EL PAN NEGRO DEL AÑO 1952 en ARGENTINA

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LO INVENTO A. CAFIERO

A la finalización de la segunda guerra mundial el precio internacional de las materias primas que producía  Argentina tuvo un ciclo  en alza lo que provocó un incremento en la balanza comercial favorable a la Argentina.

El gobierno peronista logró redistribuir estos mayores excedentes con un criterio de justicia social, lo que mejoró notablemente la calidad de vida de todos los argentinos y más visiblemente a los sectores trabajadores, así pudo encarar políticas de viviendas, de salud y de infraestructura sin antecedentes. Lo hizo a través del Instituto Argentino para el Intercambio (IAPI)

La economía se expandía a una velocidad similar a la de principios de siglo; los salarios reales crecían sin pausa en un contexto inédito de pleno empleo y de fortaleza institucional de los sindicatos; los beneficios empresarios también crecían, gracias al impresionante volumen de ventas y al crédito barato para financiar las inversiones y el capital de trabajo. Incluso el campo no tenía tantas razones para protestar y, de hecho, sus organizaciones gremiales se comportaban con bastante moderación: si bien el estatuto del peón y la ley de arrendamientos rurales habían sido iniciativas oficiales difíciles de digerir, si bien el IAPI se apropiaba de una buena parte de los extraordinarios precios internacionales de la producción agropecuaria, los ingresos que les quedaban a los hombres de campo eran suficientes para mejorar, entre 1945 y 1948, más de un 30% los términos del intercambio interior”.

No sólo se comía más pan y más carne, también crecieron las importaciones de manera rotunda, en cantidad y con precios más altos.

La mesa de todos los argentinos por primera vez en la Historia tenía los alimentos necesarios.

Para 1950 las cosas comenzaron a cambiar

  • Plan Marshall mediante, la reconstrucción de la economía europea fue rápida. Los precios internacionales bajaron así como el consumo interno argentino creció mucho. Pero los beneficios redistributivos tocaban un techo. 
  • Además, la sequía de tres ciclos puso en jaque al sector rural. No solo se perjudicaban los dueños y arrendatarios de los campos sino que sin saldos exportables no había recursos para subsidiar la producción industrial.

Antonio Cafiero a cargo de la cartera de Economía era por entonces el más joven ministro del gobierno justicialista

Recuerda don Antonio: “Sí. A mí me tocó afrontar lo del pan negro”. La oposición decía que era producto de la política, pero fue por la sequía. Comenzamos a importar una gran cantidad de toneladas de trigo sólo para cubrir el consumo interno. Aparecieron grandes titulares en los diarios, “Argentina ex granero del mundo, ahora importa trigo”. Decían que eso reflejaba el fracaso del gobierno. Nos reunimos con unos funcionarios y les pregunté si no había una forma de frenar la importación de trigo, porque además del costo, era una mancha. Entonces, a uno de mis funcionarios, no recuerdo a quién, se le ocurrió que se podía mezclar una parte de la molienda de trigo con una parte de la molienda de mijo, que sobraba. Como resultado teníamos la harina necesaria para seguir produciendo sin importar”

El pan negro o “pan cabecita” fue la respuesta peronista a la escasez de trigo, ante tres malas cosechas consecutivas. La sequía del trienio 49-50,50-51 y 51-52 que nos había afectado fuertemente, saca de la galera la idea de mezclar trigo con centeno y mijo para poder dar respuesta a la falta de pan que vivía el pueblo. 

Cuando se le presenta la idea al General, éste pregunta: ¿Podemos garantizar que haya pan, en cada mesa Argentina? Perón pensaba que era mejor exportar el poco trigo que había. Por decreto mandó a mezclar el trigo con mijo en todos los molinos del país. 

Una medida patriótica para sostener el bienestar y salir lentamente de la crisis.

La clase media porteña dilapidó aquella medida porque provenía de un gobierno peronista. Como en la queja por la falta de té de Ceilán que tan bien describiera E.S. Discépolo a través de Mordisquito, ahora “el medio pelo” se quejaba porque “nos hacen comer pan negro”.

En 1952 una señora regordeta y acomodada en la calle Posadas del Barrio Norte Porteño compra indignada un kilo y medio de pan negro. La tonalidad peronista ha llegado a la mesa de la gente bien 

Hoy comer pan negro, con cereales, diet, en bolsita, es de gente bien que se cuida mucho, y es más caro y más careta. Comer pan negro es de blanco y comer pan blanco es de negro. ¡Las vueltas que da el Teatro de la Historia Peronista!

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Esta entrada tiene un comentario

  1. Sergio Adrian De Lima

    Hola en su momento de dijeron que habia un refrán de la época que terminaba con la frase y comimos pan negro, la verdad no me acuerdo como era ¿vos lo sabrias?

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