Tomándonos unos mates con Don Paulo

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Cuando Nidya, la de la Educación Popular en Cuba, me propuso compartir con gente como ella la luz que da el sombreador árbol de Freire, se me alborotó el corazón.

Por tener que hablar algo del maestro, por tener que hacerlo en compañía de otres maestres y por saber que era una tarea de apoyo al estudio y la profundización de ese notable grupo denominado Cuídalo.

A la vez que festejar el cumple número 100 de un ser que llegó para quedarse.

Y si de intercambio se trata nada mejor que hacerlo en círculo, debajo de un árbol, con un mate en la mano y sentipensando.

El mate es un instrumento pedagógico comunitario desde siempre, desde antes de que se supiera.

Lo freireano no. Lo freireano, como toda revolución verdadera, fue estallando, estalló, sigue estallando y promete estallar aún más, sobre todo ahora que se junta muy mucho con las Ciencias de la Vida en estado de ebullición.

Quiero imaginar que cuando Ud., Don Paulo, nos sorprendió con “La Educación como práctica de la Libertad”, en alguna parte de su ser estaba sabiendo que el aprender a ser libres (y justos) era la esencia del vivir.

Ya antes, con su primer libro “¿Extensión o comunicación?”, nos empujó, cuesta abajo, cuesta al pueblo, desde ese impropio lugar donde se almacenaba (y momificaba) el conocimiento, para luego realizar la transfusión, la extensión del mismo, desde el poseedor al desposeído, guardándose los vueltos, apropiándose de los vueltos que, imprescindiblemente, nos da la comunicación entre las personas. Mas defectuosamente y unilateralmente cuanto menos “EMIREC” fuéramos.  Y más certeros después de la llegada del Mario Kaplún. ¿Lo recuerda?

Hasta que, ¡por fin!, le puso apellido a la nueva pedagogía. Aclaró a quienes les pertenecía por derecho histórico y consecuencias inevitables: se volvió “La pedagogía del oprimido”. Y se lanzó al mundo con toda su revolución copernicana. Ya no volveríamos a girar en torno al enseñador, sino que, definitivamente, incluyendo por supuesto al enseñador-aprendedor, giraríamos en torno al aprendizaje, en torno a los educandos.

Y acompañado por los Fals Borda, los Carlos Núñez, los Raúl Leis, los Marcos Arruda, los Matthias Preiswerk, los Carlos Vigil, los Marcos Mejía, los Oscar Jara, los Leonardo Boff, las Gracielas Bustillos, las Arles Caruso y…tantas y tantos que quisiera nombrar en esta fiesta y no lograré hacer por tres motivos: no se recordar (de eso se cada día menos jeje) a todas y todos les que debiera; no hay espacio ni tiempo suficiente disponible; y el saber que somos millones los que freireseados por unos centenares seguimos freireseando por Nuestra América y el mundo.

Y vinieron luego las enseñanzas del África, las maravillosas tensiones dialécticas de les educadores en Buenos Aires, y la militancia en el PT y en el MST…y las maravillas de la pedagogía de la pregunta, la de la autonomía, la del compromiso y todas las demás…hasta llegar a la luz del árbol. Por el que guiara nuestros pasos la compañerada invitada a este evento. Eximiéndome de ello.

Antes del último mate, si Ud. me lo permite Don Paulo, una reflexión futbolística.

A mi usted me enseño pletóricamente y yo trate de aprender desaforadamente. Pero lo que más me gustó de todo lo que me enseñó, fue saber hacer el pase corto, ese que en futbol nos permite explotar a fondo la cercanía. Jugando cortito y al pie. Para dejar la pelota picando frente al pie del cumpa que va a enviarla al ángulo, para hacer su golazo.

Como aprendedor que soy trato siempre de que ese pie sea popular y multitudinario.

Como creo que usted creía y nosotros seguimos creyendo que la pedagogía de los oprimidos golea comunitariamente.

Seguimos, en cualquier arbolito que nos dé cobijo. 

¡Feliz cumpleaños, maestro del aprendizaje!

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Esta entrada tiene un comentario

  1. Polo Martí

    Maravilloso, conmovedor, motivador! Gracias, vasco querido!

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