EDUCACIÓN EMOCIONAL Y EDUCAR CON EMOCIÓN

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La educación del adulto en terminalidad primaria es una reivindicación hacia todas aquellas personas que vieron interrumpidos sus estudios cuando eran niños. Muchos de ellos debieron abandonar las aulas porque conformaban la fuerza de trabajo en sus casas, mayoritariamente en el ámbito rural, donde debían laborar la tierra, realizar tareas del hogar, cuidar hermanos y también adultos mayores.

Esta realidad aún está presente en muchos lugares de Argentina y Sudamérica toda, con la diferencia que hoy existen centros educativos que ofrecen terminalidad primaria para adultos en horarios nocturnos. Antes no contaban con esa posibilidad y, por lo tanto, lo que quedaba incluso estaba condenado a seguir inconcluso.

El adulto que vio interrumpidos sus estudios primarios cuando era niño debe superar muchas barreras para llegar a tomar la decisión de terminarlos. En muchos casos sienten vergüenza por las cosas que no saben, por cuestiones que no entienden, por no poder descifrar un cartel sencillo y por las dificultades para expresarse también. El ritmo que impone la realidad es avasallador y hace que las personas vean las cosas o los hechos, desde su óptica sin analizar otras perspectivas. Se escuchan comentarios del tipo: ¿cómo que no tiene Facebook ni Instagram? Como si esto fuera casi un delito, cuando en realidad hay cientos y miles de personas que, no solo que no participan en esas redes, sino que además no tienen computadoras ni teléfonos celulares y más aún, leen y escriben con grandes dificultades. Cuantas veces se escucha en un mostrador de oficina pública una respuesta que dice: “tiene que traer estos papeles señora ¿no leyó el cartel?, dando por sentado que todos saben leer o interpretar lo que dice en un gráfico. Este tipo de trato injusto genera mayor aislamiento y desintegración social.

Existe un océano de gente que no tiene acceso a lo más básico de la tecnología y por lo general se condice con los que no pudieron culminar sus estudios primarios en tiempo y forma. La vida los hizo trabajar desde pequeños y también los llevó a conformar sus núcleos familiares desde temprana edad, ascendiendo a padre o madre vertiginosamente, con el componente común del trabajo. En muchos casos pasaron del ámbito rural al ámbito suburbano, convirtiéndose en mano de obra de construcción, de la ruralidad en sus cosechas temporarias, de trabajos domésticos y pequeños emprendimientos casi siempre dentro de la informalidad y de la falta de derechos. 

Prácticamente todos se esforzaron para cortar el círculo y enviaron a sus hijos a la escuela sin interrumpir su asistencia, como buscando una revancha ante la falta que ellos padecieron. En las aulas de la escuela nocturna es común ver madres que decidieron anotarse y volver a estudiar ante las dificultades que encontraban al querer ayudar a sus hijos con sus tareas escolares. Esas mujeres decididas motivaron a sus compañeros y parejas y fueron el motor del sistema educativo. Son las que vienen a clases con sus hijos pequeños de la mano y las hay también con nietos al cuidado, mientras otra hija trabaja. Son ellas las que llevan sus esposos a estudiar.

Las escuelas de adultos saludan a la bandera cuando lentamente comienza a morir el día y en contraposición renuevan el despertar de la esperanza y cristalizan los deseos y proyectos de tantas niñeras, albañiles, empleadas domésticas, cosecheros, emprendedores y también desocupados que no se rinden a pesar ser los más vulnerables ante los salvajes ajustes económicos que padece esta parte del mundo.

Los alumnos adultos son personas llenas de la complejidad de la vida misma, que al ser parte del sistema educativo se brindan en un entramado que conjuga sus vivencias y experiencias con los conceptos y contenidos formales que reciben. Es imposible realizar la dinámica de enseñanza aprendizaje sin tenerlos a ellos como principales protagonistas. Muchas veces son mayores que sus docentes y también aconsejan que se puede hacer ante una dolencia, que “tecito” tomarse para una molestia y por supuesto, comentarán si hay problemas en la casa o en el trabajo.

 La educación del adulto se da en un contexto de ida y vuelta porque esa persona busca más que aprender acerca de divisiones y adjetivos y porque también tiene muchísimo para ofrecer.

La educación emocional se erigió desde hace un tiempo como un concepto novedoso y atendible, no obstante, educar con emoción es algo que se ve cada noche en miles de aulas que despiden la jornada con las luces encendidas.

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