Rubén Dri y el nodo argentino de la filosofía de la liberación

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Práctica teórica y praxis político-social

Adriana Prado: En este contexto de pandemia que asola a la humanidad y específicamente en América Latina. ¿Qué aporte puede hacer la teología de la liberación?

Rubén Dri: El aporte de la teología de la liberación es fundamental. Yo me inicié en la teología de la liberación por la década del sesenta. Soy hijo de campesinos, nací en Entre Rios en 1929 y tuve una larga trayectoria de formación por distintos lugares. Los curas salesianos fueron los que me tomaron desde 1940, en Curuzú Cuatiá. Comencé allí mis estudios en tercer grado, de ahí tuve un largo periplo…

Me trajeron  a Buenos Aires, hice toda la formación escolar con los salesianos hasta 1960. En ese año tuve una crisis vocacional, salí de los salesianos y me trasladé a la ciudad de Resistencia, Chaco. Todavía no estaba ordenado sacerdote con los salesianos, porque no acepté. En ese momento encontraba dudas, sobre todo porque teníamos una formación muy estrecha y como no estaba maduro para ordenarme salí de los salesianos y comencé a trabajar en Resistencia. Ahí me aceptó el obispo, el monseñor Marozzi.

Estuve un año y comencé a estudiar la carrera de filosofía en la Universidad del Nordeste y allí finalmente vi con bastante claridad lo que yo quería hacer realmente. Ahí si me ordené como sacerdote, en 1960 y desde ese año estuve en Resistencia hasta 1974. Fueron quince años fundamentales en mi vida porque se produjo un cambio profundo. Tenía una formación con los salesianos que tengo que agradecer enormemente, pero sentía que la concepción que tenían era muy estrecha, no me satisfacía. En Resistencia pude entrar en contacto con las nuevas corrientes a fines de 1950, fueron momentos de grandes transformaciones y siento que esas transformaciones se fueron haciendo también en mi concepción.

AP: Usted es un especialista en filosofía y sobre todo en la obra de Hegel

RD: Precisamente fue en Resistencia donde descubrí a Hegel. Para mí fue un gran descubrimiento y lo hice, paradójicamente al mismo tiempo que descubro a Carlos Marx. Son dos descubrimientos fundamentales que hicieron que mi concepción se fuera transformando de una manera muy profunda. Al mismo tiempo fui descubriendo una militancia religiosa, pero ya saliendo de los marcos más estrechos de una congregación donde mi visión se fue ampliando y fui incorporando nuevos elementos.

AP: ¿Cree que el pontificado de Juan XXIII ayudó a que florecieran estas nuevas visiones de la enseñanza fundamental del cristianismo?

RD: El pontificado de Juan XXIII fue fundamental, ahí se nos abrió el panorama. A mí me permitió poder comprender que mi vocación religiosa y mi actuación religiosa no tenían que ser algo estrecho, sino que tenía que ser muy amplio. Yo tenía que incorporar lo político, lo social, lo económico y a partir de ahí fui transformando mi teología. Las encíclicas de Juan XXIII son fundamentales, yo en aquel momento fundé un colegio mayor universitario donde incorporé a estudiantes universitarios y fuimos reelaborando nuestras concepciones políticas, religiosas, filosóficas.

AP: Me imagino que todo este proceso los habrá llevado a ser una exégesis de la enseñanza cristiana para encontrarle la sustantividad en cuanto a los procesos sociales…

RD: Es exactamente así, al mismo tiempo esto nos llevaba a un gran compromiso y a enfrentar una cantidad de contradicciones. Cada vez me fui y interiorizando más con lo que es el mensaje propiamente cristiano de liberación, me estoy refiriendo al mensaje evangélico. Lo voy entendiendo cada vez más, lo voy incorporando y esto me llevó, naturalmente, a compromisos sociales y compromisos políticos muy fuertes. Era una época en la que sufrimos la dictadura militar y eso nos llevó a situaciones extremas. Tanto que en un momento determinado tuve que escapar de Resistencia perseguido por la dictadura.

AP: Su exilio se debió a las amenazas de la Triple A, del gobierno de Isabel Perón o ya se había producido el golpe militar del autodenominado Proceso de reorganización nacional?

