América Latina: teoría y praxis militante

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Es un momento de libertad y de ebullición popular que merece la pena ser vivido. Este es un buen momento de la historia humana.

Darío Farcy

Entrevista con Darío Farcy

P: ¿Cuál es tu análisis del proceso complejo y heterogéneo que se desarrolla actualmente en nuestra América Latina, visto desde la perspectiva de quien vive hoy en Europa, específicamente en Alemania?

R: Estamos en una etapa compleja, no es ninguna novedad. Lo que viene sucediendo en Latinoamérica en los últimos años ha generado una gran movilización teórica y práctica de muches compañeres que están en Europa, repensando el lugar de Latinoamérica en el mundo. A partir de eso se pueden pensar momentos que trascienden lo continental, como la pandemia, y cómo los Estados responden a ello. 

La mayoría ha decidido fomentar el desarrollo de las vacunas a partir de capital privado. Vemos que los Estados están totalmente cooptados por las grandes trasnacionales, en este momento por las farmacéuticas. Un caso concreto es lo que pedía Pfizer a Argentina y a Brasil, que era poner como reaseguro los activos del Estado para evitar demandas. 

Se ha promocionado una inyección increíble de capital al sector farmacéutico, y en general una gran inyección de capital para evitar una crisis peor de la que vivimos. Estamos en una crisis económica, civilizatoria y lo que vivimos durante la pandemia es: nuevamente los Estados salvando a los grandes financistas que se dedicaron a destruir el capital. Alemania invirtió más de dos billones de euros en créditos para las empresas y los diferentes sectores económicos para salvarlos de la pandemia. 

La crisis económica se ha mostrado junto a la pandemia, pero también demostró que los sectores que más tienen fueron los más beneficiados. Paralelamente nos encontramos  con que los que menos tienen, tienen cada vez menos y a pesar de los discursos de solidaridad, descubrimos que todo eso es mentira. Esa crisis económica se convierte en una crisis política y de representación, eso es lo que vivimos en Latinoamérica. 

P: ¿No percibís un reflote y un reconocimiento –aun de compromiso- del lugar del Estado que ha sido tan denostado durante las últimas décadas del neoliberalismo?

R: Hay una recomposición del rol del Estado. Durante los noventa se discutió mucho si el Estado había dejado de existir o no, discusión que con la llegada de los progresismos no tuvo sentido. Una de las interpretaciones sobre los  noventa es que el Estado no desapareció, sino que cambió su rol: en vez de intentar administrar las relaciones entre el capital y el trabajo, se dedicó a fomentar que el capital tuviese cada vez más posibilidades de ganar esa batalla. 

En estos momentos el Estado ha cambiado su rol y ha administrado ciertos recursos en términos sanitarios, pero en general la estructura ha sido la misma. Se han asignado la misma cantidad de recursos a los sectores más concentrados.En Argentina, por ejemplo, el presupuesto de 2021 no tiene el IFE, pero sigue teniendo todos los subsidios y ayudas a los grandes sectores del capital. El Estado se ha recompuesto en algunas aristas, pero en general la estructura de cómo se asignan esos recursos sigue siendo la misma. Ese es el gran problema y lo que profundiza la crisis de representación, porque simbólicamente se habla de que el Estado volvió a estar presente y que el neoliberalismo no sirve, pero a la hora de ver cómo se administra la riqueza seguimos teniendo una distribución sumamente inequitativa.

Los multimillonarios del mundo se hicieron más ricos durante la crisis. Eso genera que este discurso de defender la salud suene a falsedad. Las derechas que gobiernan en la mayoría de los países de nuestra región se han quedado sin la posibilidad de mostrar que existe un proyecto político neoliberal con posibilidades de tener cierto nivel de éxito. En los años ochenta y noventa los grandes proyectos neoliberales tenían cierta legitimidad social, eran los que venían a reinventar la política y gozaron de buena salud entre diez y quince años. Hoy en día los proyectos neoliberales de la región con suerte duran cuatro años. 

Hay que poner en la balanza cómo se reasignan las estructuras estatales que son neoliberales. Los Estados Latinoamericanos son, en su estructura, neoliberales por más que la gestión de gobierno pueda ser progresista y hasta de izquierda. Nuestros Estados siguen estando atrapados en estructuras neoliberales. Esto afecta a toda la política de nuestro continente. A pesar de que hay diferencias, vemos que la política latinoamericana adolece un proyecto político. Algo que le pasa al progresismo y al neoliberalismo, esto permite que asciendan estos gobiernos de derecha grotescos como el de Bolsonaro en Brasil, y en Argentina con Sergio Berni o Patricia Bullrich.

P: ¿A qué razón le atribuís la falta de un proyecto político en Latinoamérica  y cómo se puede  revertir?

