El mundo frente a la peste, nosotros frente a la peste.

El triunfo de la Muerte, Pieter Brueghel. Museo del Prado
El triunfo de la Muerte, Pieter Brueghel. Museo del Prado
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Estos meses/ años la humanidad ha transitado por fenómenos que universalmente parecían solo conocidos a través de la literatura o la historia o algunas películas de ciencia ficción, pero esto no es del todo cierto. Pandemias y epidemias hemos tenido de forma constante pero no tan distribuidas en la cantidad de afectadas y afectados. 

El sida, las enfermedades en determinadas regiones de poco desarrollo, que afectan comunidades discriminadas o pobres fundamentalmente y por tanto no son parte de la “agenda” que imponen las diferentes redes de información. Han sido una constante que no emergía, no tomaba forma de asunto público relevante más allá de que era tema de las luchas de los sumergidos por la vida, por su propia vida.

Esta vez, la pandemia fue tal, tomó un carácter universal que afectó dramáticamente a los países y las sociedades de todo el planeta, pero como en situaciones anteriores los efectos o los daños se distribuyen de manera muy desigual entre los diferentes países y dentro de los mismos entre los integrantes de la sociedad.

La desigualdad entre países una vez más coloca de forma dramática lo que se ha denunciado hasta el cansancio. Los ricos se quedan con recursos que no llegan a los países más pobres. Los beneficios se reparten así y en un momento de escasez de insumos vinculados a la pandemia, desde mascarillas a vacunas, los ricos han privado al resto de poder contar con esos recursos. Esto no es posible describirlo como un problema de privaciones materiales, más bien es la batalla por la vida, así crudamente, donde la consecuencia es que ese tipo de distribución lo que garantiza es la muerte.   

La desigualdad al interior de los países se está evidenciando como un gran debe de nuestras sociedades, ricos más ricos y pobres más pobres que campean diferente los efectos de la pandemia y con diferentes políticas públicas que protegen más o menos frente a la intemperie.

Todo esto es mediado por unos medios de prensa que lejos de ser “neutrales” o dar cuenta del conocimiento científico disponible han realizado un trabajo de sostener agendas que terminan no cuidando y no dando cuenta de los avatares de las grandes mayorías, nobleza obliga señalar que existen excepciones.

Las y los más afectados, las infancias.

Niñas, niños y adolescentes son los más afectados por la pandemia. El año 2020 implicó el cierre de cursos escolares para el 90% de los estudiantes del mundo1. La no escuela afecta no solo el derecho a la educación, sino que también determina el acceso a otros derechos, las matrices (fuertes o débiles) de protección social, los asuntos de salud mental, la socialización. Sin mencionar lo que son los efectos de la crisis económica sobre la vida cotidiana de nuestros gurises.

La educación fue una de las áreas más afectadas por las medidas para combatir al COVID 19 ya que el cierre escolar fue una de las medidas para reducir los contactos y la movilidad social. 

El derecho a la educación y el resto de los derechos que la participación de los estudiantes en el sistema educativo garantiza fueron severamente afectados, la humanidad aún no tiene claro el tamaño del daño que se ha producido sobre las infancias.

El cierre escolar no solo afecta el derecho a la educación y expulsa del sistema educativo a millones de estudiantes, sino que afecta también el acceso a la matriz de protección social, el derecho a la salud, la alimentación, la socialización, entre otros efectos ya estudiados, por tanto, es un momento dramático para nuestras infancias2.

Los efectos del cierre escolar por el COVID también dieron cuenta de las brutales diferencias entre países y dentro de los mismos, no a todos los afectó igual y las respuestas de las políticas públicas son bastante disímiles según los signos de los gobiernos. El lugar del Estado en este momento pasó a ser absolutamente indiscutible.