RD: Fue por las amenazas de la Triple A y luego también por el proceso militar en 1976. Yo fui y perseguido por la dictadura militar, logro escapar de Resistencia y tengo dos años de clandestinidad en Buenos Aires. En ese momento se produjo en mi  una maduración, una transformación y una gran crisis. Sentía que una etapa de mi vida había terminado y que mi compromiso cristiano y mi compromiso teológico me llevaban a un enfrentamiento interno en la iglesia. Supe que esa etapa de mi vida había terminado y el proceso me llevó a la clandestinización. 

De ninguna manera renuncié a mis proyectos profundos y ahí escribí dos libros que, obviamente,  no podía  publicar. Uno que se denominó “Ética y liberación”. Es donde sinteticé lo que había podido reelaborar en los quince años de militancia que tuve en Resistencia. Cuando tuve que escapar dí por terminada una etapa en mi vida, ya no tenía lugar en la iglesia. La profundización de mi compromiso cristiano me llevaba a la renuncia del sacerdocio y a asumir más mi compromiso profético. 

AP: Usted sabía que una etapa había terminado, eso es muy importante. Es muy valiente y muy comprometida esa decisión que toma.

RD: Eso lo sentí muy profundamente. Ahí había dos etapas: una fueron los quince años en Resistencia, en la que fui  ahondando mi compromiso real. La otra fue teórica donde fui  elaborando y leyendo ansiosamente las encíclicas papales de aquel momento. Incorporé a  Hegel y a Marx con todo lo que eso significaba. En los dos  años de clandestinidad, naturalmente, se produjo en mí una intensa transformación. 

Lo que yo veía  no podía tener cabida en la iglesia católica explícitamente, pero mi cristianismo se había profundizado y tenía que ir descubriendo los nuevos horizontes. Es entonces cuando me conecto interiormente con San Agustín: en él a los treinta años se produce esa transformación tan radical y es precisamente a mis treinta años donde comienza en mi ese cambio que más tarde se intensifica durante los quince años que estuve  en Resistencia.

AP: Después usted se exilia en México?

RD: Eso es en el año 1976 cuando ya veo que todos los caminos  se me han ido cerrado y tengo que descubrir cómo seguir. Me acuerdo muy bien que tuvimos un encuentro con un compañero y me dice “qué estás haciendo vos?”. Ahí él me relata cómo muchos compañeros están desapareciendo y otros se van yendo al exterior. A mí también se me habían cortado los lazos de la militancia, entonces descubrí que tenía que ver la manera de salir del país para poder seguir militando pero desde otro ámbito, desde afuera. Así es como viajé a México. Fue toda una odisea salir, cambiar los documentos. Estuve mucho tiempo sin documentos oficiales. Esto, después de los primeros cuatro años en México, finalmente pude ir solucionándolo. 

AP: ¿Allí en México se conecta con Enrique Dussel?

RD: Con él me conecté mucho antes. Enrique Dussel había hecho sus doctorados en Europa y cuando él estaba por venir de Europa manda documentos a algunas Universidades de Argentina entre las cuales estaba la Universidad del Nordeste de Resistencia. Ahí el decano me presenta los escritos para ver si nos podía interesar y ahí conozco quién era Dussel. Hice un gran descubrimiento, es alguien que realmente nos interesaba.  

Enrique Dussel después de sus doctorados viene a la Argentina y va a trabajar a la Universidad del Nordeste donde yo estaba y también va a Mendoza, de donde es él. Esa fue mi primera relación con él. La clandestinidad, naturalmente, nos separa pero luego lo vuelvo a encontrar en México. Ahí él me dio una mano porque  yo tenía que encontrar  trabajo y él me incorpora a lo que es el Instituto Teológico de Formación que se iniciaba en México. 

AP: El clima académico y político era propicio para recibirlo a usted y a su proyecto de teología.

RD: Era como entrar en el reino de la libertad. A su vez había varios obispos de primer nivel, teníamos al monseñor Méndez Arceo obispo de Cuernavaca que había sufrido una gran transformación interna. Había incorporado el psicoanálisis, era gran amigo de Fidel Castro y también gran amigo del proceso sandinista de liberación. Entonces  me incorporé a su equipo. Después con otras relaciones seguí profundizando la teología de la liberación y comienzo a trabajar en las comunidades de base. Son las comunidades de base que a su vez me producen un gran impacto, fui recogiendo lo que se estaba elaborando en Centro América sobre todo en Nicaragua. Entré en relaciones que me ayudaron mucho para la profundización de la teoría de la liberación.

