Abolicionismo

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Precedentes históricos 

Sería anacrónico hablar de abolicionismo antes del compromiso  de Josephine Butler en 1870. Sin embargo, es posible identificar, en la  historia de las sociedades, corrientes de pensamiento o personajes cuya  actitud hacia la prostitución era una forma de abolicionismo antes de  tiempo: la condena de la prostitución como institución contraria a la  dignidad humana, la negativa a penalizar a las personas prostituidas y  la lucha contra la clientela. 

El profeta Oseas en el siglo VII a. C. denuncia la prostitución que se  desarrolla en los dos reinos hebreos. Asocia la prostitución con  la idolatría, dando una dimensión teológica a su denuncia. Sin  embargo, se casa con una prostituta, Gomer. Él no la acusa, sino a los clientes, sacerdotes y gobernantes de su prostitución. 

Agustín de Hipona, en el siglo V prohibió a su asistir a los juegos donde  era bien sabido que habría tráfico prostibulario en el lugar. En el mismo  sermón, recordó las palabras de Jesús declarando que “las rameras van  delante de vosotros [los sacerdotes y los ancianos del templo] el reino de  los cielos” 

Desde 1542 hasta 1548, Ignacio de Loyola fundó la Casa de Santa  Marta en Roma. La prostitución florece en la Roma del siglo XVI. Sus  críticos lo acusan por querer «deshacerse» de la prostitución en Roma.  Para ello, abre una casa donde, para ingresar, las prostitutas deben  indicar su situación, especialmente si están casadas o solteras.  Después de un retiro predicado por Ignacio, pueden elegir regresar con  sus esposos, casarse o convertirse en monjas. Ignacio reclutaría a los  candidatos entre los cortesanos de Roma. Ante la hostilidad de la  sociedad de la época y la indiferencia de la reciente Compañía de Jesús,  la misión de reintegración de Casa Santa Marta fue abandonada poco  después de que Ignacio cumpliera con sus responsabilidades en esta  fundación. 

La Comuna de París cierra los burdeles en varios distritos de París, tanto que muchas personas prostituidas hacen causa común con los  revolucionarios. 

En 1840, Flora Tristán denunció en un capítulo titulado Mujeres  Públicas de su libro Paseos por Londres el funcionamiento de las redes  de proxenetas y burdeles de Londres. Describió amargamente las  vejaciones, maltratos y denigrantes condiciones de vida de miles de  mujeres jóvenes y niñas. Alejadas de sus familias, eran retenidas en los 

burdeles; primero los importantes y, a medida que su salud se resentía,  eran trasladadas a otros de más baja categoría. Menos de diez años  después, morían a causa de múltiples enfermedades. 

Tristán entiende a la prostitución como la «más horrorosa de las plagas  que produce la desigual repartición de los bienes de este mundo»  haciendo culpables a los industriales de la época y su hipócrita moral  corrompida por la riqueza generada por el nuevo modelo económico  liberal y descriminalizando a las prostitutas. «¡Por ello, que esta  monstruosidad sea imputada a vuestro estado social y que la mujer sea  absuelta!» 

La propuesta de Tristán se aleja tanto del prohibicionismo como del  regulacionismo: 

Por lo demás, la prohibición de la ley es absurda; porque siendo la  prostitución un resultado forzoso de la organización de las sociedades  europeas, a disminuir más bien la intensidad de las causas que la  provocan a reglamentar su uso es a lo que actualmente deben tender  los gobiernos. 

Josephine Butler 

Artículo principal: Josephine Butler 

El movimiento abolicionista propiamente dicho nace de la reacción a la  alineación del Reino Unido sobre la regulación higienista de la  prostitución como en Francia, por medio de las Contagious Diseases  Acts, en la década de 1860.10 En 1869, bajo la dirección de Josephine  Butler, se organiza un movimiento de mujeres de inspiración cristiana  que condena la reglamentación: la Ladies National Association for the  Repeal of the Contagious Diseases Acts 

Estos edictos decretaban que las prostitutas podían ser detenidas y  obligadas a someterse a exámenes médicos obligatorios. Esta  reglamentación estaba orientada a combatir las enfermedades de transmisión  sexual. Sin embargo, no se preveía control alguno para los clientes  masculinos de las prostitutas. 

La International Abolitionist Federation fue fundada por Josephine  Butler en Ginebra en 1875. El nombre “abolicionismo” es una referencia  deliberada al movimiento antiesclavista de los Estados Unidos: Butler  se opuso a la esclavitud legal y sexual de las mujeres, que ella creía  haber culminado en la prostitución y el “tráfico de esclavos blancos”.

