LAS REVUELTAS FEMINISTAS

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“El feminismo es para todo el mundo, porque tiene un potencial transformador, no solo para la vida de las mujeres, sino para todas las personas”.

Bel Hooks

El movimiento feminista es un movimiento emancipador y radical porque busca transformar las relaciones de poder. Cuando el poder es opresivo, no es posible pensar en cambios evolutivos, las transformaciones devienen de intensas luchas, denuncias, resistencias y estrategias que se van estableciendo en función de los avances y retrocesos en la conquista de los derechos. Derechos humanos, que durante muchos años – a diferencia de los varones – las mujeres no gozamos.

Este avance ha sido posible por la presencia constante y continua a lo largo de la historia, de movimientos feministas, que han luchado incesantemente para conquistarlos. En los años 60 se consolida un feminismo radical, de grandes movilizaciones, de encuentros entre mujeres, de luchas en las calles, donde se profundiza y radicaliza la lucha feminista, abriendo visibilidad sobre temas que se consideraban privados, donde los derechos humanos no llegaban. Es la época donde se inicia la tercera ola del feminismo, donde se establece la consigna “lo personal es político” y se da visibilidad a las distintas formas de violencias que las mujeres sufrían especialmente en el ámbito doméstico, en las relaciones afectivas, en las relaciones familiares. Se denuncian los abusos sexuales dentro de la familia, se exige el derecho al aborto, el control sobe la capacidad reproductiva, se cuestiona la división sexual del trabajo y las desigualdades en el campo laboral y político.

Esta etapa, el movimiento feminista también se caracteriza por cuestionamientos intrafeminismos. Cuando el feminismo no lograba dar cuenta de las realidades de las mujeres pobres, de las mujeres negras, de las mujeres lesbianas, de las mujeres trans, de las mujeres indígenas, se generaron debates, producciones, e intercambios que permitieron hacer visible estas diferencias y se comienza a hablar de descentramientos feministas, de múltiples feminismos, diversos y plurales. La autora Bel Hooks, refiere a los procesos generados en la incorporación y articulación de distintas formas de opresión en la lucha feminista, expresando:

“Los debates sobre las diferencias de clase surgieron muy pronto en el feminismo contemporáneo, antes que los debates sobre la raza. Diana Press publicó unas notas revolucionarias sobre las divisiones de clase entre las mujeres a mediados de los setenta en la recopilación de artículos Class and Feminism. Estos debates no trivializaban la insistencia feminista en que «la sororidad es poderosa», sino que simplemente hacían hincapié en que solo podríamos llegar a ser hermanas en la lucha si nos enfrentábamos a las formas en las que las mujeres —mediante la clase, la raza o la orientación sexual- dominaban y explotaban a otras mujeres y creábamos una plataforma política que abordara estas diferencias.”

En los años 90 una nueva generación surgida de los movimientos identitarios comenzó a redefinir la lucha y los límites del sujeto político feminista. Estos feminismos de la posmodernidad iniciaron la crítica radical del sujeto unitario del feminismo, colonial, blanco, emanado de la clase media-alta y des sexualizado. Entre las corrientes que forman el nuevo entramado de los feminismos destaca el feminismo lesbiano y la teoría queer, el poscolonialismo, el ecofeminismo y el ciberfeminismo. En ellas hay elementos en común, como el cuestionamiento de las estructuras de poder y particularidades relacionadas con el sexo, la antiglobalización, el medioambiente o la defensa de los grupos minoritarios.

El Black Feminism y el feminismo chicano en Estados Unidos han sido definitivamente dos de las propuestas más radicales que se han producido contra los efectos del colonialismo desde una visión materialista, antirracista y antisexista, que mucho ha aportado a las voces críticas en América Latina y el Caribe, y que deben convertirse en referencia importante para la teoría y práctica poscolonial. (Curiel, 2007:98)

El poscolonialismo, pensamiento que da base a la ruptura epistemológica universal y esencial, parte del concepto de colonialidad definido por Aníbal Quijano (2007) como un patrón mundial de dominación dentro del modelo capitalista, fundado en una clasificación racial y étnica de la población del planeta que opera en distintos ámbitos.

En América, la idea de raza fue un modo de otorgar legitimidad a las relaciones de dominación impuestas por la conquista. La posterior constitución de Europa como nueva identidad después de América y la expansión del colonialismo europeo sobre el resto del mundo llevaron a la elaboración de la perspectiva eurocéntrica de conocimiento y con ella a la elaboración teórica de la idea de raza como naturalización de esas relaciones coloniales de dominación entre europeos y no-europeos. Históricamente, eso significó una nueva manera de legitimar las ya antiguas ideas y prácticas de relaciones de superioridad / inferioridad entre dominados y dominantes. (Quijano, 2007:780)

El pensamiento poscolonial, las reflexiones sobre la diferencia cultural y las críticas al concepto de multiculturalidad, han permitido hacer visible la existencia de una producción neoracista.

