Crónicas de la Peste. Entramando Artepensamiento (3ª Parte)

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Estamos cortados por nuestra extrema contemporaneidad:

Somos lo que vemos (“eu nem sequer sou poeta: vejo” poetiza Alberto Caeiro heterónomo de Fernando Pessoa) y de eso se trata: el escritor, el artista, es una oscura re-velación.

Contemporáneo:

“es aquel que tiene su mirada fija en su tiempo, para percibir no la luz sino la oscuridad (…), contemporáneo es aquel que recibe en pleno rostro el haz de tinieblas que proviene de su tiempo.” (“¿Qué es lo contemporáneo?” Giorgio Agambem)

El “mythos” en contraposición al “logos” cartesiano y maniqueísta, le da aire y poesía a la vida (“ars longa, vita brevis”), y da cuenta de categorías ligadas a la creación y a la creatividad: “poiesis”.

La historia de Eros y Psiqué es claramente des-lumbrante, en el sentido de iluminar sentidos y significados vitales. Me pareció interesante partir del mito para aclarar la justificación de esta serie de artículos que pretendieron ser un ejercicio de artesentipensamiento nómada:

El mito es recreado por Apuleyo quien cuenta que Afrodita (diosa del Amor, Venus para los latinos) no toleraba competencia y que cuando supo que una vil mortal, Psiqué, le estaba haciendo sombra por su “divina” belleza, se puso muy irritada y decidió enviar a su hijo Eros (o Cupido para los romanos) para que le hiciera la vida imposible a la tal Psiqué.

Psiqué no conseguía pareja, nadie se le acercaba, le temían por tanto esplendor. Desesperada pidió que la llevaran a una peña en lo alto de una montaña y la abandonaran.

Eros, disfrazado y entre sombras la cortejó y la desposó, pero a condición de que ella nunca descubriera su identidad. De esta forma el instante más íntimo e intenso se lograba en las noches más oscuras, y después, al amanecer el esposo desaparecía.

Psique no pudo con su genio, muy humano, demasiado humano, de saber quién era el amado.

Una noche, mientras dormía prendió un candil y asombrada contempló al dios alado.

Los cabellos olían a cielo, el cuello era de una fina blancura inmaculada, y en la cara florecían los colores de delicadas rosas. Hacia abajo divisó las pequeñas alas, que reposaban, galantes, y al pie de su cama el arco y las saetas, armas con las que el deseo flechaba corazones.

En eso estaba Psiqué, acariciando una de las saetas, cuando sorpresivamente se pinchó el dedo, y brotaron gotitas de sangre. Entonces, imprudente y apasionada, se arrojó sobre el cuerpo del amado, y lo abrazó, y lo besó, y lo cubrió de lentas caricias. Todo eso con una sola mano, porque con la otra sostenía el candil, que empezó a gotear aceite sobre la piel de Eros, quemándolo y despertándolo de su sueño.

Cupido o Eros salto de su lecho, y supo que su secreto había sido develado. Se puso furioso y levantó vuelo. Psiqué se aferró a una de sus piernas y voló por los cielos. Aunque no pudo sostenerse, y cayó a tierra. Eros ya estaba “prendado” de Psiqué y terminó por salvarla. Ahora la que se puso furiosa fue Afrodita. Pero todo termino como en la comedia: con final feliz. El jefe de los dioses, Zeus (Júpiter) consagró el matrimonio de Psiqué y Eros y consoló, con sus artes amatorias (de las cuales era experto) a la vanidosa Afrodita.

Y fue, literalmente, un banquete olímpico.

Nació una hija de la unión de Psiqué y Eros y la llamaron Placer.

Psiqué etimológicamente quiere decir: “alma, soplo de vida”. Eros significa “deseo”. Entre sí, se encienden y alimentan el amor.


Algo de esto fue lo “pensado” por mí cuando propusimos esta serie de notas para Trama al Sur. “Pensar” que sigue la etimología del vocablo “pesar”, partiendo de la idea de pesar cuidadosamente el pro y el contra, continente y contenido de cualquier reflexión. Insisto, este fue nuestro vago o mejor ensayo, desde nuestra contemporaneidad geopolítica y geopoética para contribuir en avivar la tormenta de silenciosas palabras y sutiles pensamientos que (siempre) caminan con pies de paloma.

(*) Nota:

“Milton C. Nahm ha señalado las siguientes seis características de la obra de arte, previas a toda ulterior interpretación:

1ª) La obra de arte es, morfológicamente, una “forma significativa concreta”: concreta en tanto que material; significativa en tanto que implicando signos; forma en tanto que expresada.

2ª) La obra de arte es un “acontecimiento” realizado o actualizado por los poderes creadores del contemplador estético, una estructura que relaciona el artista y el contemplador de su obra.

3ª) Las diferencias para los juicios de hecho (correspondientes a la obra de arte o artefacto en contraste con la obra de arte como “obra bella”) son proporcionadas por las tres funciones de la estructura del arte: el hacer, el expresar y el simbolizar.

4ª) Hay una “dirección” que va del mero artefacto a la obra de arte propiamente dicha, paralela a la dirección que va de los juicios de hecho a los juicios de valor.

5ª) La característica anterior permite introducir las correcciones necesarias para evitar el nominalismo propio de los que sostienen el carácter “no significativo” de toda obra de arte como tal.

6ª) Es preciso determinar siempre los “niveles” mediante los cuales la expresión genérica, el símbolo genérico y la acción genérica se dirigen hacia la individualización en lo que toca a los juicios de hechos.”

José Ferrater Mora. Diccionario de Filosofía. Editorial Suramericana Buenos Aires. Quinta Edición 1964.

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