Las universidades públicas ante contextos neoliberales. Reflexiones a partir de la realidad uruguaya

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En el último tiempo Uruguay volvió a ingresar en un ciclo político donde el pensamiento neoliberal comenzó a estructurar, de manera más acentuada, el desarrollo económico y social del país. En dicho desarrollo la educación adquiere un lugar protagónico, en particular, en el interjuego que busca establecerse entre la enseñanza pública y la privada. Esto tiene impacto en todos los niveles educativos, con una tendencia a la degradación de las condiciones de estudio y trabajo de lo público, en pro del fortalecimiento del mercado privado de educación. Ante este escenario, que irremediablemente iba a suceder con pandemia o sin ella, las instituciones educativas públicas y los colectivos que las integran, se enfrentan a nuevos y dilemáticos desafíos. Analizarlos en un sentido estratégico requiere ubicar las problemáticas más relevantes, delinear una serie de objetivos y acordar un conjunto de propuestas a promover al corto y mediano plazo. En este trabajo se reflexiona sobre la posibilidad de pensar estos aspectos en la Universidad de la República. 

El pensamiento neoliberal, además de constituir una orientación económica, instituye una perspectiva política y cultural de sociedad (Rebellato, 2008). Dentro del neoliberalismo confluyen distintas corrientes de pensamiento que en materia de gobierno coinciden en supeditar el poder político al ejercicio de una economía de mercado. La cuestión ya no es si un problema es o no es de dominio estatal, sino el modo en que se interviene en él. Desde esta perspectiva, los gobiernos se orientan a garantizar que el mercado y sus lógicas competitivas regulen las relaciones económicas y políticas de la sociedad (Foucault, 2007). El discurso neoliberal de Estado “mínimo” encierra el precepto ético y político de Estado “máximo” al servicio del capital (Stolowicz, 2018). Esto ha sido funcional al aumento de las brechas entre ricos y pobres, la institucionalización del individualismo como práctica social, y la privatización de espacios y bienes públicos (Rebellato, 2008).

La educación superior no es ajena a estos procesos. En Uruguay proliferaron los establecimientos privados desde los años 80 del siglo pasado hasta nuestros días (Cano, 2020). Este fue un fenómeno mundial, que a nivel latinoamericano y de otros países periféricos significó una restricción del presupuesto para las universidades públicas (Santos, 2010). Estas restricciones se articularon con la promoción de lógicas meritocráticas, que combinan el individualismo académico con la asignación focalizada de recursos. Así, la universidad al servicio del país y del fomento de la cultura, transita a esquemas de funcionalidad con el mercado y sus intereses económicos y políticos (Stolowicz, 2018). En este tránsito se resignifica el modelo profesionalista de universidad liberal: elitista, orientada a las profesiones independientes y reproductora del sistema de estratificación social  (Errandonea, 1998). En contextos neoliberales, es el mercado el que prioriza ciertas necesidades de formación sobre otras (Santos, 2010).

La Universidad de la República, que está inserta y mantiene relaciones más o menos contradictorias con la dinámica social antedicha, definió tres objetivos estratégicos para su desarrollo en el período 2020- 2024: a) consolidarse como centro de excelencia en materia de enseñanza, investigación, extensión y atención a la salud; b) generalizar el acceso a la universidad en todo el país; y c) fortalecer la capacidades institucionales de gestión, inclusión y transparencia. Estos objetivos se asociaron a siete programas de desarrollo, los cuales fundamentaron el pedido presupuestal para el actual quinquenio de gobierno 2020- 2025 (Udelar, 2020a). El Parlamento votó incrementos parciales sólo para tres de los programas. De los 8389 millones de pesos de incremento presupuestal solicitados por la institución, sólo se asignó un 5% (Parlamento, 2020). Por otra parte, a partir de la aprobación de una ley (de urgente consideración) presentada al inicio del mandato presidencial, se limitó el rol de la Universidad de la República en el sistema nacional de educación terciaria, ya no más exclusivamente púbico (GRE, 2020). 