Existe un consenso bastante extendido entre organizaciones internacionales que se dedican a la infancia y a la educación, así como actores de la academia, profesionales de las áreas salud y educación, sindicatos, estudiantes y familias acerca de que la escuela debe ser lo último en cerrarse y lo primero en abrirse, por períodos breves y con medidas que den cuenta de la posibilidad de asistir a la escuela de forma segura. También existe consenso en que el mundo adulto y particularmente los Estados deben de prever y asistir a las infancias en las afectaciones que produce el cierre de escuelas.

Cuando miramos el mapa en materia de políticas públicas frente al cierre de escuelas es realmente desolador, los países han logrado paliar una situación vinculada a la alimentación en algunos casos, pero en líneas generales las noticias son malas. 

Mantener la conexión con la escuela a través del medio que sea es el mejor escenario para millones de estudiantes, las condiciones previas de acceso a internet y tics, organización de los arreglos de cuidados y desigualdad preexistente han sido limitantes muy claras a la hora de enfrentar el cierre.

Las políticas públicas de protección y mitigación de daños para nuestras infancias no parecen tener relación con el tamaño del problema, salvo Estados presentes o más preocupados por la suerte de las grandes mayorías. En general los países con gobiernos conservadores de esta parte del mundo han sido bastante tímidos en proteger a las infancias de los sectores populares, en línea con una timidez por proteger a los sectores populares en general con las consecuencias sanitarias, económicas y sociales que estamos viendo. Las iniciativas de conexión a internet, acceso a equipos informáticos, espacios de conexión , etc. han sido realmente insuficientes para la mayoría de los estudiantes a la hora de garantizar aprendizajes y cierto acceso a derechos.

Nuestras sociedades han quedado presas de una desigualdad imperante en el cierre de escuelas y de una agenda difícil de instalar en un momento tan dramático para los sectores populares, cuando la situación económica y la ausencia de políticas robustas de protección social llevan a la intemperie a grandes contingentes de ciudadanas y ciudadanos, cuando la muerte se vuelve tan cotidiana, a las infancias les va mal. 

Los datos de pobreza, alimentación, acceso a prestaciones sociales de los gurises en pandemia son dramáticos.


1 Para ver evolución de cierres escolares https://es.unesco.org/covid19/educationresponse/
2 Gach. Informe consideraciones para el inicio de clases. 28 de febrero de 2021. presenciales.https://www.gub.uy/presidencia/comunicacion/publicaciones/pediatras-recomiendan-retorno-clases-presencialesv 

Siempre que llovió paró, claves para mañana.

Necesitamos una batería de luchas y políticas públicas que prioricen a nuestras infancias y adolescencias, medidas de bienestar social, de mitigación de efectos de la pandemia en diferentes dimensiones de la vida que fueron afectadas. Probablemente asistimos al momento más regresivo en términos de derechos de las últimas décadas para ellas y ellos.

En la postpandemia necesitaremos medidas que den cuenta de las diferencias a la hora de enfrentar el cierre, planes específicos para quienes se desvincularon del sistema educativo y un shock de acciones paliativas sobre todas las áreas afectadas de la vida de nuestras infancias. Sabiendo que esto no repara cosas tan básicas como que un ser humano no puede comer en diferido.

Los aprendizajes y la vinculación con la escuela parecen ser un primer desafío que requiere de recursos, de más docentes, de más acciones que revinculen, que permitan aprender y desarrollarse luego de un período de intemperie.

La salud, cultura, deporte, recreación, socialización, acceso a circulación por el territorio, necesidades varias deberían de ser objeto de acciones y luchas específicas. 

Las familias y los docentes han dejado todo por mitigar los efectos de la pandemia, los gurises han hecho lo imposible, es hora de que los Estados y Organismos Internacionales jueguen sus cartas. Vivimos en una región en plena transición demográfica y el esquema de intervención conservadora se parece mucho a una intervención casi criminal.

Todas las acciones que preserven a nuestras infancias son parte de nuestras luchas necesarias y colectivas en una batalla más contra la pandemia de la desigualdad. Esa que sigue sin tener vacuna.

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