ENSEÑANZA Y EXAMENES “VIRTUALES “. ¿DÓNDE QUEDAN LOS DERECHOS DE LOS ESTUDIANTES? UNA VISIÓN DESDE URUGUAY

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En la Enseñanza atravesamos un momento complejo en medio de esta pandemia. Las clases y las instancias presenciales grupales están suspendidas por motivos de salud pública. Ello ha llevado a que las autoridades de la Enseñanza, de toda la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), y especialmente de la Dirección General de Educación Secundaria (DGES) -donde quien escribe desempeña funciones-, hayan tomado decisiones acerca de la imposición de “clases” virtuales, las cuales fueron anunciadas como “obligatorias” a la población, es decir a los estudiantes, padres y sus familias. Sin embargo, la realidad y el discurso para los docentes, era que dicha “obligatoriedad” no era del todo así, que la idea era estar en contacto con los estudiantes. Y cada docente hizo y hace lo que puede. También las autoridades han resuelto que los exámenes sean “virtuales”. 

Abordaremos primero lo referente a la “virtualidad” en general, especialmente las clases y cerraremos el artículo con algunas experiencias de exámenes “virtuales”, que hablan por sí solas de lo nefasto de esta “nueva modalidad educativa”.

Cuando el liceo y el aula desaparecen y todo se convierte en una pantalla plana

Este año en Uruguay, las “clases virtuales” fueron designadas como obligatorias, a diferencia del año anterior. Ya desde el año pasado varios docentes asumieron la “virtualidad” como válida y se fueron generando discursos que de algún modo justificaban o intentaban sustentar lo que se hacía. Algunos hablaban de “educación virtual” y otros “a distancia”. Este año la situación se repite, y el profesorado desde el inicio se hallaba dividido entre quienes celebraban la cantidad de “ofertas” de plataformas virtuales y, por otro lado, quienes rechazamos este tipo de propuestas. 

Pronto la realidad nos golpeó en la cara y nos dimos cuenta de que esta modalidad “virtual” no eran tan maravillosa como parecía, ni tiene demasiado de educativo y pedagógico. Las “clases “se transforman en encuentros por Zoom, Conference de la plataforma Crea, o enviar trabajos por dicha plataforma, y se pierde el contacto directo y el ida y vuelta con los estudiantes. No se ven caras, debido a que la mayoría de los jóvenes mantienen las cámaras apagadas -y con total derecho-, debido a que están en sus casas.

No todos los estudiantes tienen las condiciones para “conectarse” a la “virtualidad”. Falta de equipos, carencia de espacios adecuados en los hogares, varios hermanos/as que deben utilizar el o los pocos dispositivos existentes para “estudiar”, se debe pagar internet o ir a algún centro educativo para usar la red Ceibal. Es así que vemos los centros educativos con varios gurises en sus puertas (porque dichos centros han estado cerrados la mayor parte del tiempo, excepto en el horario de guardias), tratando de hacer las tareas a pesar del frío. 

Algunos relevamientos realizados por docentes, indican que por grupo o clase hay un tercio de jóvenes que no tienen acceso a equipos que le permitan conectarse. Es así que buena parte de las tareas, se retiran y entregan en los liceos y muchos estudiantes aprovechan los espacios de tutorías cuando el liceo está abierto. 

Los estudiantes que se conectan no son muchos por grupo, podríamos decir que no son más de ocho, diez en el mejor de los casos. Grosso modo, podemos decir que otro tercio de los estudiantes puede conectarse. El otro tercio no está en la virtualidad por distintos motivos. O se conecta en forma irregular. 

Así es casi imposible seguir un curso, y el “casi” es para dejar abierta la posibilidad del matiz. Los dos tercios de los estudiantes que no tienen conexión o no están en la virtualidad por diversos motivos -entre ellos, la falta de interés en esta modalidad- son la mayoría, y esta modalidad los excluye. Con esos dos tercios de estudiantes en el aula trabajamos, intentamos captar su atención e interés en la clase de una y mil formas, y vaya si hay experiencias docentes en este sentido. 

La virtualidad es una modalidad que excluye de la enseñanza a amplios sectores. Y ello es más que evidente en el Tercer Mundo, en esta Latinoamérica en la que durante esta pandemia ha aumentado la pobreza y la muerte. Porque dentro de los 60 muertos promedio que a diario fallecen en Uruguay por Covid también son padres y familiares de nuestros estudiantes; muchos de ellos han contraído la enfermedad o ha cursado cuarentena. Y aquí los fallecimientos pueden parecer bajos en números diarios, pero es una tasa altísima dada la población de Uruguay. Esa problemática también la sufren los estudiantes y sus familias, no es un problema exterior a ellos. Tampoco a los docentes.

