El portuñol y la literatura como instrumento de memoria y resistencia de cultura fronteriza.

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La lengua es identidad. Con ella no solo podemos definirnos al hablar, sino que suministra a los oyentes informaciones socioculturales y geográficas de nuestra persona. Por medio de ella, los hablantes pueden expresar su cultura, su forma de pensar, su religiosidad. La lengua es, en sí misma, la cosmovisión del pueblo que la habla.

En contextos de frontera, las actividades humanas propician la interacción de las personas que viven a ambos lados del límite geográfico. En el caso de fronteras entre países que hablan diferentes lenguas, esas interacciones generan variaciones lingüísticas híbridas a partir de las lenguas que se hablan en cada país. Este es el caso del portuñol, producto lingüístico de la frontera entre Brasil y los países hispanohablantes que lo limitan. Dado que
las características de las poblaciones que habitan estas fronteras son particulares de cada caso, incluso dentro de un mismo país, el portuñol hablado en cada una de ellas también es, en menor o mayor grado, diferente respecto a los demás.

Mencionado lo anterior, el portuñol caracteriza a sus hablantes de manera que los hace una comunidad étnica única dentro de cada país donde se habla. Más allá de la identidad nacional que puedan poseer, sus hablantes tienen una en común: son fronterizos, y esta particularidad produce una cultura singular que se pone de manifiesto en su lengua. Esa identidad, híbrida, ha tenido que buscarse el modo de fortalecerse frente a la hegemonía de las identidades nacionales.

En este sentido, el arte popular es un instrumento privilegiado para manutención de la identidad. La literatura en portuñol, tanto oral como escrita, así como la música, han servido al propósito de plasmar la idiosincrasia fronteriza. Poemas, novelas, relatos, recetas de cocina y canciones conforman este acervo cultural poco difundido. El portuñol, en su carácter de lengua no oficial y ágrafa, ha tenido que enfrentar, al menos en el Uruguay, los embates del Estado en su propósito de desaparecerlo en favor del español y del portugués estándar. Esta situación ha dejado huellas en la memoria de los hablantes. El arte, como instrumento discursivo, permite manifestar no solo las vivencias, sino también la adhesión del pueblo fronterizo a su lengua. Lingua Mae, grupo artístico de Rivera, en la frontera uruguayo-brasileña, en su libro Nu Ceu Num Tem Frontera (2015), recopila en poemas la realidad que supone el crecer y vivir en ese espacio de embate lingüístico.

La escuela y los maestros han sido piezas clave dentro del sistema educativo para la implementación de políticas lingüísticas de imposición del español en la frontera. Allí, el maestro es el encargado de imponer el español estándar en el aula y de reprimir el uso de otras variedades, incluido el portuñol. Por consiguiente, el docente ocupa un rol de sujeto
censor y es identificado como tal por el alumno, como lo manifiestan los siguientes versos: -A maestra me relayo / Cuando has miñas palabras misturadas / Se unieron numa prosa fechada / Para abrazar mi portuñol. La corrección de la conducta, tanto corporal como lingüística, es un elemento recurrente en los poemas que refieren al ámbito escolar: -Deu dois grito a maestra / So vi silencio, fila y renglón / Y cuando eu abría a boca / Falava asim: “no se puede no”.

No obstante, el portuñol no se encuentra banido por completo de la escuela. El recreo es representado como un espacio donde no hay control lingüístico y donde el poder hablar en portuñol está asociado con la libertad: -Nel recreo tudo era tan lindo / Nos curria libre sin presión / Us guris entre las bulita y payana / Como un balero as palabra / Viajaban en portuñol; -Mas nunca perdí las gana / De gritar por rebelión / Insistiendo por u recreio / Pa’
abraza meu portuñol.