R: Se ha perdido la conexión con los movimientos sociales y populares. Esto ha generado que los gobiernos progresistas se degeneren en nuevas posiciones tecnócratas, esto pasa en Argentina. Alberto Fernández no es un líder popular, ni del partido, él es un gestor. Eso genera una dinámica donde el proyecto político ya no es influenciado por los movimientos sociales, sino que es puramente la estructura burocrática interna del Estado. Eso genera que el proyecto político termine sufriendo porque los vasos vinculantes entre los movimientos populares y los líderes no están tan aceitados. 

Estamos en un momento en que el neoliberalismo más brutal puede encontrar espacios de apropiación del capital a nivel internacional. Aunque en Latinoamérica los Estados están tan empobrecidos y destruidos por décadas de gestión neoliberal, que tampoco quedan suficientes recursos como para distribuir como hicieron en los noventas. 

P: El tejido económico fue desgarrado, sobre todo durante el menemismo en Argentina…

Totalmente, eso va generando que los mismos proyectos neoliberales que se plantean volver a reinventar ese ciclo, supuestamente exitoso de inclusión al primer mundo, vayan encontrando límites. Estos están vinculados a que para generar las condiciones de estabilidad económica es necesaria una mínima distribución de riquezas, a lo que no están dispuestos. Entonces se genera una inestabilidad económica tan grande que el mismo proyecto político pierde sentido, eso le pasó aquí al macrismo. No hay condiciones económicas para esas aventuras.

Este es un momento excelente para que proyectos por un socialismo democrático se planteen como posibilidad. Mientras, la derecha se reorganiza a través del neofascismo.

P: ¿Cómo se pueden gestar los movimientos sociales al socialismo?

R: Estamos en un momento de refundación, esta crisis civilizatoria nos ha dejado huérfanos de teorías y de praxis. La tarea histórica es reinventarlo y para ello tenemos que incorporar una faceta feminista a la política. Tenemos que pensar cómo se asigna y se distribuye el poder al interior de las organizaciones. Si algo podemos destacar de esta gestión que hemos tenido del kirchnerismo y con Alberto Fernández a la cabeza, es la incorporación y el acompañamiento de esas demandas. 

En 2020 lo único que pudimos festejar fue la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Argentina tiene incorporado y está en una discusión muy profunda para repensar la estructura de poder desde una mirada feminista. Es una necesidad a nivel latinoamericano para refundar el proyecto político. 

Por otro lado, una de las cosas importantes para revincular el proyecto político con los movimientos sociales es que tenemos que incorporar transformaciones estructurales de peso a nivel continental. Tenemos que romper la idea de: es progreso o extractivismo, ahí el caso boliviano es muy bueno, hay que tratar de incorporar a los debates a los sectores que están planteando alternativas a la megaminería. Además, pensar cómo desarrollar proyectos donde exista una minería de transición, donde estén en discusión esos pueblos que están luchando contra las mineras extranjeras que no pagan retenciones a las exportaciones. Es una necesidad incorporar a estos sectores “nuevos” para la política internacional al proyecto político. 

Tenemos que crear herramientas políticas que incluyan al socialismo como horizonte, pero un socialismo democrático, feminista y ecologista. Tenemos que luchar por la incorporación de esto a la agenda política. Muchas organizaciones han olvidado eso y han descansado en las propuestas tradicionales de la política. Es momento de pensar nuevas estructuras institucionales para intervenir en la política. No hay que dejarle la arena política a los de siempre.

P: Ya no se puede tener esa mirada binaria, sino que hay que profundizar en otras alternativas…

La derecha ya lo está haciendo: crea nuevos partidos que tienen una mirada joven, cool, simpática, algo que nosotros desde la izquierda no estamos pudiendo hacer. Seguimos entrampados en las viejas estructuras, alianzas de partidos y después nos sorprendemos cuando estas viejas alianzas aparecen en listados VIP. Esas estructuras de poder siguen estando en el centro duro de cómo se hace política. 

P: Algunos analistas ven con mucha preocupación el ascenso de las derechas más reaccionarias en el mundo. 

R: El problema que tenemos ahí es que las derechas han capturado el discurso anti sistémico. Ellos son los líderes políticos de esas agrupaciones de izquierda y también los beneficiados de este sistema. Este discurso oculta las relaciones reales de dominación y lo que termina pasando es que se profundizan las relaciones que dijeron que venían a atacar. 

Trump es el mejor ejemplo, porque generó uno de los puntos más bajos de desocupación de Estados Unidos, parecía un milagro económico. Pero cuando vino la pandemia se descubrió que los trabajos, de los 25 millones de desocupados, eran informales, precarios y muy mal pagos. Esto nos muestra que estas nuevas derechas se presentan como alternativas, pero profundizan aún más la crisis en la que vivimos. Sin embargo, se plantean desde un lugar anti sistémico que es atractivo para un gran porcentaje de la población que sufre las consecuencias del neoliberalismo. 