Decíamos que la virtualidad se impuso desde arriba, desde el gobierno y en forma totalmente autoritaria.  Es aquí donde tenemos un punto central de esta imposición del trabajo y estudio “virtual” como si fuera la solución a todos los males de la Enseñanza: es la transformación de los espacios privados (el hogar) en un espacio público a que todo el mundo puede acceder, y donde se borran los límites de los espacios que hacen a lo laboral/estudio respecto a los espacios del hogar. Ocurre lo mismo con los tiempos. Tiempo y espacio se convierten en unilineales, todo transcurre en casa: trabajo o estudio, cocino, almuerzo o ceno, voy al baño, cambio a mis hijos o juego con ellos, y al rato prendo la computadora para conectarme a dar una clase de Historia.

 Esta modalidad de trabajo/ estudio viene a alterar la construcción y pautas de los tiempos y espacios que durante siglos nos han conformado como sujetos en esta sociedad. No ha sido antojadizo que los centros de estudio y trabajo estuvieran fuera del hogar. Si bien ello ha sido parte de la lógica capitalista desde la Revolución Industrial hasta nuestros días, en este último período se viene imponiendo esta nueva lógica del trabajo en línea y en casa. Una forma de controlar en mayor medida al trabajador, ya que se desdibujan los horarios de trabajo, y por lo tanto se trabaja más y sin pago extra; también se desdibujan las pautas que regulan ese trabajo, las propias normativas que lo regulan y las directrices de quienes lo dirigen o son las autoridades, en este caso. El trabajador no tiene compañeros de trabajo y le es más difícil compartir, ser solidario y organizarse sindicalmente. El sueño de todo empresario para explotar y dominar más a sus trabajadores.

Podemos decir que las autoridades de la Enseñanza en Uruguay han destruido en pocas semanas toda la normativa laboral que regula el trabajo docente. Primero, asegurando que la enseñanza “virtual” es obligatoria, imponiendo dicha modalidad de trabajo, cuando nuestra tarea es eminente y necesariamente presencial. Por ello luego dan marcha atrás y aceptan la realidad, pero queda impuesta la “virtualidad” como tal. Segundo, imponiendo la libreta digital, lo cual hacen a través de una resolución el 21 de abril (las clases habían comenzado el 1 de marzo) y la continua fiscalización de las Inspecciones de Institutos y Liceos y de Asignaturas para que todos los docentes cumplan con las órdenes dictadas.

Además de pagar varios salarios para fiscalizar y no para aspectos pedagógicos, las autoridades han sido poco claras en definiciones y resoluciones. Todas las que han llegado a los docentes y a los centros educativos vienen signadas por un “grupo o equipo de trabajo” y son “orientaciones”. Claro, pasan los días y las autoridades convierten esas “orientaciones” en resoluciones o le dan una interpretación a su antojo. Ha ocurrido que en distintos centros educativos se aplican interpretaciones diferentes de una misma resolución o “documento de orientación”. Obviamente, dicha interpretaciones vienen dadas por personas que ocupan diferentes grados dentro de las jerarquías de Secundaria. 

Caos, esa es la palabra. Caos generan las autoridades con tanto documento, definiciones dichas y ocultas, interpretaciones, ordenes verbales que luego modifican, etc. Los centros educativos y los docentes estamos viviendo horas de profunda preocupación y malestar por toda esta situación y donde además se exige cierre de promedios y otras tareas administrativas que tienen escasa relevancia en momentos de pandemia. Las autoridades pretenden que se entreguen juicios con calificaciones. Tuvimos dos semanas de clases… el resto por la pantalla de la computadora o del celular.

Ahora, ¿cómo viven esto los jóvenes? Primero, en general se conectan pocos por grupo. No todos tienen dispositivos o pueden acceder a ellos. Muchos otros van a los liceos a buscar tareas o a estudiar allí, como decíamos. Segundo, la pantalla no los motiva. Desean estar en clase, y por supuesto, compartir espacio con sus pares. Pero también quieren estar en el aula aprendiendo, atendiendo a una clase.

Ello nos demuestra que la realidad está demasiado lejos del discurso que se propala a viva voz y que dice “que las clases son aburridas”, “que los jóvenes no quieren ir al liceo”, “que no aprenden”, etc. Todo parece indicar que aquello que los jóvenes no quieren es la “virtualidad”, y lo dicen ellos mismos. Los que los tiene aburridos es el encierro y la pantalla.

