La trata de personas con fines de explotación sexual

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La compleja trama social

La explotación sexual de un ser humano por otro, el sometimiento, la privación de la libertad, son delitos de trata personas de muy complejo abordaje en términos de prevención, sanción y asistencia a las victimas porque tienen un entramado donde se cruzan complicidades, intereses y silencios de los organismos de control que se nutren de la opresión cultural de la sociedad patriarcal.

La trata con fines de explotación sexual es un delito que crece y se fortalece día a día en el mundo y resulta sumamente rentable por que su materia prima – el cuerpo de la mujer – es rédito puro en tanto se usa innumerables veces por día y tiene costo cero.

¿Por qué este delito crece tanto y tan de prisa? Por un lado, como hemos dicho es muy rentable sin ninguna inversión para el proxeneta y por otro lado porque está ligado a la creciente exclusión y desintegración social, a la transformación de los mercados de trabajo, a la violencia de género, a la modificación de los modelos de producción y a la transformación de mujeres y niñas en “objetos de consumo”.

Miles de mujeres son arrojadas por el sistema capitalista a la marginalidad, la pobreza y la desesperación desapareciendo cada vez más el rol del estado en las esferas de protección y educación. A pesar de ello, cualquier mujer puede caer en las redes de la trata de personas y la prostitución, ya que está atravesada por cuestiones de género, de clase y de racismo.

Las profundas desigualdades sociales y de género, sumadas a las formas de ciudadanía restringida, constituyen un cuadro de vulnerabilidades y violencias que posibilitan la explotación y comercialización a través de proxenetas y regentes de prostíbulos, que ven alentado su negocio por la demanda que naturaliza el consumo de la prostitución.

La trama social es como la punta del ovillo donde se encuentran las leyes que rigen en nuestro país que son buenas en sí mismas pero cuya aplicación se ve entorpecida por la falta de controles y en la otra punta del ovillo por la cultura de la explotación que hace que las mismas victimas se consideren benefactoras de la sociedad patriarcal que logra hacer del cuerpo de las mujeres una pequeña empresa.

La opresión a las mujeres encierra siempre una importante cuota de violencia, que se pone de manifiesto tanto en la esfera de la coacción física directa como en la del orden de lo simbólico.

La permeabilidad con la que nuestra sociedad tolera el sometimiento ejercido sobre las mujeres, el convertir la explotación sexual en un trabajo está firmemente vinculada con la naturalización de ciertos atributos que –se suponeconstituyen cierto “ser” esencial femenino donde la mujer debe estar al servicio del varón. Es claro que es un problema de género, que la prostitución es género mujer.

La cadena que compone la trata de personas se compone de reclutadores, proxenetas y regentes de prostíbulos que desarrollan su “trabajo” al amparo de la protección de “funcionarios públicos” y de “miembros de las fuerzas de seguridad”.

Los reclutadores captan chicas siempre a través del engaño, ofreciendo falsos empleos que van desde trabajar en un restaurante, cuidar bebés o ancianos o participar de promociones. Existen reclutadores que trabajan “en relación de dependencia” para los regentes de los prostíbulos y también es frecuente que la actividad de reclutamiento quede en manos de mujeres que ejercen la prostitución en determinados lugares y que son obligadas a reclutar a otras bajo coacción.

Otras son entregadas o secuestradas durante su adolescencia o antes, y una gran cantidad de ellas sufrieron situaciones de violencia física, psicológica o sexual en su infancia dentro del ámbito familiar.

El 90% de las personas víctimas de trata son mujeres y niñas secuestradas para ser prostituidas y en su mayoría no superan los 23 años. Mientras más joven más comisión da el prostíbulo al reclutador. Los proxenetas obtienen ganancias de la explotación sexual de una o más mujeres que dicen son de “su propiedad” a las cuales enamoran para captarlas, razón por la cual se les denomina “maridos “y que bajo este sistema se ha comprobado que llegan a tener hasta treinta “mujeres”.

