Pandemia y determinantes sociales de la salud

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Equivocadamente, los ministerios de salud de varios países de Latinoamérica, han venido copiando medidas sanitarias, inaplicables en nuestros países (mucho más inaplicables en Paraguay) por haber omitido algo denominado “Determinantes sociales de la salud”.
Para entender este punto, sería bueno adentrarnos en el término e ir desarrollando los motivos por los cuales, al omitir dichos determinantes, estas autoridades han incurrido en un error de aplicación, donde se debería haber pensado en la realidad regional, antes de implementarlas.

¿Qué son los determinantes sociales de la salud?
“Los determinantes sociales de la salud son las circunstancias en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, incluido el sistema de salud.
(…)
Los determinantes sociales de la salud explican la mayor parte de las inequidades sanitarias, esto es, de las diferencias injustas y evitables observadas en y entre los países en lo que respecta a la situación sanitaria.” (…)
(https://www.who.int/social_determinants/es/)
La OMS crea en 2005 la oficina que se encarga de analizar estos determinantes y ofrece asesoramiento para mitigar dichas diferencia.
Estos determinantes tienen varias áreas de interés que entre otros títulos se puede leer:
1) La equidad desde el principio
2) Entornos salubres para una población sana
3) Practicas justas en materia de empleo y trabajo digno
4) Protección social a lo largo de la vida
5) Atención de salud universal

Teniendo en cuenta lo anteriormente citado, es de esperar que si existen políticas para luchar contra una determinada enfermedad en una zona del mundo, las mismas políticas no son las más eficaces para todos los países, debido a “las diferencias injustas y evitables observadas entre los países”. Los modelos de salud pública, difieren enormemente entre los países más industrializados y los que somos graneros o reserva de mano de obra barata para estos centro de poder económico.
Asi mismo, es evidente que una determinada acción sanitaria en una zona con mayores medios para proteger a su población, no sean las más adecuadas para países Latinoamericanos, ya que nuestra población se encuentra en otro grado de desamparo, en donde una mortalidad del 1% al 3% por el Coronavirus, no se compara con los altos índices de mortalidad por diarrea, infarto, diabetes, cáncer de cuello uterino o incluso los problemas de enfermedades endémicas como la tuberculosis o el dengue, que prácticamente no se conocen en el norte del mundo.

Datos epidemiológicos
“La mortalidad mundial por diarrea entre la población menor de cinco años se estimó en 1,87 millones (intervalo de confianza del 95%: 1,56–2,19), lo que supone aproximadamente el 19% de la mortalidad total en la niñez. Las regiones de África y Asia Sudoriental de la OMS acumulan entre ambas el 78% (1,46 millones) de todas las muertes por diarrea registradas entre los niños en el mundo en desarrollo; y el 73% de estas defunciones se concentran en sólo 15 países en desarrollo.”
(https://www.who.int/bulletin/volumes/86/9/07-050054-ab/es/)

“En 2018, más de 72.000 mujeres fueron diagnosticadas de cáncer cervicouterino y casi 34.000 fallecieron por esta enfermedad en la Región de las Américas.
Las tasas de mortalidad son 3 veces más altas en América Latina y el Caribe que en Norteamérica, evidenciando enormes desigualdades en salud.”
(https://www.paho.org/hq/index.php?option=com_content&view=article&id=5420:2018-cervical-cancer&Itemid=3637&lang=es).

