“Educación integral”: la Comuna de París y el Banco Mundial. La integración a las letras y la integración al mercado

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En lo que sigue, considerando la Comuna de París como acontecimiento que desborda los calendarios y los mapas, nos detenemos en algunos aspectos de Los cantos de Maldoror del poeta franco uruguayo Isidore Ducasse, y en la adulteración que sufrió y sigue sufriendo el concepto comunardo (y hasta hoy revolucionario) de “educación integral”, capturado por las políticas educativas del Banco Mundial y de sus aplicadores locales. 

Una Comuna avant (y después de) la lettre

En 2021, dos vías paralelas permiten imaginar la Comuna de 1871. Por un lado, la Comuna es el acontecimiento por antonomasia, el nombre propio que toma lo incalculable, lo que sucede más acá de cualquier cálculo, de cualquier previsión o pronóstico. Lo que solo a posteriori puede ser incluido en un encadenamiento narrativo y, por lo tanto, provisto de causas y de efectos. Aquello cuya existencia retrospectiva depende de su inserción en un relato capaz de reseñarlo, aunque siempre a posteriori y nunca por adelantado, puesto que el acontecimiento viene a agujerear cierta lógica de la acción y de sus condiciones de posibilidad. En este sentido, el acontecimiento se emparienta con lo imposible, con lo que era imposible concebir por adelantado, lo que carecía de sentido anticipable y, no obstante, ocurre.

Por cierto, nada de esto impide que uno identifique condiciones previas, aunque ninguna -ni aislada, ni agrupada- alcance para identificar la llegada del acontecimiento. Lo diré con las palabras de Patrice Vermeren: “El acontecimiento no procede de ninguna necesidad histórica. Uno siempre puede decir que el advenimiento de la Comuna lo prepararon el recuerdo de 1789, de 1830, de 1848, las ideas republicanas defendidas en la prensa de oposición al Segundo Imperio, la influencia del pensamiento de Proudhon, de Blanqui o de la Asociación Internacional de los Trabajadores, la agitación de las clases laboriosas y las huelgas que marcan el fin del reino de Napoleón III, o el hecho de que la geografía de la población parisina hubiera evolucionado; no obstante, la insurrección habrá sido del orden de un surgimiento inesperado, difícilmente percibido como tal -como una insurrección- por sus propios actores”1.

Este enfoque desarrollado por Patrice Vermeren vuelve menos aceptables los juicios que pretenden evaluar el atraso o la anticipación de este acontecimiento en el hilo del tiempo, porque esto supondría que el tiempo histórico dispone de “momentos” – de mesetas de tiempo- en los que vendrían a alojarse los acontecimientos, cuando les llega la hora. El carácter prematuro o tardío de la llegada sería una especie de accidente en el buen desarrollo -en el desarrollo acompasado- del hilo del tiempo y de los hechos que en él van a acomodarse. Así, Patrice Vermeren nos lo recuerda, el juicio escrito de Karl Marx sobre la Comuna -“revolución prematura”- y la alegría de Lenin (alegría efectiva o mitológica) el día en el que la revolución bolchevique supera las setenta y dos jornadas de la Comuna de París, como si finalmente hubiera habido una concordancia feliz (victoriosa) del hilo de la historia con los hechos que la componen. De igual modo,  cuando la historiografía de la Francia republicana plantea la Comuna en tanto que premisa salvífica de la República -“como si los insurrectos que combatieron y murieron en París hubieran salvado la Repúbica”, añade Patrice Vermeren2, es posible seguir identificando en ese enfoque una especie de rechazo al acontecimiento en tanto que horadación no calculable de la trama, une especie de rechazo al « fuera de la Historia » que no obstante hace a la Historia.

Por otra parte, uno podría imaginar la Comuna, ese acontecimiento por anticipado incalculable, como lo que ya estaba en su lugar, y en acto, antes y allende: lo que estaba presente no como causas (o condiciones favorables) sino en tanto que acto, en tanto que acontecimiento. Kristin Ross, en mi opinión, parece adoptar este enfoque cuando se apoya en la caracterización de Marx -la Comuna es “existencia en acto”- e identifica mucho antes del 18 de marzo de 1871 y mucho más allá del 28 de mayo, una Comuna avant (y después de) la lettre3.