Nuestro país es un país de origen, tránsito y destino de mujeres y niñas víctimas de la trata de personas con fines de explotación sexual comercial. La mayor parte de los casos de trata se desarrollan dentro del país, desde las zonas rurales a las urbanas como también se reclutan mujeres que son enviadas a países limítrofes y Europa.

Nada de esto podría ocurrir sin actores secundarios y facilitadores de la logística como remiseros, vendedores ambulantes y vecinos que bajan al terreno como así tampoco sin la “connivencia policial y política” y la “escasez de acciones orientadas a investigar y perseguir este delito por parte de los jueces que no han terminado de entender que la trata de personas y la explotación sexual son un delito.

Tampoco sin la existencia de los clientes de la prostitución que requieren servicios sexuales de mujeres y que en su mayoría está conformado por varones, de entre 40 y 50 años, de nivel socioeconómico alto. También entre ellos se encuentra una franja de clientes constituida por varones de menores recursos que consumen frecuente u ocasionalmente los servicios de niña y adolescentes.

Combatir el delito de la trata de personas exige también desalentar el consumo de la prostitución en general y abordar con mucha más profundidad las causas y entramados que condensan el aumento del consumo de servicios sexuales.

Por otro lado, y además, quiero detenerme en otro actor de este entramado social dirigiéndome a cierta intelectualidad femenina que ha dado en llamar con el eufemismo de “trabajadoras sociales “al comercio sexual.

Es notable que al mismo tiempo que surgen movimientos de mujeres liberadas de la trata que cuentan su experiencia, organismos de protección de las víctimas de trata, que hay una voz colectiva a nivel mundial que da cuenta de lo que ocurre en los prostíbulos, se pretende instalar a través de cierta academia que se autodefine feminista y vanguardista, la aceptación de que ser puta es una elección libre.

Las académicas pro- prostitución se han convertido en las embajadoras ideales de los proxenetas, los cuidan para que sigan ocultos en el ejercicio de su delito y hacen visible la voz de las prostitutas clamando por obtención del estatus de trabajadoras mientras se invisibiliza al putero que se jacta y sigue despreciando a las mujeres que somete y sosteniendo su negocio.

Cuidado con el discurso progresista de ciertas intelectuales que argumentan escuchar la voz de las trabajadoras y dicen entender su situación, y que sostienen que el hecho de hacer del propio cuerpo una red de negocios es un derecho que la sociedad argentina les esta negando y que los proxenetas son cuasi empresarios amigos que las ayudan a sentirse mas seguras en el ejercicio de su “profesión”.

Bajo el amparo de la construcción de argumentos falaces – niegan todos los Convenios Internacionales de lucha contra la trata de personas que desde 1936 en adelante hasta la Convención de Belem Do Pará han dejado en claro que se debe suprimir la trata de mujeres y la explotación comercial.

Hasta donde ha llegado la colonización que el patriarcado ha hecho sobre la psiquis femenina que ciertas intelectuales contribuyen a eternizar un estatus quo que legitima la violencia y la discriminación hacia las mujeres convirtiéndolo en el gran éxito del patriarcado neoliberal.

¿Como puede sostenerse que llamar “trabajo sexual “a la explotación del cuerpo de la mujer es ponerle cierta cuota de “dignidad” Y creer que las niñas “deciden” curiosamente sobre toda la continuidad de privilegios que al machismo le conviene?

La industria de la trata de personas con fines de explotación es la más mortal para las mujeres y se nutre de ese entramado compuesto por leyes que no se cumplen, la sociedad patriarcal que se defiende a capa y espada de todo lo que amenace su supremacía, y las nuevas falacias del discurso proteccionista de los proxenetas.

Por eso la capacidad del movimiento de mujeres de intervenir en el diseño de las políticas públicas, de articular un discurso honesto y sostenido, de sensibilizar a la sociedad sobre el hecho de que la prostitución no es un trabajo, es nodal para desestructurar los pilares en los que se asienta la industria de la trata de personas con fines de explotación sexual.

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