Estas acciones internacionales se materializan con la redacción  del Convenio internacional para la represión del tráfico de esclavos  blancos, en París el 4 de mayo de 1910. 

Sin embargo, ocultas en este debate a fines del siglo xix y principios  del xx, hubo formas de violencia sexual dentro y fuera de la prostitución  que afecta a mujeres no blancas, ya sea en los EE. UU. O en áreas  coloniales. Los debates y las políticas se caracterizaron por supuestos  racistas sobre la hipersexualidad de las mujeres negras y su supuesta  propensión “natural” a la prostitución, por un lado, y la construcción de  la inocencia femenina de las mujeres blancas, por el otro. 

Enfoque marxista 

Los teóricos marxistas y las feministas socialistas y comunistas se han  situado en bloque en contra de la prostitución. 

Marx y Engels entendían que era una ignominiosa forma de abuso y  violencia contra el sexo femenino. 

Engels (1884) sostiene que «desmoraliza mucho más a los hombres que  a las mujeres. La prostitución, entre las mujeres, no degrada sino a las  infelices que caen en sus garras y aún a éstas en grado mucho menor  de lo que suele creerse. En cambio, envilece el carácter del sexo  masculino entero» esto es, que no puede ser considerado un trabajo  sino una forma de violencia que envilece también la humanidad de los  varones. 

Pero no es ésta la única vez que Engels se manifiesta al respecto.  En Principios del comunismo sostiene: 

La comunidad de las mujeres es un fenómeno que pertenece  enteramente a la sociedad burguesa y existe hoy plenamente bajo la  forma de prostitución. Pero la prostitución descansa en la propiedad  privada y desaparecerá junto con ella. Por consiguiente, la organización  comunista, en lugar de implantar una comunidad de mujeres, la  suprimirá. 

Para Engels la existencia de la prostitución es absolutamente  incompatible con los principios comunistas porque supone una  dominación y una explotación de personas convertidas en objetos,  negando su dignidad, autonomía y humanidad. 

Marx y Engels también defienden la abolición conjunta de los sistemas  prostibularios y de propiedad burguesa en el propio Manifiesto Comunista,  donde afirman que «fácil es comprender que, al abolirse el régimen 

actual de producción, desaparecerá con él el sistema de comunidad de  la mujer que engendra, y que se refugia en la prostitución, en la oficial y  en la encubierta. 

El modelo sueco 

En 1999, Suecia se convirtió en el primer país en ilegalizar la compra de  servicios sexuales, pero no la venta (el cliente comete un delito, pero no  la prostituta). Se aprobaron leyes similares en Noruega (en 2009) y  en Islandia (en 2009). En febrero de 2014, los miembros del Parlamento votaron en una resolución no vinculante (aprobada por 343  votos contra 139; con 105 abstenciones), a favor del “Modelo Sueco” de  criminalizar la compra, pero no la venta de sexo. En 2014, el Consejo de  Europa hizo una recomendación similar al afirmar que «Si bien cada  sistema presenta ventajas y desventajas, las políticas que prohíben la  compra de servicios sexuales son aquellas que tienen más  probabilidades de tener un impacto positivo en la reducción del tráfico  de personas.» 


Si la prostitución se normaliza y la prostitución se define como el  intercambio de sexo por dinero, el sexo queda definido como el placer  sexual de un hombre. Esto lo planteó Alejandra Kolontai, la gran feminista comunista en 1903, dijo, uno de los grandes problemas que  tenemos el Marxismo y el Comunismo es que los hombres aprenden lo  que es la sexualidad en los burdeles de San Petesburgo… 

Tenemos una batalla, bueno varias batallas reales pendientes de  resolución como lo son legislar para abolir la prostitución y los vientres  de alquiler y se está desviando de tal manera la atención que estos dos  temas, principalmente el de la abolición de la prostitución que ha sido  desplazado del centro del debate político, un espacio en el que nos costó  mucho colocarlo. Y hemos de recordar que son millones las mujeres que  son tratadas con fines de explotación sexual. Son millones las esclavas  sexuales que cada día son explotadas en aras a un capitalismo feroz. Y  el tema se ha derivado hacia otro espacio. 

Quiero pensar que la riqueza del feminismo es esa precisamente, la  riqueza de cuestionarlo todo y ponerlo todo un poco patas arriba con el  claro objetivo de la deconstrucción colectiva para abrir paso a  reflexiones diversas. Desconozco los motivos que han motivado ese  desvío y, por tanto, la necesidad de seguir trabajando individual y  colectivamente para abolir la prostitución y dar salidas dignas a las  mujeres prostituidas. 