AP: La suya fue una tarea de gran investigación teórica y por otro lado, de una praxis sumamente comprometida. En usted se da el intelectual activo, no solamente de escritorio.

RD: Sí, yo me iba transformando a medida en que iba realizando mi compromiso. Esos ocho años en México fueron muy fecundos, ahí profundicé mucho. Además descubrí en gran parte por qué había dejado el sacerdocio formal. En México no me hicieron ningún problema, Méndez Arce me incorporó a su equipo. Trabajé duramente con mi producción teórica, por eso está muy conectada con la militancia en la base, con los cursos que yo daba en ese Instituto Arqueológico al que me había incorporado Dussel, todo a medida que también iba profundizando la teología de la liberación. México fue muy importante en mí y no sentí la necesidad de recuperar formalmente el sacerdocio.

AP: Estaba claro el camino… Estamos haciendo un rapidísimo recorrido por esta vida tan intensa, llega el momento del retorno ¿cómo decide volver a la Argentina?

RD: En ningún momento había dejado la idea de volver a la Argentina. Yo sentía que mi lugar estaba acá, pero circunstancialmente estaba en México y ahí hacía todo lo que podía, pero siempre con la idea de volver. Cuando se produce el triunfo de Alfonsín apareció la luz, porque había terminado la dictadura militar, pero además en ese momento el peronismo no expresaba lo que el peronismo era por vocación desde su nacimiento, como compromiso con los sectores populares, sino que tenía enganches con la dictadura militar. 

Alfonsín expresaba esa apertura que necesitábamos y además se nos hacía la invitación a volver, yo no dudé en ningún momento. Me produjo dolor dejar México porque estaba muy arraigado, tenía militancia de base, tenía mis alumnos en la Universidad con los cuales trabajaba, me sentía bien últimamente, pero sentía que mi lugar estaba acá en Argentina. Entonces no dude en que tenía que volver.

AP: ¿Qué tiene la teología de la liberación hoy para ofrecer a estos procesos que se están dando en América Latina y para salir de la mirada eurocéntrica?

RD: La teología de la liberación surge en América Latina. Tiene que ver con los procesos que se dieron en la región a principios de la década del sesenta con Juan XXIII. Es el momento en que decidí salir de la congregación salesiana, tuve una crisis, paso a Resistencia y comienzo la revisión de mi teología. Nosotros salíamos de una especie de encierro en la iglesia donde no había una renovación teológica profunda y entrabamos en relación con dos corrientes fundamentales. Una es el marxismo de su fundador Carlos Marx y el otro es Hegel. Naturalmente no se puede trabajar Marx sin Hegel y a su vez: si queremos que Hegel nos haga un aporte realmente para la transformación de la realidad, tenemos que recurrir a Marx. 

Comenzamos a incorporar estos actores con los cuales fuimos cambiando nuestras visiones y las fuimos profundizando. Cuando salí de la congregación salesiana y en Resistencia me incorporé a la sociedad, a la Universidad y a su vez entré en contacto con las nuevas generaciones que ingresaban a la Universidad, ahí comiencé a descubrir que mi teología no me daba respuestas ante la nueva realidad que yo ya estaba viviendo. Ahí descubrí a Marx, es un descubrimiento que se produce en un lapso de tiempo. Marx me dió nuevos elementos para reinterpretar mi teología cristiana, además descubrí la dialéctica y a Hegel. Ahí se me produce una revolución, yo siento que mi visión está cambiando y entonces me zambullí en la lectura de Hegel  que me iba a llevar mucho tiempo. Estoy hablando desde el año 1984 cuando volví a la Argentina, fui trabajando con alumnos y haciendo una reelaboración conceptual: toda mi teología se fue transformando

AP: Cuando vuelve a la Argentina ¿retoma el trabajo de base?

RD: Retomé inmediatamente el trabajo de base, a su vez me puse en contacto con algunos sacerdotes con los cuales habíamos trabajado antes de la dictadura militar y comienzo a reelaborar mi visión teológica. Eso lo voy haciendo al mismo tiempo que me voy comprometiendo más con los compañeros y las compañeras.  Fui descubriendo cómo la teología es una visión de la realidad vista desde el mensaje de Jesús de Nazaret. Así voy redescubriendo a Jesús de Nazaret, me doy cuenta que la realidad humana y la realidad divina del hijo de Dios tienen una relación dialéctica, se va realizando en un proceso.