Hoy la diferencia cultural ha producido un neoracismo, un racismo sin razas (Stolcke,1992) que mantiene a la otra y al otro fuera de todo paradigma válido. Si lo subalterno se traduce en un discurso de multiculturalidad, entonces sigue manteniendo relaciones de poder colonialistas. El otro, la otra, se naturaliza, se homogeniza en función de un modelo modernizador para dar continuidad al control no solo de territorios, sino también de saberes, cuerpos, producciones, imaginarios y todo ello se basa en una visión patriarcal en donde los saberes de las mujeres son relegados a meros testimonios, no aptos para la producción académica. Descolonizar supone identificar las relaciones de subordinación que se ejercen sobre aquellos considerados los otros, diferentes. Las corrientes del feminismo negro, chicano, afro indígena logran establecer una mirada compleja del entramado de las relaciones de poder en las sociedades poscoloniales, articulando diversos ejes de subordinación como lo son la raza, la clase, el sexo. Estas miradas disienten y desenmascaran la colonialidad del poder y del saber (Curiel, 2007:100)

En este período, los feminismos también fueron desarrollando distintas estrategias, como la transversalizacion de la perspectiva de género en las políticas públicas, la institucionalización de los temas de género, la creación de mecanismos de adelanto de la mujer, la profesionalización de los temas de género, la proliferación de organizaciones no gubernamentales, los espacios de diálogo e interacción Estado – sociedad civil, entre otros. Estas diversas formas de habitar la lucha feminista han generado avances muy importantes, así como tensiones y desafíos para el movimiento.

Ingresando en el siglo XXI, algunas autoras hablan de una cuarta ola del movimiento feminista, que vuelve a ser un movimiento popular, de crítica radical de los distintos sistemas de opresión (género, clase, raza, orientación sexual, identidad de género, entre otros). Un movimiento global, de masas que sale a las calles, al grito de NI UNA MENOS, que sale a las calles a rebelarse contra las sentencias judiciales misóginas, como la sentencia española en el caso de La Manada, que se organiza bajo la consigna de un Paro Internacional de Mujeres y logra una adhesión muy alta en distintos países del mundo, un feminismo global, que se hace eco de las denuncias de acoso sexual en la industria cinematográfica en EEUU. Estos feminismos redoblan la apuesta y reclaman por el derecho al aborto, la paridad en el acceso a la toma de decisiones y lugares de poder, la preservación del planeta, el acceso a la tierra, la protección de los recursos naturales y la crítica al modelo neoliberal que impacta de forma más aguda en la vida de las mujeres.

En esta etapa del feminismo, cobra una fuerte centralidad la denuncia y visbilizacion de las diversas formas de violencia que sufren las mujeres, en especial la violencia sexual, el abuso sexual intrafamiliar, el acoso sexual laboral y callejero, la trata y la explotación sexual. Asimismo, se busca hacer visible que la violencia es expresión de las relaciones de dominación y opresión históricas a las que estamos sometidas las mujeres, siendo también un instrumento para mantener las relaciones de desigualdad.

La instalación en el debate y en la agenda política del problema de la violencia hacia las mujeres logra generar avances legislativos muy importantes en la región, avances en el diseño e implementación de políticas públicas para la eliminación de la violencia hacia las mujeres, en la generación de sistemas de respuestas para la mujeres, en la eliminación de ciertas barreras para el acceso a la justicia y avances en las expresiones populares, en las calles, en marchas y concentraciones exigiendo justicia y protección para las mujeres.

El avance de los grupos anti derechos

Frente a los grandes avances alcanzados por los movimientos feministas, hoy nos encontramos en un proceso de contra movimiento que busca frenar y retroceder las conquistas logradas. Este movimiento, compuesto por fundamentalistas y grupos conservadores, muchos de ellos de corte fascista, busca reinstalar el “orden natural de las cosas”, reeditando debates que oponían la naturaleza a la cultura y volviendo a ideas esencialistas y estereotipadas acerca de los lugares que deben ocupar varones y mujeres, negando las estructuras de opresión heteropatriarcales y patologizando identidades, como las identidades trans.

Frente a los avances en la lucha contra la violencia de género, en especial la violencia en las relaciones de pareja y los abusos sexuales intrafamiliares, se desarrollan discursos de posverdad que cuestionan los datos estadísticos sobre violencia de género, acusan a los sistemas de justicia de estar sesgados y beneficiar a las mujeres y desarrollan ciertas estrategias tendientes a descalificar las denuncias de abuso sexual y violencia de género.

Algunas de las estrategias utilizada por estos movimientos conservadores y de restauración del orden patriarcal son:

Constituir asociaciones de varones que militan activamente para desacreditar las reivindicaciones feministas. Estos grupos, ejercen presión ante el sistema político para lograr leyes que les beneficien y que recompongan las lógicas patriarcales de opresión. Para lograr sus objetivos, estos grupos desarrollan estrategias victimistas donde se ubican como perjudicados por un sistema social, institucional y cultural que se basa en la supremacía de género femenino.

Otras estrategias utilizadas son, el desarrollo de narrativas con visos de cientificidad que cuestionan la producción teórica feminista y la producción teórica acerca de las violencias (ideología de género, los derechos se muestran como privilegios, entre otros.)

