Uruguay: los movimientos sociales resisten la política del hambre

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En un escenario en el que un gobierno liberal – conservador – autoritario avanza en la implementación de su programa y el Frente Amplio no confronta, los movimientos sociales mantienen encendidas las antorchas de la resistencia y de la esperanza.

El programa del gobierno

A las conocidas medidas de liberalización y desregulación, fracasadas reiteradamente en América Latina, el gobierno agrega la urgencia por recortar el gasto y la inversión pública. En su campaña se comprometió a ahorrar 600 millones de dólares de gastos innecesarios, en su práctica utiliza la moto sierra para exigir a todas las reparticiones públicas que en su proyecto de presupuesto quinquenal recorten un 15% el gasto implementado por el anterior gobierno del Frente Amplio, con excepción de los gastos en salud.

Estos objetivos se reflejan en la política para enfrentar la pandemia, exitosa por sus medidas de aislamiento y prohibición de actividades que generan aglomeración como los espectáculos públicos, pero que profundizó la recesión y aumentó el desempleo.
Aproximadamente 400.000 trabajadores, el 25% del total, quedaron sin ingresos por perder el empleo y no tener cobertura del seguro de desempleo. Las transferencias de ingresos hacia estas familias son irrelevantes, consideradas por la CEPAL como el porcentaje del Producto Interno Bruto más bajo de toda América Latina.

Esta política del hambre tuvo como respuesta la multiplicación de las ollas populares

Las ollas populares

A medida que el hambre alcanzaba a un número creciente de familias, se pusieron en marcha reservas éticas que se manifestaron en la multiplicación de las ollas populares, que según estimación informada por Marcelo Abdala en el acto del 4 de junio del PITCNT, son más de 500.

Como señala Esteban Coitiño “La solidaridad ha sido y es un elemento identitario de la clase trabajadora, porque está integrada en el día a día de la vida de las trabajadoras y los trabajadores. Los primeros sindicatos junto a sus organizaciones desarrollaban las imprentas, los teatros, las cajas de auxilio… ¿Y por qué se hacía esto? Porque era la forma de poder acceder a libros, a prensa con una visión desde la clase a la que se pertenece, a la cultura… ya que estaban excluidos de esas y otras actividades” (1)

Las ollas, surgidas en las huelgas como una forma de canalizar la solidaridad con los trabajadores en lucha y sin ingresos, se expandieron como experiencia barrial durante la crisis que empezó en 1999 y resurgieron en 2020 dejando de manifiesto la insuficiencia de las medidas del gobierno.

Antes de la profundización de la crisis, los trabajadores sin cobertura de la seguridad
social y por lo tanto sin derecho al seguro de desempleo eran algo más de 400.000, de
los cuales el 45% tenía bajo nivel educativo; no tenían cobertura de la seguridad social
el 97% de los trabajadores por cuenta propia sin local (40.000 personas) y el 64% de
los trabajadores por cuenta propia con local (200.000 personas) (2). Se suman 100.000 desempleados sin cobertura de la seguridad social lo que da un total de 500.000 personas que en su gran mayoría perdieron todos los ingresos de su trabajo, aunque algunas familias conservan los ingresos de las transferencias públicas como la tarjeta social o las asignaciones familiares.

Se intentó desestimular las ollas populares en nombre del riesgo sanitario y sin valorar lo que implica políticamente la experiencia. Las ollas cumplieron con los requisitos y no contribuyeron a la circulación del virus sino a organizar a sectores.

Lorena Briozzo, militante del Proyecto Olla Oeste que comprende varios barrios, espera que en el futuro “la olla sea una instancia de encuentro”. Asimismo, señaló que “la solidaridad organizada es una forma de expresión y una forma de ser de nosotros” … “No es salir a hacer asistencialismo, es inventar con el otro y también aprender” (3).

Las ollas expresan los mejores valores de la izquierda, la solidaridad de los que tienen poco con los que no tienen nada, poniendo su tiempo y parte de sus escasos recursos para combatir el hambre. El pueblo despliega creativamente diversas formas de organización desde su base para dar respuesta a la crisis y practicando valores antagónicos con los de las clases dominantes, va construyendo futuro, “al pueblo lo salva el pueblo”. Son cimientos sobre los que se puede construir sólidamente un proyecto de cambios, que se derrumba si se sostiene principalmente sobre sillones, corredores y salones.

El papel de los medios

La resistencia al proyecto restaurador del gobierno de la coalición marrón creció desde las bases y se manifestó en la movilización de noviembre de 2019, en la creciente fortaleza del movimiento feminista, en las actividades del 20 de mayo y en el acto del PIT – CNT del 4 de junio y en la explosión de las ollas populares.

Pero la lucha ideológica es desigual, las reivindicaciones de las clases dominantes se presentan como científicas o técnicas por los economistas de las consultoras que las asesoran y se amplifican por la difusión a través del oligopolio de medios de comunicación a su servicio. Estos medios ocultan, deforman o satanizan las luchas de los movimientos sociales, lo que hace imperiosos que estos se expresen por sus propios medios de comunicación.

Referencias:
(1) RESISTENCIA, MEDIO ALTERNATIVO·MARTES, 31 DE MARZO DE 2020; Link: https://www.facebook.com/notes/resistencia-medio-alternativo/sobre-solidaridad-insultos-y-otras-cuestiones/153199559495361/
(2) Notaro, J (2019) Economía para militantes Montevideo
(3) Las ollas populares se multiplican en Montevideo para paliar las consecuencias del coronavirus en el empleo. La Diaria, 24 de marzo de 2020

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Esta entrada tiene un comentario

  1. Ana

    Muy buen artículo . Muy claro ,corto y pinta la VERDAD. Muchas gracias.

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