Así, la agudización del pensamiento neoliberal en las lógicas de gobierno y en el desarrollo educativo del país, comprometen profundamente el devenir histórico de la Universidad de la República. Uno de los temas que reporta mayor sensibilidad es la relación entre el incremento de la matrícula estudiantil y las capacidades institucionales para su formación integral. Entre el 2012 y el 2019 la tasa de crecimiento anual promedio de la población estudiantil fue de 3,4% (Udelar, 2020a). Del 2019 a esta parte los ingresos a la institución aumentaron en un 18% (DGPlan, 2021). Del total de estudiantes, el 53,8% tiene empleo. El 73,8% de las personas empleadas trabaja más de 30 horas semanales. Por otro lado, el 32,6% de toda la matrícula estudiantil proviene de un clima educativo bajo (Udelar, 2020b). De este modo, además del incremento de la cantidad de estudiantes, se han dado cambios en la composición social del estudiantado. Si bien en materia de accesibilidad y democratización de la educación superior estos datos son alentadores, en términos de condiciones de estudio y trabajo la realidad se torna problemática. 

Estos problemas serán aún mayores si se agudizan los procesos de pauperización de la vida que el neoliberalismo trae consigo, si no se generan procesos contra- tendenciales a las lógicas meritocráticas, y si la Universidad de la República no logra establecer un conjunto de lineamientos estratégicos que le permitan mantener la calidad y el compromiso social, sin renunciar a la reivindicación por más presupuesto. En un trabajo anterior1 se recuperaba la idea de Errandonea (1998) de generar un “gran movimiento reformista”. Este movimiento que acuñó el modelo latinoamericano de universidad y que en nuestro país logró la autonomía y el cogobierno, hoy presenta nuevos retos. Al respecto, Errandonea (1998) planteaba la necesidad de revitalizar el trabajo de los órdenes universitarios, interrogar sobre la estructura y función social de la institución, y potenciar el intercambio fecundo con la sociedad. Aquí se desarrollan algunas propuestas concretas para dinamizar este movimiento, veinte años después.   

En primer lugar, y aunque parezca una obviedad, no es posible revitalizar los ordenes universitarios si no existen espacios gremiales fuertes. La participación social es un problema general en todo el país y desde hace más de dos décadas también alcanza a los colectivos que integran la Universidad de la República (Errandonea, 1988; 1998). Sin bien existen heterogeneidades entre sus distintos gremios, el avance privatizador y excluyente que se avecina requiere multiplicar la participación universitaria en cantidad y en calidad. Atemperar las diferencias en pro de objetivos mayores comunes e interrogar el supuesto de que el crecimiento institucional será el resultado de la sumatoria de crecimientos individuales2, puede permitir pensar en nuevos escenarios de participación gremial y universitaria. En particular, estimular una dedicación mínima semanal a tareas gremiales, permitiría que la realidad de muchos centros y asociaciones sea radicalmente diferente. Más aún si estos procesos se articulan con la promoción de espacios abiertos y plurales de discusión. 

En segundo lugar, sin renunciar al pedido de mayor presupuesto, la Universidad de la República necesita analizar proyectos que permitan optimizar, aún más, sus escasos recursos. La apuesta neoliberal consiste en fortalecer la oferta privada de educación a partir del detrimento de la calidad de lo público (Santos, 2010; Stolowicz, 2018). El problema de la numerosidad estudiantil y su impacto en las posibilidades de que todas las áreas del conocimiento puedan desarrollar investigación y extensión de calidad, requiere analizar la complementariedad y la distribución equitativa de recursos. Para la complementariedad, el proyecto de institutos centrales y de universidad nueva de Darcy Ribeiro (2006) no logró institucionalizarse en Uruguay, a pesar de los esfuerzos del Rector Óscar Maggiolo (1967). Esto posibilitaría evitar la multiplicación de esfuerzos en materia de enseñanza, y organizar la vida académica en colectivos docentes transversales, integrados por temas y/o disciplinas. Por otra parte, la distribución equitativa de recursos implica dar a cada cual según sus necesidades. Para esto, el trabajo en base a datos e indicadores de desigualdad institucional sería muy relevante.   

Finalmente, el avance de los procesos de precarización de la vida y el acumulado académico que la institución tiene en torno a ellos, exigen repensar el vínculo universidad- sociedad. En este sentido parece oportuno iniciar una discusión con relación al fortalecimiento y generación de programas integrales centrales. Estas experiencias que se inician durante el rectorado de Mario Cassinoni -1956- 1964- (Carlevaro, 2019), en el último tiempo posibilitaron mejorar los procesos de curricularización de la extensión y regionalizar la universidad en todo el país (Arocena, 2014). La tendencia actual a proyectar la vida institucional únicamente través de fondos concursables, genera dispersión y promueve que el acceso a la financiación sea mayoritario para los equipos académicos fuertes. Esto que la psicología organizacional define como efecto mateo (Jiménez, 2009), es funcional al individualismo académico y a la asignación focalizada de recursos (Stolowicz, 2018). Por el contrario, la construcción de programas integrales posibilita sostener procesos colectivos de articulación de funciones, saberes y disciplinas, sobre la base de una priorización de temas o territorios de trabajo. 