Como dice Rosa Cobo, “la prostitución está en el corazón del 

capitalismo” y urge que se actúe contra ese capitalismo que secuestra,  compra y vende mujeres con el único fin de continuar teniendo  beneficios sin importarle dejar a esas mujeres sin identidad propia, y,  por tanto, sin vida propia más allá de dar beneficios a los proxenetas.  Mujeres cada vez más jóvenes para servir a un mercado, el de la  satisfacción del deseo mayoritariamente masculino, que las utilizan  como se puede utilizar cualquier objeto de usar y tirar. Que las explota  hasta la extenuación sin importar para nada los métodos que tengan  que utilizar para continuar explotándolas. 

Desviar el debate, sacarlo del centro de la agenda política del feminismo  es, al menos desde mi punto de vista, hacerle un flaco favor al  capitalismo patriarcal que es quien, de una forma u otra nos machaca a  todas por ser mujeres, quien nos asesina, nos maltrata, cuestiona  nuestras voces permanentemente, nos trata como ciudadanas de  segunda clase, nos obliga a trabajar mucho más y en peores  condiciones pagándonos menos, nos cosifica permanentemente y así un  largo etcétera. 

Dejar de hablar de la necesidad de abolir la prostitución o de los  vientres de alquiler es, también dejar de luchar y dejar solas a tantas y  tantas mujeres que sufren cada día y cada noche en sus carnes el peso  del patriarcado más rancio y más capitalista. Dejarlas solas y sin voz  que, quizás sea lo peor de todo. Silenciadas, sin recursos y a merced de  sus explotadores. Y creo, que el feminismo ha de ser beligerante en la  defensa de los derechos de todas las mujeres y niñas. Y las mujeres  prostituidas forman parte de ese “todas las mujeres y niñas”. No podemos mirar a otro lado, no podemos desviar la atención y  olvidarnos de esta terrible realidad que tanto daño hace a tantas  mujeres y, por ende, a todas. No podemos cejar en nuestro empeño de  exigir a los gobiernos de toda clase y condición, desde los  Ayuntamientos hasta el del Estado que se tomen medidas para apoyar  su reinserción social que las ayude a salir de esa sordidez que es el  mundo de la prostitución. Medidas para apoyarlas en su reconstrucción  social y personal, para el restablecimiento de su salud física y  emocional para comenzar una nueva vida en unas condiciones óptimas.  Y, al mismo tiempo, medidas que castiguen con dureza a sus  explotadores, a los prostituidores y proxenetas, así como también a los  captadores y tratantes de estas mujeres. 

Desviar la atención de este tema, tiene consecuencias importantes en  nuestra agenda feminista, puesto que nos aleja de un tema candente  que, después de mucho tiempo y muchos esfuerzos, habíamos  conseguido colocar si no en el centro, casi en el centro de la agenda 

política feminista. 

Urge pues, al menos para mí, colocarlo de nuevo en ese espacio del que  no debería haber salido. De ello dependen muchas vidas de muchas  mujeres y niñas de todo el mundo. De lo contrario le estamos haciendo  el juego al patriarcado que, como sabemos, es nuestro peor enemigo. Debatir sobre otros temas es también importante, pero siempre que no  nos perdamos en debates que nos enfrentan y dividen mientras a  muchas mujeres se las mata lentamente cada día mientras se las  prostituye en ese estado de nueva esclavitud en el que los proxenetas  las mantienen para poderlas explotar. 

Desde mi punto de vista, la abolición de la prostitución y la no  regulación de los vientres de alquiler son dos temas que deberían copar  el centro de la agenda feminista. Y tampoco me quiero olvidar de la  necesidad de una correcta educación afectivo sexual para nuestra gente  joven y menuda que lleve implícita una visión más igualitaria entre  mujeres y hombres también en el espacio de las relaciones sexuales e  íntimas. Sin necesidad de consumir ni pornografía ni mucho menos  mujeres. 

Espero que mis palabras no sean malinterpretadas y llevadas a  extremos no deseados, porque en los momentos que estamos no sería ni  bueno ni deseable para nada. Solo pretendo ayudar a resituar el debate  de estos temas candentes para el feminismo en el espacio de debate que  les corresponde: El centro de la agenda política del feminismo. Otros debates sí, pero sin restar importancia a estos temas que son  vitales para tantas y tantas mujeres y niñas. 

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