Paraguay, convulsión ante el deficiente manejo de la pandemia y la corrupción.

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on telegram
Share on email

Con el lema “Que se vayan todos” vienen realizándose manifestaciones ciudadanas, ya casi por dos semanas consecutivas, en Asunción, capital del Paraguay. Movilizaciones que hoy día ya están replicándose en diversas ciudades del país. La mala gestión de la salud pública ante la pandemia, la falta de medicamentos e insumos en los hospitales, la poca efectividad de trámites para la obtención de las vacunas y por sobre todo la acusación de “inmoral corrupción” en plena pandemia son algunas de las denuncias que la ciudadanía viene haciendo en las calles céntricas de Asunción, en importantes ciudades del interior y a través de las redes sociales.
Paraguay desarrolló relativamente bien su estrategia para contener la primera ola de la pandemia entre marzo y junio del 2020. Fuertes medidas restrictivas, cuarentena total de casi un mes y otras medidas oportunas hicieron que se convirtiera en un ejemplo a seguir por países de la región que eran entonces fuertemente golpeados por el Covid 19. “Encerrarnos, quedarnos en nuestra casa, para preparar el sistema de salud”, de por sí muy pobre y necesitado, fue la consigna. Si bien esto trajo aparejado desempleo y una importante crisis económica; sin embargo, obtuvo el apoyo y la respuesta positiva de la población. El gobierno se endeudó por 1.600 millones de dólares, más donaciones importantes, contaba con cerca de 2 mil millones de dólares para enfrentar la pandemia, fundamentalmente para fortalecimiento del sistema de salud. Sin embargo, esto no sucedió. Rápidamente saltaron actos de corrupción y negociados en las licitaciones y concursos con los insumos y medicamentos previstos para enfrentar la pandemia. El sistema de salud no mejoró como se esperaba y empezó a faltar insumos y medicamentos. A la que se sumó la pobre gestión para la adquisición de las vacunas.
A partir de allí, la paciencia de la población llegó a su límite. La renuncia obligada del Ministro de Salud, en los primeros días del mes de marzo, quiso poner paño frio a la fuerte presión de la gente y restar fuerza a las diversas convocatorias de movilización ciudadana. Todo lo contrario, la gente mostró su hartazgo ante la débil política de salud pública, que, a más de llevar actualmente al colapso sanitario, ocasionó en varias oportunidades dramáticas denuncias de falta de medicamentos e insumos por parte familiares de enfermos de Covid y por los mismos médicos y enfermeras de los hospitales referenciales.
Las movilizaciones se iniciaron el viernes 5 de marzo, sufriendo ese día una fuerte represión por parte de policías antimotines y de la montada, con 21 herido y varios detenidos. Esto no ha amilanado a la ciudanía que los días siguientes fueron en mayor cantidad en calles y plazas céntricas de la capital del país, trasladándose incluso frente a la casa presidencial. Estas manifestaciones lentamente fueron repitiéndose en varias importantes ciudades del país.
“Dónde está el dinero”, “Qué se hizo con el préstamo”, “Basta de robar” son carteles que se repiten en las manifestaciones. “Paraguay se endeudó por cerca de 2.000 millones de dólares para hacer frente a la pandemia y ese dinero no se ve en un mejoramiento sustancial de la salud pública. Se lo metieron en el bolsillo” denuncian jóvenes atrincherados en la plaza.
En un momento de pico más alto de contagio y ya en situación de colapso sanitario la incertidumbre se agudiza debido a la falta de gestión efectiva por parte del gobierno por conseguir vacunas para la población. El país apenas consiguió hasta la fecha 3 mil vacunas y en donación 20 mil de Chile y otras 3 mil de los Emiratos Árabes Unidos. Cantidad que sitúa a Paraguay entre los países de la región que menos vacunas tiene a disposición de su población. Con esta cantidad ni siquiera se puede vacunar a la mitad de los trabajadores de salud que están trabajando en primera línea para enfrentar al Covid 19.
La exigencia de los manifestantes es la renuncia del Presidente de la República, Mario Abdo Benítez y del Vicepresidente Hugo Velázquez, ambos del Partido Colorado (Un partido de casi 70 años en el poder y que ha sostenido a la dictadura de Stroessner). El partido de oposición con bancada en el parlamento presentó estos días un borrador de libelo acusatorio para un juicio político; pero se cree que esto muy difícilmente pueda prosperar por que la oposición sola no reúne los votos necesarios para encaminar el juicio político.
La rabia de la ciudadanía tiene también su argumento en bases estructurales que por años viene sufriendo la población: la pobreza, la desigualdad social, la poca inversión en educación y salud, y, frente a ello, la gran corrupción e impunidad en la misma esfera del Estado.
En la fecha hubo una nueva convocatoria por parte de un frente conformado por movimientos campesinos, sindicales, sociales y universitarios. Por tanto, las manifestaciones incluyen desde ahora cierre de importantes rutas del país por parte de campesinos que a su vez exigen ser atendidos en sus necesidades. Así mismo, los trabajadores exigiendo la atención a la situación de perdida de trabajo e incertidumbre sobre el futuro laboral.
Algunos movimientos ciudadanos de Paraguay, como el de intelectuales, escritores, académicos y periodistas concretan las reivindicaciones ciudadanas en algunos puntos señalado en un comunicado:
Urgente adquisición de vacunas y vacunación gratuita de la población, garantizar terapias intensivas y acceso gratuito a los medicamentos e instrumentales médicos para los contagiados del COVID 19, Seguridad máxima inmediata a todo el personal médico que se encuentra en el frente de lucha contra el COVID, Aumento inmediato, extraordinario y substancial del presupuesto de la salud pública y Juicio y castigo a todos y todas los y las miembros del gobierno que se apoderaron de recursos y riquezas públicas. Devolución de todo lo robado, entre otros.
Paraguay está actualmente en el pico más alto de contagio y muertes a consecuencia del Covid 19. Los hospitales están saturados y las unidades de terapias intensivas que debían crecer exponencialmente hoy ya no tiene lugar para nadie. En este contexto la crisis social y política crea aún más incertidumbre en la población. Pero, la situación de Paraguay es quizás la misma o casi igual a muchos países de nuestra región en donde la pandemia ha desnudado con mayor dramatismo las desigualdades sociales y económicas, la pobreza, el desempleo, la falta de solides en la educación y un sistema de salud pública pobre en donde todavía se muere a causa de enfermedades totalmente previsibles y curables. Esto acompañado de una inmoral corrupción y gobiernos copados por intereses mezquinos que lejos de propiciar el desarrollo integral y buen vivir de la población, enriquece a un pequeño grupo y gobierna para los intereses de una minoría.

Compartir:

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on telegram
Telegram
Share on email
Email

Deja un comentario