En ese proceso es donde recibimos los mensajes más profundos de liberación donde el cristianismo ya no es una teoría que viene desde afuera, sino que es una realidad viviente. Allí los sujetos se transforman y van transformando la realidad, que tiene un horizonte que va más allá de este mundo, pero que se crea en este mundo. 

Nuestro compromiso se va encarnando cada vez más y se va transformando nuestra concepción de la realidad. 

AP: Cuál es su mirada panorámica de América Latina en este 2021 y con la pandemia?

RD: Nosotros hemos tenido un proceso de recuperación de la Patria Grande latinoamericana en la década del sesenta y del setenta donde grandes transformaciones se produjeron. También el momento de Néstor y Cristina Kirchner, de Venezuela, de Ecuador etc. son grandes transformaciones y la recuperación de un proyecto de Patria Grande en el cual nosotros estábamos preparados teológicamente para poder trabajar cumpliendo sentido en ese proceso. La primera década de este siglo fue de grandes avances, en la que podemos decir que trabajamos con mucha fuerza. 

Esa década ha terminado con un retroceso y un avance de los poderes multinacionales, capitalistas e imperialistas y ahora estamos en un proceso de recuperación pero vivido en el contexto de la pandemia. Lo que nosotros hemos incorporado, la fuerza que hemos tenido en esos años anteriores nos da una fuerza no solo para resistir, sino también para avanzar, eso hemos comenzado a hacer en este momento. Tenemos que tener en cuenta que si tomamos la totalidad de América Latina vemos en el norte a México y en el sur a Argentina, precisamente son los dos polos en los cuales la recuperación ya la estamos viviendo. 

Un Brasil tan importante que ha caído bajo la dominación del neoliberalismo. En este momento la recuperación de Lula significa la recuperación desde las bases. Estamos viviendo un gran momento, ayer plantamos el árbol que vuelve a surgir nuevamente. No dudo que vamos a vivir una nueva etapa en América Latina.

AP: ¿Usted está relacionado con el movimiento de Curas en Opción por los Pobres?

Naturalmente sí, los Curas en Opción por los Pobres es la nueva etapa de los curas para el tercer mundo. Es la teología de la liberación comprometida, es el cristianismo vivido con profundidad, es la gran esperanza de la transformación de la nueva Argentina. Estoy sumamente agradecido con los Curas en Opción por los Pobres porque están cumpliendo un papel fundamental.

AP: No quiero dejar de preguntarle por el papado de Francisco, este Papa latinoamericano en Roma. Me gustaría conocer tu valoración de lo que él está haciendo.

RD: He sido muy crítico del Cardenal Bergoglio, sentía que no estábamos en sintonía de ninguna manera. Con el papa Francisco es otra cosa, es una gran alegría, siento que con él se ha producido una transformación y siento que es recuperar lo mejor del mensaje cristiano de liberación. Es una iglesia que se recupera, completamente comprometida, esto lo digo con una gran alegría y con una gran esperanza. A Francisco lo veo muy cercano al compromiso, a la manera de interpretar el evangelio y de vivirlo. Siempre podemos hacer críticas, pero me interesa esta nueva etapa que estamos viviendo del cristianismo que está completamente comprometido con las transformaciones que se están produciendo en el mundo.

AP: Ante una especie de orfandad política y teórica parece que Francisco va a la vanguardia de las ideas políticas y sociales que se están generando en el mundo?

RD: Es así, en este momento él está en la vanguardia y me produce una profunda alegría. Veo que estamos en lo que podemos considerar como el camino correcto, de profundas transformaciones y de los mejores valores cristianos puestos en práctica, comprometidos profundamente. Escribí sobre el viaje que hizo el Papa a Irak en el mes de marzo de este año que fue muy comprometido, con un mensaje muy profundo de transformación en la tierra caliente en este momento. Tenemos que agradecer esta bendición que tenemos y seguir profundizando este compromiso. 

AP: Dentro de este contexto de pandemia que revela una profunda crisis del capitalismo, usted opina que esta gran crisis económica podrá alumbrar una economía social y solidaria?