Toda esta imposición no es casual. Se enmarca en la avanzada de una reforma neoliberal en la enseñanza, una etapa más de esa reforma neoliberal que bien hemos resistido los pueblos del continente desde los años ’90, por lo menos. Una reforma cada vez más tecnocrática, centrada en la tecnología y no en los verdaderos actores de la enseñanza: estudiantes y docentes. Las máquinas y la tecnología no enseñan por arte de magia, mejor dicho, no enseñan. Somos los hombres y mujeres que las manejamos los que damos sentido y valor a lo que se hace con ellas. Y necesitamos todo un soporte previo para saberlas manejar. Necesitamos tener elementos para procesar la información que allí, otros hombres y mujeres colocan. Y esas herramientas, ese soporte no lo enseñan las máquinas, lo enseñan seres humanos haciendo y diciendo y estando juntos.

Es necesario salir de una vez del mundo plano de la pantalla, sin contacto real, sin posibilidades de intercambio y debate en el aula, para colectivizar saberes y darle un cauce a este malestar, que no es solo de los docentes. Estas generaciones de estudiantes no solo están perdiendo clases reales, están perdiendo espacios de socialización y encuentro, y sus vínculos se están haciendo cada vez más distantes con sus pares y cada vez más “virtuales” también. Ello es realmente preocupante.

La oportunidad para la Reforma Educativa que quieren imponer

Sin lugar a dudas la pandemia ha servido como excusa y como momento para imponer grandes ajustes, grandes cambios o profundizar muchos aspectos que ya se venían desplegando en la sociedad capitalista. En Uruguay, a nivel de la enseñanza, ha sido el momento propicio que las autoridades encontraron para imponer la “educación virtual”, como ya señalamos. 

Esta modalidad “virtual” de enseñanza, no es pasajera, no está acotada en el tiempo, sino que viene a instalarse en forma permanente y seguramente, permanecerá. Tal vez en forma dual junto a la presencialidad, algunos cursos serán virtuales seguramente, podría ser que algunas asignaturas pierdan horas de clase o realicen algunas de ellas en forma virtual, como ya ocurre desde inicios de año con Educación Física (¡!??!!) y otras situaciones que irán viniendo en el futuro cercano.

Se instala así en el centro de la actividad educativa la concepción instrumental de la misma y de todo su funcionamiento. La imposición en Brasil de “Escola sem partido” y la eliminación de asignaturas “humanísticas” o de “letras” son las variantes más retrógradas, neoliberales y cuasi fascistas de esta concepción, pero la diferencia es de grado. Se priorizan cierto tipo de conocimientos mensurables, a los que se puede aplicar el método científico de las “ciencias duras”, en sí se entroniza nuevamente el positivismo más burdo desde lo metodológico, aunque luego desde las didácticas de las asignaturas o desde la “gestión” y “planificación educativa” se hable con cierto lenguaje aparentemente inclusivo y que ofrece la sensación de estar posicionado desde una matriz del pensamiento complejo. Pero nada más lejos de ello, solo se toma un cierto barniz y algunos vocablos para encubrir los preceptos más neoliberales y excluyentes que se puedan pretender para la Enseñanza.

Grandes corporaciones están detrás de estas líneas de acción, y tienen sus amanuenses en cada geografía. Aquí ha sido el equipo de Eduy21 conformado por especialistas y técnicos de derecha, pero sus principales referentes son progresistas y fueron parte del gobierno del Frente Amplio en algún período. Es el mismo equipo que trabajó para la Reforma Educativa de los 90, la misma que colocó la Educación Técnica al servicio del capital extranjero, cerró las escuelas nocturnas y eliminaba las asignaturas para pasar a “áreas de conocimiento” en el Primer Ciclo de Secundaria. 

Ese equipo es el que ha diseñado todas estas políticas que hoy se están aplicando. Algunos de sus principales referentes hoy están decepcionados porque no han sido llamados a ser parte del gobierno de la Enseñanza, algunos discrepan con alguna implementación, pero todos están de acuerdo en la aplicación de la política educativa del Banco Mundial y en los lineamientos políticos y económicos del Fondo Monetario Internacional. Esto último puede sonar panfletario, pero no lo es. Basta revisar su bibliografía y sus propuestas. Llevan ya 35 años de trabajo continuado al servicio del gran capital, y lo peor de todo, construyendo un sentido común que socava la rica tradición de la enseñanza pública uruguaya.