Lejos de un recorte de los hechos en términos de “causas de los hechos – hechos- consecuencias de los hechos”, Kristin Ross encuentra la Comuna por fuera de los límites temporales marcados por el fracaso de Adolphe Thiers en su intento de recuperar los cañones estacionados en Belleville y por el “éxito” de la semana sangrienta perpetrada por el mismo Thiers. Porque, si se piensa la Comuna en tanto que existencia en acto, mucho más que en tanto que proyecto programático que debe llevarse a cabo, sus límites no se corresponden con los de las relaciones de fuerza en sentido estricto, es decir, con los límites planteados por la sucesión de fracasos y de victorias que ocurren en el curso de una lucha para apoderarse del poder institucional que permitirá la realización de un programa que, en el caso preciso de la Comuna, está justamente ausente o borrado por “una existencia en acto”. 

Por otra parte, esta busca de la Comuna por fuera de las setenta y dos jornadas que habitualmente la constituyen hace pensar en el castillo inmenso, tan apreciado por Jorge Luis Borges, al que llegan Jacques el Fatalista y su amo y en cuyo frontispicio está escrito: “No pertenezco a nadie y pertenezco a todo el mundo. Estaba usted antes de entrar y cuando usted salga seguirá estando.” A menudo Jorge Luis Borges citó esas palabras de Diderot; lo hizo en su poema « A Francia »4 pero también y sobre todo las pone, en francés, como epígrafe de su relato « El congreso »5, en el que es cuestión de las dificultades encontradas por un estanciero de la Pampa argentina que desea organizar un congreso que reúna a los representantes de todo el género humano, dificultades por cierto ligadas a los problemas de la representación, como operación política tanto como semiótica. 

Como el azar (a veces) hace bien las cosas, en “El congreso”, relato borgesiano que lleva como exergo esa paradoja espacial y temporal concebida por Diderot, también hace su aparición Anacharsis Cloots, ferviente revolucionario guillotinado, como tantos otros, en 1794. En efecto, el narrador de ese relato declara que es la historia de Anacharsis Cloots contada por Carlyle y es su condición de “orador del género humano” lo que habían inspirado al protagonista, estanciero de la Pampa argentina, la idea de fundar el “Congreso del Mundo”. Es pues el volumen de Carlyle que cuenta la historia de Anacharsis Cloots lo que se halla en “la raíz” de su “historia”. Por otra parte, “El congreso” fue leído como una “narración imposible”, sostenida por el arte constante de la digresión6, que da cuenta de un acontecimiento imposible, a saber, el congreso de la humanidad.

Por nuestra parte, esta digresión por el lado de la Pampa argentina en la que encontramos a Anacharsis Cloots y su vocación de igualdad universal nos permitirá considerar el espacio-tiempo de la Comuna a semejanza del castillo de Jacques y de su amo, o por lo menos a semejanza de la inscripción grabada en el frontispicio de dicho castillo. Un acontecimiento, lo imposible devenido existencia en acto, desborda los límites temporales, espaciales y conceptuales asignados.


1 Patrice Vermeren, ver « La barbarie lettrée, la république universelle et l’éducation intégrale » en  Le Télémaque. Philosophie. Éducation. Société, no. 59, junio de 2021, Université de Caen. https://www.cairn.info/revue-le-telemaque-2021-1-page-59.htm
2  Ver Patrice Vermeren, op .cit.
3 Kristin Ross, en particular,  L’imaginaire de la Commune, Paris, La Fabrique éditions, 2015, traducido del inglés por Étienne Dobenesque.
4 He aquí el comienzo del poema: “El frontispicio del castillo advertía: // ya estabas aquí antes de entrar // y cuando salgas no sabrás que te quedas. // Diderot narra la parábola. En ella están mis días, // mis muchos días. // Me desviaron otros amores // y la erudición vagabunda, pero no dejé nunca de estar en Francia // y estaré en Francia // cuando la grata muerte me llame en un lugar de Buenos Aires….” (Obras Completas 3, Buenos-Aires, 1996, p. 194).
5 J. L. Borges, « El congreso », El libro de arena, Barcelona, Plaza & Janés, 1977.
6 Iván Almeida, “Le Congrès ou la narration impossible.” Variaciones Borges 1.1 (1996), 67-87, Aarhus Universitet, Aarhus, Danemark. Ver también Alma Bolón, « Jacques le Fataliste en “El Congreso” », Variaciones Borges 29 (2010), University of Pittsburgh, Pittsburgh, EEUU.


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