RD: Sin duda, estamos en un momento de una crisis del capitalismo muy profunda que se está llevando a generaciones enteras. En la raíz está surgiendo algo nuevo, era lo que planteábamos del árbol. Veo que esto nos lleva a que o surge un mundo nuevo o este mundo desaparece. La apuesta es un mundo nuevo, pero para que aparezca uno nuevo se requiere lo que está haciendo Francisco, ir a fondo en la autocrítica y en el compromiso. 

Evidentemente tenemos que salir de este capitalismo que nos lleva a la destrucción y a la muerte. Tenemos que amanecer en una sociedad nueva, mucho más cristiana, en la cual el mensaje fundamental de la confraternidad sea el motor de la realización de la humanidad. Esa es la gran apuesta.

AP: En base a que el mensaje de Cristo es universal, más allá del respeto a todas las religiones. Cristo excede la idea del cristianismo por su universalidad. 

RD: Absolutamente de acuerdo. Es el mensaje del mundo nuevo y de una humanidad que vaya aprendido a comunicarse, a trabajar juntos. Esa es la gran respuesta y la apuesta que nosotros tenemos que hacer.

AP: Es la apuesta a la supervivencia de la condición humana.

RD: No hay que desanimarnos, el camino es difícil. Esta pandemia es un azote que tenemos, que no se va a ir rápidamente y se está queriendo profundizar aún más. Sin duda la vamos a pasar y eso depende de nosotros. No está dicha la última palabra, tenemos el mensaje de liberación, creemos que la liberación es posible, pero que también depende de nosotros, no solo de Dios. 

Dios quiere que eso dependa también de nosotros, entonces nos ha dejado esta tarea, de transformar este mundo y para poder transformarlo también tenemos que aprender a soportarlo. Esto es lo que estamos aprendiendo. Hay una nueva humanidad que está queriendo surgir ♠

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Rubén Dri: Es filósofo y teólogo argentino nacido el 11 de agosto de 1929 en la provincia de Entre Ríos. Fue miembro activo del llamado “nodo” argentino de la filosofía de la liberación e integró el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo.

Se formó en Curuzú  Cuatiá con los Salesianos del Colegio de Don Bosco. Tuvo formación como sacerdote desde 1946 en la localidad de San Justo en la provincia de Buenos Aires. Cursó estudios filosóficos en Córdoba y entre los años 1952 y 1957 es enviado a Turín (Italia) para realizar estudios teológicos en la Pontificia Universidad Salesiana.

Fue docente universitario y participó activamente en movimientos políticos y sociales con un alto grado de compromiso. En la década del 70 estuvo exiliado en México, donde continúa con su trabajo político y académico. Dedica muchos años a la investigación de la obra de Hegel y de Marx, haciendo una exégesis erudita.

Dice Marcelo González: “Cuatro claves podrían esquematizar los hilos que se entrelazan en su trayectoria: todos ellos marcados por la radicalidad y conflictividad: la universidad, la renovación eclesial, la politización y la vida de los sectores populares” (Cuadernos del CEL. 2018. Vol III N°6 págs. 184-205).

Escribió más de veinte libros, coordinó y compiló otros cinco y publicó cerca de sesenta artículos en obras colectivas y revistas.

Algunas obras  de Ruben Dri: 

  • La rosa en la cruz
  • Razón y libertad
  • El movimiento dialéctico
  • El movimiento antiimperial de Jesús
  • Las dos iglesias
  • Hegemonía de los cruzados
  • Hegel, la doctrina de la esencia
  • La Fenomenología del Espíritu de Hegel: perspectiva latinoamericana
  • La iglesia que nace del pueblo
  • Jesús y María una relación conflictiva
  • La utopía de Jesús
  • Hegelianas: irradiaciones de la Fenomenología del espíritu

Etiquetas: RUBEN DRI, TEOLOGIA DE LA LIBERACIÓN, FILOSOFÍA DE LA LIBERACIÓN, MOVIMIENTOS SOCIALES EN AMERICA LATINA, CRISTIANISMO LIBERACIÓN, SACERDOTES DEL TERCER MUNDO,

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Esta entrada tiene un comentario

  1. Excelente nota. Creo que la Ética de la Liberación de Dussel es la Summa filosófica y política de nuestro tiempo. Como entrerriano me gustaría preguntarle a Dri que recuerdos tiene de su provincia natal y qué lugar ocupa la cultura entrerriana en su vida y su fe.

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