Algunas experiencias referidas a “exámenes virtuales”

Para el final dejamos un aspecto no menor de la virtualidad, que refiere a la evaluación, o a una forma de evaluación, que es el examen. Nos permite graficar la realidad “virtual” que estamos viviendo.

En este marco tan complejo detallado anteriormente, las autoridades de la DGES establecen que los exámenes del período de abril se realicen en mayo debido a la suspensión de clases. Pero en mayo en realidad, se desarrollan dos períodos separados por pocos días. Es decir, primer período hasta el 15 de mayo y el segundo del 16 al 29 de mayo. Además, los exámenes deben ser virtuales en forma obligatoria, siendo la presencialidad la excepción justificada por los padres de los estudiantes sino hay conexión o existen problemas en el hogar.

¿Cómo es un “examen virtual”? El estudiante y el tribunal se conectan por medio de alguna plataforma virtual (Zoom, Crea, etc.), al estudiante se le explica la propuesta y la realiza en su casa. Claro, debe mantener prendida la cámara y micrófono, subir la tarea o foto a la plataforma una vez finalizada en el plazo estipulado para dicho examen. Los docentes corrigen dicha propuesta enviada por el estudiante y luego se vuelve a conectar para entregarle el resultado. Si aprobó, se le dice la nota y finaliza allí el examen. Si no aprobó, se le dice la nota y debe conectarse nuevamente para el examen oral.

Relatada así, para el lector acostumbrado a los medios digitales, suena fácil, no debería revestir ninguna complejidad. Pero es más complejo de lo que parece a simple vista. En el período que transcurre el examen ocurren muchas cosas y que podrían catalogarse como irregulares. Vamos a mencionar solo algunas de las que nos han ocurrido o hemos conocido a través del relato de diversos compañeros docentes. No nos referimos a una experiencia particular de un liceo, sino a una cierta generalidad que da cuentas de un serio problema que se está gestando a nivel de la Enseñanza. 

Muchos padres han optado porque sus hijos rindan los exámenes desde sus hogares en modalidad virtual. Es lógico, ya que las autoridades de la Enseñanza han impulsado y difundido por los medios de prensa dicha modalidad. Pero han acontecido, en prácticamente todas las mesas de examen, problemas de diversa índole: conexión a internet que se cae en el hogar y/o en el liceo, estudiantes que no poseen wifi o equipos adecuados -tampoco muchos docentes- y muchas veces tienen pocos datos móviles para poder conectarse. También las constantes reconexiones a Zoom y en las cuales muchas veces algunos estudiantes no se reconectan (“se perdieron en el “espacio virtual””), algún estudiante que se desconectó o no se volvió a conectar y finalizado el plazo igualmente sube una propuesta. O los docentes no sabemos qué pasa detrás de los dispositivos móviles (detrás de la cámara); hemos presenciado situaciones incómodas en los hogares y donde los muchachos muchas veces no tienen un espacio adecuado para rendir el examen. 

En muchos casos, ante estas situaciones, hemos dado la oportunidad de que muchos estudiantes concurran al liceo a rendir el examen y se hace allí en forma virtual (una especie de “presencialidad virtual”). Este hecho implica que los estudiantes salgan de apuro de sus casas para llegar al liceo y de este modo, se extiende la jornada del examen.  

Anécdotas como exámenes orales que se tomaron por teléfono, familias que pasan por detrás del estudiante y nos van saludando, mascotas que interfieren en el momento del examen y podríamos agregar un largo etcétera, que seguramente muchos compañeros pueden ayudar a completar y brindar otros ejemplos.  Situaciones todas totalmente anormales y que generan malestar e incomodidad en docentes y estudiantes y una nebulosa en cuanto a las formas de resolución de las mismas.

Por cierto, que los exámenes son más extensos, duran más tiempo, se vuelven jornadas interminables, pero ello no redunda en la atención a los estudiantes y en dedicarle más tiempo a ellos, sino que ese tiempo se utiliza en avisar a los estudiantes que se conecten en cada ocasión, las reconexiones constantes, las correcciones que se vuelven caóticas por vía virtual, llenar las dos actas (la de papel y la de la plataforma Crea), etc.

 Se han llegado a tomar exámenes presenciales (con aquellos estudiantes que sus padres los autorizan a concurrir al liceo por problemas de conexión en sus hogares), otro grupo de estudiantes a través de la plataforma Zoom y otros a través de Crea, trabajando en tres niveles, uno presencial y dos virtuales. Una verdadera locura. 

