Conversaciones y silenciamientos del discurso con relación a los Derechos Humanos.

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Para profundizar en aquello que entendemos por derechos humanos es importante comenzar por tener presentes dos cuestiones. Al hablar de derechos humanos, por un lado, hacemos referencia a las luchas que, en distintos contextos históricos y geográficos, han mantenido y mantienen los pueblos y comunidades por el reconocimiento y respeto de su dignidad. A su vez, cuando hablamos de derechos humanos nos referimos a los procesos de reconocimiento por parte de los Estados y la comunidad internacional, de las personas y grupos de personas como “sujetos de derechos”. Este proceso de construcción histórico-social de los derechos humanos es dinámico y progresivo y su reconocimiento por parte de los Estados es producto de esas luchas por la conquista de los derechos. También podemos dar cuenta de formas de ampliación y profundización de derechos que no necesariamente encuentran una expresión inmediata en las normas, sino que operan a través de cambios culturales: por ejemplo, la crítica social del feminismo ha logrado ocupar en nuestros días un lugar en la agenda académica, política y mediática que era impensado hace cuarenta años.

Como sostiene Mariluz Guillén (2009), no existe una única concepción de Derechos Humanos, ya que no existe una sola definición de dignidad humana. Parándonos desde un enfoque crítico, entendemos los “derechos humanos como procesos históricos de lucha”. Siguiendo los aportes de Mariluz Guillén esta lucha y construcción de Derechos Humanos, debemos pensarla desde una perspectiva del Sur, que se centre en los sectores populares históricamente excluidos, explotados. Los Derechos Humanos constituyen una lucha contrahegemónica, ancestral, popular, anticapitalista, en resistencia, como construcción histórica humana situada.  Escribir sobre Derechos Humanos, es siempre una posible interpelación de un eje que genera cuestionamientos, ya que hace un tiempo quienes tenían la palabra autorizada para hablar de ello, eran los juristas, abogados penalistas, eruditos, intelectuales. Hoy somos el pueblo, quienes debemos asumir este doble desafío: por un lado, en una interpelación reciente que genera muchas fisuras al interior del mismo discurso y por otro lado, es un eje que articula no solamente nuestras prácticas, sino una concepción y una forma de mirar “el mundo”, de “leer el mundo”, y sobre todo de transformarlo.

La historia de los derechos humanos coincide con la historia de las luchas por la emancipación, la igualdad y la autonomía. Esta historia es también la de las luchas contra las diversas formas de opresión, desigualdad y jerarquías.

Recuperando a Mujica Rosa, en su conferencia (2002), nos invita a poner en tensión esta mirada, imaginarios, representaciones sociales, discursos que se piensan en torno a los DDHH, sobre todo en esta idealización de que el mismo es un marco conceptual, descriptivo y atado solo a concepciones jurídicas por sobre la mirada de los DDHH  en construir en conjunto una política de Estado que no se circunscribe solo al pasado reciente, sino que atraviesa todos los derechos y las luchas populares por la construcción de una sociedad más justa y solidaria. Desde este posicionamiento es pensarlo como construcción colectiva de una historia que heredamos pero que también la construimos para configurar nuevas identidades emancipatorias, narrando nuestras memorias como procesos de testimonialización y documentación de experiencias, prácticas y luchas sociales.

Bibliografía:

  • Guillen Rodríguez, Maryluz 2009 “Concepción hegemónica de los derechos humanos” Diálogos de saberes. Caracas.
  • Mujica, Rosa María. 1990 “Aportes de una Educación en Derechos Humanos a la búsqueda de nuevos caminos para la transformación”. IPEDEHP

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