PAULO FREIRE, LA DEUDA EXTERNA Y LA EDUCACIÓN

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¿Qué tiene que ver PAULO FREIRE con la Deuda Externa? pensará usted al leer el título. Aparentemente nada que ver. Sin embargo, la deuda externa, de la que casi nada habla actualmente, ha sido, históricamente, una de las herramientas de dominación para someter a los pueblos, particularmente aquellos más vulnerables. Todo el engranaje de funcionamiento del sistema financiero impacta directamente en la vida cotidiana de usted y de cada uno de nosotros. Por lo tanto la DEUDA EXTERNA  también impacta en la EDUCACIÓN y directamente en la labor de los educadores.

Algunas diferencias y semejanzas existen entre el brasileño Paulo Freire  (1921-1997) y la DEUDA EXTERNA. La deuda financiera, contraída por los sucesivos gobiernos (muchos de ellos inescrupulosos) y pregonada como algo necesario e inevitable, ha sido ilegal, ilegítima, inmoral y está comprobado que es impagable. Es tal el mecanismo de sometimiento mediante refinanciaciones, intereses y presiones de todo tipo, que cualquier cálculo matemático demuestra que esa deuda no puede pagarse. Es algo que a los acreedores parece no preocuparles mucho, porque así mantienen a los pueblos atados de pies y manos. Y siempre están recibiendo recursos de los deudores. 

Con Paulo Freire, y tantos otros educadores populares de América Latina y el mundo, también existe una “deuda”, que a diferencia de la “externa”, podría calificarse como “deuda eterna” ya que nunca hubo un reconocimiento genuino y un aprovechamiento de su talento y capacidad para educar a las masas populares. Es cierto. En Brasil, Chile, Uruguay, México y otros países se les han hecho homenajes, hasta una estatua de Paulo Freire se levantó en Recife, (su lugar de nacimiento) pero no es a esos reconocimientos a los que me refiero. Sino a la necesidad, todavía pendiente, de adoptar sus profundos conceptos sobre educación popular y liberadora, y el  desarrollo del pensamiento crítico del individuo, como políticas educativas de Estado, única forma de sacar del oscurantismo a millones de personas. Educar para la libertad debe ser el eje de una política educativa de Estado. Pero usted sabe bien que históricamente no ha sido de interés de los sectores dominantes de un Estado elevar el nivel de conciencia de la gente. 

Cuando Paulo Freire fue nombrado Secretario de Educación Municipal de Sao Paulo, durante el gobierno de Luiza Erundina (entre 1988 y 1992) el recordado educador brasileño admitió que sabía donde se estaba metiendo. Pero confiaba en poder hacer algo a favor de la educación de sus compatriotas. Sin embargo chocó contra tremendas murallas de contención que le impedían llevar adelante sus ideas de avanzada. Durante una visita que realizó a Montevideo (Uruguay) en 1989, Paulo Freire expresó su convencimiento de que, entre otras cosas, había que decirle a la gente porqué algunos gobernantes, por más buenas intenciones que tengan, no pueden avanzar a favor de los sectores populares. Entre otras cosas, porque “no hay plata”, dijo Freire. Y agregó: “Yo estoy convencido que no hay plata porque mucha gente que puede no está pagando lo que debería pagar, de impuestos,  de esto y aquello (aplausos). Es decir, la clase dominante sigue explotando. Y hay que decir esto. Y decir esto es tomar una actitud eminentemente política y no demagógica. ( )…yo propuse a Erundina que empecemos a poner en sitios estratégicos de Sao Paulo -porque la prensa no nos ayuda- carteles diciendo: “No estamos pudiendo pagarte más, profesora, compañera, porque los industriales se niegan a pagar esto, esto y aquello…y llenar la ciudad (aplausos).  Así entonces, de esta forma daremos un testimonio a las profesoras de que estamos también con ellas. Mientras decimos solamente que no pagamos porque no tenemos condiciones, no basta más. Para un gobierno progresista no basta esto“.  Pero no pudo. En mayo de 1991 renunció al cargo porque “extrañaba la vida académica”, dijo, diplomáticamente. 

Y aquí otra vez aparece la “DEUDA EXTERNA”. No sólo empresarios poderosos no pagan lo que deberían pagar en cada país. La falta de recursos para la educación, en este caso, pero también para la salud, la vivienda, la alimentación de la gente, es consecuencia de la fuga de millones de dólares por año desde nuestros países hacia los centros de poder, en pago de intereses de la deuda. Hay países que tienen una deuda externa de 40, 50, 80, 100 y hasta 150 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI). Así no hay país que aguante. Igual los gobiernos siguen “honrando” las deudas, emitiendo bonos “soberanos” para obtener “fondos frescos” que le permitan pagar intereses… y millones de personas siguen “enterradas” en el barro.

El 19 de setiembre se van a cumplir cien años del nacimiento, en Recife, de Paulo Freire, quien murió el 2 de mayo de 1997, en Sao Paulo. No soy partidario de la evocación nostálgica de Paulo Freire ni de tantos otros educadores populares, olvidados, descalificados. Como los uruguayos Miguel Soler (falleció este 19 de mayo de 2021 con 99 años), Julio Castro (1908-1977), Jesualdo Sosa (1905-1982), Reina Reyes (1904-1993), Agustín Ferreiro (1893-1960); José Pedro Martínez Matonte (1927-1990), los argentinos Aníbal Ponce (1898-1938) y las hermanas rosarinas Olga Cosettini (1898-1987) y Leticia Cosettini (1904-2004). Más atrás en el tiempo también hubo mentes brillantes dedicadas a la educación como el venezolano Simón Rodríguez (1771-1854), el ecuatoriano Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo (1741-1795);  el chileno Manuel de Salas y Corbalán (1764-1821); el mexicano José María Luis Mora (1794-1851) y los cubanos José de la Luz y Caballero (1800-1862) y José Martí (1853-1895). Todos, a su manera, propusieron un sistema educativo para enfrentar los planes y programas dirigidos a despersonalizar al ser humano, para dominarlo mejor.

Si la DEUDA EXTERNA es impagable, la mejor forma de ir saldando la deuda con la educación y con estos grandes educadores. es recuperar a diario su memoria, desparramar por el país y el mundo sus ideas y sus prácticas educativas, pero por sobre todas las cosas, actuando, aplicando esas ideas. Sacándolas de la teoría y del papel y aplicándolas en todo momento. Cada uno desde su lugar, especialmente los educadores y educadoras, maestras y maestros, profesores, docentes en general. Como sugirió el propio Paulo Freire en 1989, en Montevideo. “Mi sugerencia es que las profesoras (maestras y maestros), no solos, aisladas, tanto cuánto sea posible y siempre a través de sus organismos de clase, de sindicatos, empiecen a pensar a trabajar seriamente en torno a temas cómo este y establecer ciertas líneas tácticas de acción para la resistencia. Hay que inventar formas de resistencia cuando no tengamos más espacio para intervenir directamente. La resistencia es una forma de intervención“, sentenció en medio de los aplausos de una multitud que le escuchaba en la calle, mientras hablaba desde el balcón de la sede sindical de la Asociación de Maestros (ADEMU).

Y para reforzar la práctica diaria en la educación, sirve entonces, cada tanto, leer o releer algunas de las obras de Paulo Freire como “La alfabetización y la conciencia” (1963), “La educación como práctica de la libertad” (1967), “Pedagogía del oprimido” (1968) y otros valiosos documentos legados por tantos educadores populares olvidados.

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