En síntesis, el involucramiento y la participación gremial, la complementariedad y equidad en el manejo de recursos, y la orientación política para el vínculo universidad- sociedad, son tres posibles áreas de trabajo a priorizar en el contexto neoliberal actual. Más allá de su definición precisa y el acuerdo estricto con cada una de ellas, lo relevante es identificar una serie de propuestas que permitan mantener el nivel académico y el compromiso social de la universidad pública, y recuperar la capacidad instituyente y transformadora de los colectivos que la integran.


Notas

1. La Universidad de la República, otra vez en la encrucijada. Semanario Brecha, 24- 7- 20. Disponible en: https://brecha.com.uy/la-universidad-de-la-republica-otra-vez-en-la-encrucijada/
2. La institución del conocimiento en la sociedad es una obra colectiva. Al respecto Manero (2019) propone desmitificar la idea de genio y concebir a la creación intelectual como parte de un contexto que la hace posible.

Referencias bibliográficas

Arocena, R. (2014). Trabajando por una Segunda Reforma Universitaria. La Universidad para el desarrollo. Montevideo: UdelaR. 

Cano, A. (2020). Aquellas Urgencias. Semanario Brecha, 31- 1- 20.

Carlevaro, P. (2019). La Universidad querida. Montevideo: FEFMUR

Dirección General de Planeamiento- DGPlan. (2021). Análisis comparado del volumen de ingreso a la Udelar en 2019-2021, y perfil por sexo, edad, lugar de nacimiento, tipo y lugar de institución de procedencia, y departamento de estudio. Recuperado de: https://udelar.edu.uy/portal/wp-content/uploads/sites/48/2021/05/Informe-preliminar_Analisis-de-ingreso-a-Udelar-2019-a-2021_DGPLAN.pdf

Errandonea, A. (1988). Nosotros que habíamos amado tanto a la Universidad (II). Cuadernos de Marcha, 4 (34), 31- 40. 

—————– (1998). La Universidad en la encrucijada. Hacia otro modelo de Universidad. Montevideo: Nordan. 

Foucault, M. (2007). Nacimiento de la biopolítica. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Grupo de Reflexión sobre Educación- GRE (2020). Consideraciones sobre el Proyecto de Ley de 

Urgente Consideración aprobado por Cámara de Senadores. Montevideo: GRE.  

Jiménez, J. (2009). El efecto Mateo: un concepto psicológico. Papeles del Psicólogo, 30 (2), 145- 154.

Manero, R. (2019). Análisis y creación. El concepto de analizador y la contrasociología. Área 3. Cuadernos de Temas Grupales e Institucionales, N.º 23, 1- 29. 

Maggiolo, O. (1967). Plan de Reestructuración de la Universidad. Montevideo: UdelaR. Recuperado de: http://historiasuniversitarias.edu.uy/wp-content/uploads/2017/03/Plan-de-Reestructuracion-de-la-Universidad-del-Rector-Maggiolo-1967-final.pdf

Parlamento. (2020). Ley de presupuesto 2020- 2024. Recuperado de: https://www.impo.com.uy/bases/leyes/19924-2020

Rebellato, JL. (2008). La encrucijada de la ética. Montevideo: Nordan. 

Ribeiro, D. (2006). La universidad nueva: un proyecto. Caracas: Fundación Biblioteca Ayacucho.

Santos, B. (2010). La Universidad en el siglo XXI. Para una reforma democrática y emancipatoria de la universidad. Montevideo: Trilce- Extensión Libros. 

Stolowicz, B. (2018). Pensamiento crítico y universidad. Hemisferio Izquierdo, junio de 2018. Recuperado de: https://www.hemisferioizquierdo.uy/single-post/2018/06/20/pensamiento-cr%C3%ADtico-y-universidad

Universidad de la República- Udelar. (2020a). Propuesta al país 2020-2024. Plan estratégico de desarrollo de la Universidad de la República. Montevideo: Udelar. 

———————————————– (2020b). Perfil de los estudiantes de grado. Montevideo: DGP. 

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