P: Estos personajes reciben el apoyo de sectores populares…

R: Claro y crean nuevas mayorías como hicieron Donald Trump, Jair Bolsonaro y Patricia Bullrich. Se ha impuesto la Realpolitik donde ganan estos nuevos discursos de derecha sumamente neo fascistas que proponen cosas imposibles. Desde la izquierda debemos recuperar el discurso anti sistémico y la audacia política. 

Una de las grandes falencias de los sectores progresistas es la falta de confianza para cambiar la realidad, si nosotros no estamos convencidos de que podemos cambiar la realidad, entonces para qué hacemos política. La militancia se basa en la esperanza de que a través de la organización popular y de la construcción de herramientas políticas se puede transformar la realidad. Eso la izquierda hoy pareciera que no lo tiene.

P: Es un gran déficit porque es ahí donde hay que empezar a hacer girar otra vez la rueda de la historia. ¿Cómo afecta la falta de un marco teórico y cómo se revierte?

R: Es importante ir a contrapelo de la historia de nuestros propios ídolos. En ese sentido, no hay que reproducir esta dinámica en donde El Capital de Marx, escrito en 1867 o los grandes teóricos o teóricas han sido siempre grandes faros de la política. Cuando Marx escribió ese texto había una gran orfandad teórica, porque también los que investigaban y trabajaban estos temas eran expulsados de la academia y perseguidos.

Hay que empezar a darnos cuenta que el conocimiento no está solo en la academia, aunque es fundamental la alianza de los movimientos sociales con la academia.  Pero también debemos saber que el conocimiento se genera socialmente y es importante que les militantes escriban, se preocupen en pensar y repensar la realidad. 

Muchas veces hay una falsa dicotomía entre el hacer y el pensar, el teórico y el militante. Tenemos que salir de eso y pensar la praxis política, que se basa en las experiencias concretas de la práctica política, pero también en la teoría y en la discusión. Lamentablemente si les militantes no le dan la importancia trascendental que tiene esto para nuestra posibilidad de transformar la sociedad van a dejar una orfandad muy grande como la que tenemos hoy y la derecha lo está ocupando.

P: La praxis genera muchísimo material de análisis, de conocimiento, de aprendizaje y posteriormente la posibilidad de teorizar y de formar nuevos cuerpos de doctrina a través de la experiencia…

R: Hay una tendencia a pensar en que la tradición oral es la más importante, pero siempre lo que queda es lo mínimo. Cuando los militantes no sistematizan sus acciones, reflexiones o sus contradicciones, lo que termina sucediendo es que ese material en gran parte se pierde y eso aporta a la orfandad teórica.

Es necesario que las propias organizaciones y los movimientos sociales puedan hacer sus propias reflexiones a la luz  de la lucha de clases. Tenemos que recuperar la reflexión al calor de la batalla porque esa es la historia de los pueblos. Si los pueblos no escriben su propia historia ¿quién la va a escribir?

P: ¿Crees que está faltando una militancia más activa?

R: Creo que no hay que mistificar y hay que darle a cada momento histórico el rol que tiene en las luchas populares. El mayor momento de militancia de nuestro país fue en los años sesenta, ha sido el pico de las luchas populares, uno de los grandes momentos que han permitido pensar que la huelga general podía llevar a una transformación estructural. Creo que la lucha guerrillera de los setenta es el ocaso de esa alza en los movimientos populares, aunque esa forma de militancia tuvo una característica de mayor compromiso de lucha a título subjetivo.

Igual creo que no hay que aplicar un juicio valorativo de la militancia: cada militante aporta lo que puede y lo que considera necesario. Tenemos que romper con la dinámica de la militancia como algo absoluto y con esta idea de que con sacrificio uno se gana el paraíso, algo muy católico. Hay que incluir la idea del goce y del deseo en la militancia. Tenemos que ir hacia estructuras militantes que hagan del deseo un hecho político. En ese sentido podemos pensar que cada persona va a tener que aportar en diferentes momentos y formas. Necesitamos de todes. 

Estamos en un momento histórico, como en esos albores de la época revolucionaria que fue el siglo XX, en donde había una orfandad teórica, una crisis social y política muy grande. Vivimos una crisis civilizatoria muy parecida, donde los grandes paradigmas se han caído. Estamos ante la posibilidad de crear nuevas historias que puedan influenciar las luchas políticas para echar por tierra esta sociedad demente en la que vivimos, llamada capitalismo.

Es un momento de libertad y de ebullición popular que merece la pena ser vivido. Este es un buen momento de la historia humana.

Darío Farcy: Licenciado en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires. Ha participado activamente en el movimiento de autogestión en Argentina, y forma parte de Fedecaba (Federación de Cooperativas Autogestivas de Buenos Aires). A su vez, ha sido profesor en diferentes experiencias de educación popular en la Ciudad de Buenos Aires. Es parte del Bloque Latinoamericano en Berlín, Alemania.

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