Los poemas de Lingua Mae también nos permiten observar la caracterización de la frontera por parte de sus habitantes. La concentración de los poderes y órganos administrativos estatales en Montevideo le dificulta al Estado la gestión de las demás áreas del territorio nacional, problema que se acentúa a medida que aumenta la distancia que las separa de la capital. Esta dicotomía político geográfica “capital-interior del país” es el origen de representaciones recurrentes sobre la frontera que aluden a la distancia respecto al centro de poder -Montevideo-, y cómo ello se refleja en soledad, segregación y olvido, tal como manifiestan los versos siguientes: -Nesta fronteira isquecida / De costas pra meu país; -Vengo de un lugar lejano, en el norte; -[…]quiria estuda medicina / mas na frontera ningem
insina.

Paralelamente, sobre la frontera se presenta también la dicotomía división-unidad. Por una parte, se registra el carácter divisorio, separador: -Me parei y vi / Num marco da frontera / De um lado os agua doce / Du Otro / a bagacera. Por otra, se le adjudica a ese espacio un rasgo unitario, completivo: -Agotada de estar dividida, quise ser unión […] / Entonces, un
bello día, fui frontera. Además, aunque se reconoce ese espacio como el encuentro territorial de dos países, la existencia de una división es caracterizada como un constructo artificial, reafirmando el rasgo geográfico unitario: Nesta tierra de dois bandera / A frontera e
uma invensao. Análogamente, mismo que el límite político sea impuesto y registrado físicamente en forma de mojones, la idea de la frontera como un espacio indiviso persevera, y la partición no alcanza a materializarse por completo: -[…] se dio media vuelta y escribió sobre el marco con una piedra: NU CEU NUM TEM FRONTERA.

El portuñol en sí mismo también es objeto discursivo en los poemas. Se pueden apreciar manifestaciones de significación e importancia explícitas de la lengua. El uso de expresiones valorativas demuestra el grado de seriedad, de orgullo y el lugar que ocupa en la memoria del hablante: -Da Língua Mae eu nao isqueso; -Portuñol para mi es cosa seria; -y una canción misturada / que me inyia de orgullo. El conjunto lengua-identidad es remarcado como el medio por el cual los fronterizos reflejan el entorno y a sí mismos, al tiempo que establecen el sistema de referencia que permite su interpretación. La relación intrínseca entre la lengua y el sentir del hablante se manifiesta así: -Si tu naum fala portuñol / naum intende miña dor; -Si tu naum fala portuñol / naum conhece miña dor.

Asimismo, la identidad es representada bajo dos modalidades: una endógena al contexto fronterizo y otra exógena. La primera está dada por el conjunto antes mencionado (procedencia geográfica, lengua). La segunda se exhibe por medio de la mirada de un foráneo en estos versos: -El himno de mi país / Todo el mundo lo conoce / Nos num tem medo de pátria / Solo usted, nos desconoce.

En lo anterior, es posible constatar la marca que dejó la ideología del nacionalismo lingüístico en el imaginario de los uruguayos. La imposición de español como lengua nacional generó una base para la identificación de los uruguayos, al mismo tiempo que generó también lo excluido. Dentro de este último grupo se enmarcan los hablantes del portuñol, que “no se dejan capturar” por el idioma nacional. Lo excluido se vuelve indeseable, se menoscaba, como es posible observar en este verso: -Somos cultura desmerecida. No obstante, estos últimos conjuntos de versos configuran una protesta frente al error histórico instaurado por el nacionalismo al proferir que el español es la única lengua que se habla en el Uruguay, y a la exclusión social sufrida por los hablantes de portuñol que de ello se deriva.

Concluyendo, visibilizar la cultura fronteriza a través de sus producciones artísticas es dar merecido reconocimiento a la existencia de una población que se conformó a lo largo de la historia, comenzando con la colonización y luego con la formación de los Estados nación.
Las fronteras, caracterizadas como periferias nacionales, tienen tanta voz como los centros que producen la “cultura nacional”. Y nada mejor que sea su voz, en su lengua, la que ponga de manifiesto su identidad, en contraposición de los discursos hegemónicos que las segregan. Con este espíritu, en un claro acto de autodefinición con sentir autóctono, el cantautor riverense Chito de Mello expresaba en una de sus canciones: “soy fronterizo, medio mestizo, sin compromisos desde gurí. Tengo mi doma, no canto en broma, soy rompidioma y no estoy ni ahí”.

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