Pero por sobre todas las cosas, quienes están en el centro son los estudiantes y sus derechos, que mediante esta modalidad examinadora y todo lo que ello habilita, se ven vulnerados. El examen es una instancia pedagógica más, mediante la cual intentamos cerrar un proceso mínimo de aprendizaje de aquellos estudiantes que no lo pudieron hacer por diversos motivos a lo largo del año. Especialmente en Ciclo Básico. Por lo tanto, esta modalidad “virtual” no brinda garantías a los estudiantes ni a sus familias. Se vulnera el derecho del estudiante a completar su ciclo educativo o a avanzar en él, para imponer una modalidad que de pedagógica no tiene nada o muy poco. Los docentes trabajamos con el vínculo con el estudiante: es desde el vínculo pedagógico que muchas veces logramos atrapar a los jóvenes en clase, hacer que entiendan un tema, despertar la pasión por el conocimiento o por tal asignatura, pero también es desde allí que trabajamos las relaciones sociales y abordamos muchas veces problemáticas realmente duras de sus vidas, intentando generar un acompañamiento.

Seguramente muchos de los estudiantes que rindieron en forma “virtual” el examen y lo perdieron, de haber estado en el liceo en forma presencial, con los profesores delante, hubieran salvado. Obviamente no todos, no decimos que los exámenes presenciales son la panacea y que todos salvan en forma presencial, pero aquí en esta instancia a los estudiantes se los dejó solos en sus casas, lejos de la institución educativa y de sus docentes. 

Para sumar otro elemento: algunos colegios privados ante todas estas irregularidades, establecieron protocolos y pautas claras para los exámenes, seguramente basados en este tipo de experiencias que relatamos. ¿En la Enseñanza Pública porque no existieron este tipo de pautas y protocolos?

“Se evitan aglomeraciones,” nos dirán las autoridades. Pero lo cierto es que los exámenes en cada liceo se pueden organizar en forma correcta con los salones disponibles. En algunas instancias había inscriptos más de 50 alumnos y se presentaron alrededor de 20. Ello es posible manejarlo mejor en forma presencial y, por el contrario, es mucho más complejo hacerlo en forma virtual.

Si como señalan las autoridades de la Enseñanza desde hace varias administraciones, que debe colocarse en el centro al estudiante, que ello se vea reflejado en hechos concretos y que se tome en cuenta la realidad social que vivimos. No basta con un discurso vacío hablar de la “centralidad del estudiante” solo con el objetivo de imponer de manera autoritaria una reforma educativa, donde la virtualidad juega un rol preponderante. Si los estudiantes verdaderamente están en el centro de las preocupaciones y del proceso pedagógico, debe haber presupuesto adecuado para la Enseñanza, grupos reducidos, inversión en infraestructura y recursos didácticos, etc. 

Si creemos que lo central son los estudiantes, no podemos permitir que se vulneren sus derechos ni que la enseñanza se convierta en cualquier cosa.  Esperamos que las autoridades reflexionen sobre lo que han sido estos exámenes virtuales, revean las resoluciones tomadas y escuchen a los colectivos docentes que somos quienes a diario le ponemos el hombro a estas situaciones y conocemos a los estudiantes con los que trabajamos. También que escuchen la voz de los estudiantes, que tienen mucho para decir acerca de la virtualidad.

A modo de cierre….

Nos parece importante que otras voces de compañeros se sumen, que denuncien, que cuenten su malestar, su incomodidad, o sus discrepancias, obviamente. Una aplanadora nos ha pasado por arriba con esta pandemia. Las aulas están vacías y están llenos los bolsillos se quienes pretenden un “mundo digital” en su máxima expresión. Han precarizado nuestras vidas aún más, ¿hasta cuándo seremos capaces de tolerar esto?

Por ello nos parece importante escuchar otras voces, no solo de docentes, sino de estudiantes, de padres y madres, de trabajadores y que de esas polifonías surjan las Tramas de la Resistencia en defensa de una enseñanza del pueblo y para el pueblo.

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Esta entrada tiene un comentario

  1. Marcela Rojas Méndez

    ¡Excelente! Totalmente de acuerdo. Es un sistema neoliberal donde importa lo funcional-formal del sistema y no la producción del conocimiento. Y hay muchas cosas más que denunciar en este sistema que pervierte el encuentro y producción del conocimiento.
    Marcela Rojas Méndez Máster en educación, Doctoranda en Ciencias Humanas y Sociales, investigadora internacional en educación.

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