  • Constituir asociaciones de varones que militan activamente para desacreditar las reivindicaciones feministas. Estos grupos, ejercen presión ante el sistema político para lograr leyes que les beneficien y que recompongan las lógicas patriarcales de opresión. Para lograr sus objetivos, estos grupos desarrollan estrategias victimistas donde se ubican como perjudicados por un sistema social, institucional y cultural que se basa en la supremacía de género femenino.
  • Otras estrategias utilizadas son, el desarrollo de narrativas con visos de cientificidad que cuestionan la producción teórica feminista y la producción teórica acerca de las violencias (ideología de género, los derechos se muestran como privilegios, entre otros.)
  • Una estrategia patriarcal que vuelve a resurgir es el uso del falso Síndrome de Alienación parental (SAP). El SAP es una estrategia utilizada en varios países del mundo para someter a los niños niñas y adolescentes a la reiteración de las violencias patriarcales y para castigar a las madres que buscan protegerles. Esta seudoteoria afirma que, en el marco de una separación conflictiva, un adulto (generalmente la madre) puede inducir a la niña a no querer tener contacto con su padre, incluso puede inculcarle la idea que fue abusada o violentada por éste. El falso síndrome de alienación parental (conocido como SAP) y sus eufemismos (alienación, instrumentación) no tiene rigor científico ni constituye un síndrome en el sentido patológico y por ello no es reconocido por la Organización Mundial de la Salud. Tampoco es reconocido ni aceptado por ninguna asociación científica en el mundo. Estas seudoteorías son usadas por abogados defensores de violentos y abusadores sexuales para lograr la impunidad. En algunos países se puede observar un modus operandi que se repite una y otra vez. Frente a una denuncia de abuso sexual, se desacredita el relato del niño, del que se dice que fue implantado por la madre y se cierra el caso penal. Inmediatamente se piden visitas y frente a la oposición de las madres y sus hijos, se obliga a visitas en un lugar supervisado. Si la madre insiste con la negativa o pone resistencias para estas visitas y el niño/a también, se plantea que la madre tiene problemas psicológicos, que es una alienadora, que representa un riesgo para sus hijos/as y que hay que hacer un cambio de tenencia. El sistema de Justicia ordena la quita compulsiva, dándole a la madre en algunos casos una hora cada 15 días para ver a sus hijos. Varios grupos de madres afectadas han denominado “arrancamientos” a las quitas compulsivas, porque la forma en que se entregan los niños a los padres es mediante el arrancamiento (literal) de los niños de los brazos de sus madres. Este arrancamiento en general lo realizan profesionales (trabajadores sociales o psicólogos o funcionario estatales). El seudo SAP se constituye así en un instrumento del patriarcado que, utilizando el poder del Estado, revictimiza y somete a los niños y niñas víctimas de violencia a la perpetuación de las mismas. Asimismo, somete a las madres de esos niños/as a permanecer alejadas de ellos sin poder protegerles.

Frente a los avances legislativos en torno al reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos y los derechos LGTBI, la estrategia utilizada por estos grupos conservadores, es imponer la idea de la existencia de una ideología de género que destruye la familia, es antinatural y establece privilegios y beneficios a quienes la promulgan. Se produce un discurso manipulador, que pretende estigmatizar y someter al escarnio público a los movimientos feministas, catalogando a sus integrantes como feminazis.

Estas narrativas, se articulan con los discursos de odio, misóginos, transfóbicos homofóbicos, xenófobos y clasistas, que pululan en nuestra sociedad y se van constituyendo grupos antiderechos que buscan retroceder en todos los avances logrados.

La apuesta en este nuevo tiempo apunta a radicalizar la democracia, establecer alianzas con otros movimientos sociales, promover que las luchas vuelvan a las calles a manifestarse y resistir desde un fuerte trabajo colectivo y comunitario.

Bibliografía consultada:

  • Rich, Adrienne (1996), La heterosexualidad obligatoria y la existencia lesbiana DUODA Revista d’ Estudis Feministes num 1 1-1996
  • Beechy, Verónica: Sobre el patriarcado, en Feminist Review, Nº 3, 1979.
  • Ciriza, Alejandra: Genealogías feministas. La recurrencia del dilema Wollstonecraft, CONICET, Argentina, s/f.
  • Curiel, Ochy (2007): “Crítica poscolonial desde las prácticas políticas del feminismo antirracista”, Revista Nómadas, No. 26. abril 2007 Universidad Central – Colombia
  • Hooks, Bell (2017) El feminismo es para todo el mundo. Traficantes de sueños. Colección Mapas.
  • Quijano, Aníbal, (2007): “Colonialidad del poder y clasificación social”, en: Santiago Castro-Gómez y Ramón Grosfoguel (eds.), El giro decolonial. Reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global, Bogotá, Universidad Central – IESCO / Universidad Javeriana – Instituto Pensar /Siglo del Hombre
  • Rapisardi, F: Entre la desigualdad y la diferencia. Cultura y discriminación en América Latina” recuperado de: http://cuadernos.inadi.gob.ar/numero-01/flavio-rapisardi-desigualdad-diferencia/

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