernos, democracia liberal en diversos países capitalistas y democracias más estrechas, como las tuteladas por las Fuerzas Armadas a la salida de las dictaduras de la Doctrina de la Seguridad Nacional. Ahora bien, son complementarios dos enfoques diferentes. Por un lado, el reconocimiento del contenido dictatorial de clase de la democracia, opuesto al enfoque liberal que contrapone democracia y dictadura: “Democracia para una minoría insignificante, democracia para los ricos, he ahí cual es la democracia de la sociedad capitalista” (3); Marx aporta un concepto semejante: “… a los oprimidos se les permite cada cierto número de años, decidir cuál de los representantes de la clase opresora los representará y oprimirá desde el parlamento.” (4); por otro lado, el reconocimiento que el régimen en el que se ejerce la dictadura de la burguesía, no es indiferente a los trabajadores ni a las clases populares. En la medida que la democracia implica el reconocimiento formal de la igualdad entre los ciudadanos y tolera mayores márgenes de libertades para los explotados y oprimidos, es preferible a los regímenes de excepción del Estado capitalista, como el bonapartismo, el fascismo, la dictadura militar o los de la seguridad nacional’. Ni a los trabajadores ni al pueblo les resultan indiferentes las formas de opresión y deben deslindarse del error de izquierda infantil’ de meter en la misma bolsa’ a la democracia, la dictadura militar, el fascismo, etc.

El régimen democrático refleja también la resistencia de la clase o de las clases oprimidas, y a veces sus victorias: las leyes aprobadas en los plebiscitos en defensa de las empresas públicas, o conquistas de los trabajadores o jubilados. Implica un `compromiso’ entre las clases, expresión de una correlación determinada de fuerzas entre ellas. “El Estado democrático, en particular, tiene un doble carácter, dialéctico y contradictorio […] fue por una parte la expresión de una dictadura efectiva, la de la clase dominante; y por otra se vio obligado a permitir la expresión de los intereses y de los objetivos políticos de las clases dominadas; fue obligado a tolerar la organización de los trabajadores (sindicatos, cooperativas, etc.). El compromiso democrático no suprime la lucha de clases, por el contrario, la expresa.” (5.)

La democracia es un concepto histórico-concreto, de clase, y no es abstracto, atemporal, al margen de las clases. El origen griego de la palabra verifica su nacimiento en una sociedad y un Estado esclavistas. Con el desarrollo de los burgos modernos, la burguesía adopta formas democráticas cambiantes, según las correlaciones de clase concretas. La más conocida y duradera ha sido la liberal, que asegura en paz su control político. En países periféricos del sistema, la democracia tutelada cumple el rol clásico de la liberal, pero asentada en la desigualdad jurídica ciudadana, en la impunidad de los victimarios de las dictaduras de la Doctrina de la Seguridad Nacional.

El régimen democrático es esencialmente inestable. Se basa en la presencia de partidos que representan a las diversas clases. Pero esos partidos no son puros como expresiones de las clases que representan, y en ellos caben matices, metamorfosis, reagrupamientos, lo que motiva una vida política agitada, compleja, polarizada. La democracia burguesa tiende a una crisis de transformación: sea por un `salto atrás’ reaccionario, en defensa de los privilegiados, que la restringe o suprime; o por la imposición de las clases populares, tendientes a una democracia de nuevo tipo, más legítima.

Estas crisis políticas estallan cuando chocan el régimen con la estructura del Estado. “En Cuba el Estado revolucionario entró en conflicto con un régimen burgués y éste régimen fue derrotado [Se refiere al primer gobierno presidido por Urrutia en 1959]. En Chile, el régimen del gobierno popular de Salvador Allende entró en conflicto con el estado burgués y el régimen fue derrotado” (6). En esos casos, la lucha de clases (económica, política, militar, ideológica) se vuelve violenta. Las victorias populares conducen a transformar al Estado y a implantar una nueva hegemonía ideológica.

Citas:
(1) David Harvey, “Breve historia del neo liberalismo”
(2) Lenin: “El Estado y la Revolución”
(3) Lenin: Ibidem
(4) Marx: “La lucha de clases en Francia”
(5) H. Lefebvre, “El marxismo”
(6) James Petras), “Globaloney. El lenguaje imperial, los intelectuales y la izquierda”

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