Este tipo de divergencias en cuanto a las causas de muerte, son producto de las deficiencias del sistema de salud, pero también de los determinantes sociales, como la pobreza, el desempleo, la falta de agua potable, baños precarios, baja escolaridad, etc.
Otro factor clave en el nivel de hacinamiento social, que en países latinoamericanos en poblaciones más vulnerables es enorme, pero también se da en países industrializados, por lo que muchas de las ciudades con mayor índice de muertes, tuvo un componente central el nivel de hacinamiento, como fue el caso de New York donde ya años anteriores se informaba de unas 270.000 personas en condiciones de hacinamiento, pero que también afecta al resto del país
(https://consumer.healthday.com/espanol/infectious-disease-information-21/coronavirus-1008/muchos-hogares-de-ee-uu-est-aacute-n-demasiado-hacinados-como-para-frenar-la-propagaci-oacute-n-de-la-covid-19-759859.html)

Medidas que incrementan el riesgo de muerte
Los principales indicadores de muerte en países de bajos ingresos y algunos de altos ingresos son la diabetes, la hipertensión y el infarto, como también la mortalidad infantil por diarrea e infecciones es importante.
El aislamiento social, las limitaciones de los centros de salud para la atención a los ciudadanos y la demora en la entrega de medicación adecuada, incrementan la mortalidad en pacientes diabéticos y con problemas de hipertensión o coronarios, ya que el ejercicios físico es una de las actividades preventivas en este tipo de pacientes. Además el aislamiento y la famosa frase “quedate en casa” aumentan los niveles de glicemia (azúcar en la sangre), ya sea por el sedentarismo al cual están obligados, como la mayor ingesta de alimentos que elevan el azúcar debido a la ansiedad y la falta de ingresos para adquirir otros más saludables.
El desempleo, es un daño colateral, al cual tal vez sea más difícil mitigar, al cual también hay que darle alguna salida “temporal”, desde la administración de los países.
El pago de subsidios a una parte de la población, sin limitar el tipo de uso que se le da, no es muy inteligente, si no se acompaña de una capacitación en administración familiar y alimentación saludable, digamos, dentro de lo que se podría llamar saludable en un contexto socio económico tan adverso.
El famoso aislamiento social, que se promueve desde los organismos de salud y la higiene, son medidas inaplicables, debido a que la economía se mueve por la gente de la periferia. Si bien sabemos que las ganancias se las quedan unos cuantos aristócratas, los que mueven la economía y hacen llegar esos ingresos se encuentran en los sectores más vulnerables, por lo que el contacto es inevitable, por más que uno pretenda evitarlo. Se habló mucho de “aplanar la curva”, pero lo cierto y concreto es que solo países en donde les tocó la epidemia en verano o sus sistema de salud han estado mejor organizados, han muerto menos personas, pero no sabemos cuando llegue el invierno cual será el desenlace final, pues la alta contagiosidad hace casi inevitable su propagación

Aspectos a tener en cuenta
Si las enfermedades de base como la diabetes, la hipertensión, la obesidad y los problemas cardiacos asociados a la mala alimentación y el sedentarismo son los principales factores de riesgo, controlar estos factores, daría una mayor probabilidad de vida a las personas que contrajeran coronavirus, gripa A o algún cuadro respiratorio.
Por ello, el deporte, la actividad física, la alimentación con menos harina y más proteínas, frutas y verduras, podría ser una de las estrategias más útiles a la hora de implementar políticas públicas de salud.
Además, de formar promotores de la salud en los barrios, con equipos médicos y auxiliares que permitan un mejor acceso en los mismos barrios sin tener que hacer traslados de mucho tiempo y distancia, descongestionando los grandes centros asistenciales.
El empleo, la escolaridad, también son determinantes para una población más sana.
Por último, las condiciones sanitarias, el acceso al agua potable y mejores condiciones de vivienda, deberían estar presupuestadas y llevadas a cabo como parte de una política de mejoramiento de la calidad de vida de la población.
Sin estos presupuestos, sin invertir agresivamente, como lo hicieron con los tapabocas, no habrá un cambio significativo en los países pobres, pues los condicionantes de la salud son otros, no el mal uso del tapabocas o el mal lavado de manos.
La responsabilidad no es individual, es un problema social y debe ser encarado con políticas sociales acordes a la situación de la población y no a supuestos hipotéticos ideales de una sociedad en la cual no vivimos.

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