SUR, GRIETA Y POLARIZACIÓN SANITARIA…

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La República Argentina se encuentra transitando horas en las que las diferencias evidenciadas entre sus espacios políticos-partidarios se acrecientan de manera alarmante y esto conlleva hacia estados con un mayor nivel de desconcierto y de fragmentación en la población general,
en momentos en que la unidad y la conciencia social son tan necesarias como la vacuna misma.

Es interesante y a la vez desafiante, adentrarse en el análisis de casos de contagio de Covid19 en otros países del mundo y de la región, siempre con base en la proporción por habitante, y encontrase con que en otras naciones donde hubo medidas menos restrictivas, las cuentas no son muy disimiles de las que arroja Argentina actualmente, siendo un estado que se ocupó de llevar adelante importantes acciones en materia de circulación de personas y de control sanitario.

Desde la filosofía, hace miles de años que existe la dicotomía entre el comportamiento individual y el colectivo y esa conjugación imperfecta a lo largo de los siglos trató de establecer modelos que imperen unos sobre otros, aunque también en esa compulsa se vieron sustentados interesantes modelos alternativos que generaron sociedades con mayor equilibrio, como las organizaciones que ostentan los Países Nórdicos.

Los modelos más individualistas son los que se basan en la promoción de la independencia y de la autonomía prácticamente absoluta, como vehículo para la obtención de metas y logros de cada miembro de una sociedad; mientras que el modelo colectivo se cimenta en la interdependencia entre la persona y su grupo, entendiendo en esta concepción que las necesidades del grupo se considerarán siempre más importantes que las del individuo.

Estos parámetros tomados como razonamiento, van mas allá de una simple diferenciación conceptual que nos exija definir un elemento u otro, como podría ser la elección de un equipo de futbol que nos represente o una comida que nos atraiga más que otra y es allí justamente donde estriba la gran diferencia entre el éxito de un proyecto social, sanitario en este caso, y su fracaso o sus dificultades manifiestas.

Cuando se analizan los vectores relativos a la pandemia y a sus niveles de contagio en Argentina, es imposible dejar de lado las variables vinculadas al comportamiento individual, dentro del marco de las medidas de orden sanitario que apuntan a lo colectivo. En un país con dos posturas altamente polarizadas en lo político, el establecimiento de consensos se torna una utopía y el hecho de que las medidas recaigan bajo el control de las fuerzas vivas y civiles, es muestra de ello.

Es ingenuo pensar que ante la alta diferenciación político partidaria de Argentina, que en la actualidad se encuentra rozando el antagonismo mas puro, las medidas dispuestas por la autoridad sanitaria, que obviamente son administradas por el oficialismo, serán acatadas y cumplidas con responsabilidad en vistas del bien común. La realidad indica que las disposiciones son tomadas como sugerencias nada más y son resistidas, vulneradas y tomadas con cierta liviandad básicamente por el sector de la población que no comulga con el partido gobernante.

Indudablemente las acciones individuales de las personas no se alejan de las posturas ideológicas que ostentan y en el marco de una pandemia, donde cada medida fue analizada y consensuada a los efectos de buscar la prevención más alta posible, el sector de la población que no las lleva adelante hace que la crisis sanitaria se agudice y se torne cada vez más compleja. Tampoco se pretende elaborar un análisis reduccionista, el fenómeno es multicausal porque también existe un gran sector que no se rige por sus ideas políticas y se encuentra en situaciones en las cuales su poder de decisión está restringido, como aquellos trabajadores que desarrollan actividades informales y por más que quieran cuidarse, deben atender sus ocupaciones ya sea por cumplir con sus empleadores o por la cuestión básica de la subsistencia, en el caso de muchos autónomos.

Lamentablemente la grieta en Argentina existe y no es nueva, vio la luz entre los “Saavedristas” y los “Morenistas” hace más de 200 años y se podría afirmar que con anterioridad ya pre existía, y lo que se evidencia hoy, es como el aspecto sanitario no escapa a esa succión que pone en la agenda pública discusiones vinculadas a la libertad de las personas cuando en realidad lo que se debe discutir es el sostenimiento de sistema de salud del país, entendiendo que ante situaciones de sobre exigencia, el sistema es uno solo, más allá de su condición pública o privada y es necesario aceptar que un colapso sanitario no solo afectaría los sectores que atienden afecciones de vías respiratorias sino que el problema sería transversal y generaría falta de disponibilidad de equipos médicos, de trabajadores de la salud en general, de transportes específicos de pacientes y de atención de todas aquellas patologías que requieran de atención profesional.

El punto es nada más, destacar que el comportamiento individual de las personas no se desprende de su corpus de ideas particulares y termina afectando el comportamiento colectivo ante situaciones excepcionales que requieren del mayor consenso posible.

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Esta entrada tiene un comentario

  1. Daniel Batllosera

    Excelente nota

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