ALGUNOS RECUERDOS DE LA CARA A DEL DISCO “SOBRE PÁJAROS Y ALMAS”

La Habana 1978
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Cuando Pablito Silveira me llamó para que escribiera “algo”, lo que se me ocurriera, sobre Alfredo Zitarrosa… / no fue fácil decidir qué podría decir, que ya no estuviera dicho, que ya no hubiera sido recordado y expresado por alguno de los tantos amigos y colegas que en algún momento nos hemos referido al recordado cantor…

Comencé a meterme en el tiempo y a pensar en los primeros momentos que oí hablar de Alfredo… pero entonces, me habría hundido hasta mediados de la década del 60… demasiado extenso se hubiera vuelto ese “algo”.

Y como le dije a Pablo,  además, me resulta desapasible navegar tanto en el tiempo, cuando ya llego a los 71, y tantos compañeros de camino se nos han ido… En realidad ya estoy mucho más antiguo que el propio Zitarrosa a quien la parca se lo llevó a los 52 años. ¡Y  yo lo  llamaba cariñosamente: “el viejo”!…

Pero, Hay una imagen inolvidable, que me quedó grabada a fuego en la mente, y es verlo una tarde levantar sus manos y dejarlas caer sobre el Uruguay diciéndome, “¡Yo de aquí no me voy nunca más!”. Eran momentos difíciles, para mí y para él, no solo de trabajo sino también de recientes separaciones  familiares. Me dijo “Si te tenés que ir, hazlo… yo te entiendo”… pero, le contesté: “no, no me voy a ir. Nunca más!…” Estábamos en el fondo de la casa de Rimac 1515, con un mate, y quedó flotando el silencio. Entonces afirmó: “Pues, vamos a grabar un disco juntos”. Y así nació la idea que en aquel momento no era una representación clara de cómo sería el trabajo. Podría ser sencillamente una selección de canciones, de distintos autores, o nuestras… no sabíamos…

Hacía tiempo estando en el exilio, y en plena gira solidaria con Marcos Velásquez y José Carbajal por el sur de Francia, (me había llevado “Las milongas” de Washington Benavides) cuando, en Bordeaux comencé a cantar “Si esa naranja que pende”. Pero no funcionaba,  como canción se volvía muy extensa, y entonces seguí con el tema musical a manera de solo de guitarra. 

A Zitarrosa le gustaba aquella sencilla melodía y estando en su casa me pidió se la grabara, para, quizás, hacerle una letra.

Con su guitarra Contreras la grabé, y tres o cuatro días después apareció con un texto hermosísimo: “Así nomás”.

Así nomás
comprendiste por fin
que amar es más 
que vivir y morir.

Así nomás
catorce años atrás
pensando en ti
te sentiste amar.

Así nomás
nos separó la mar
así nomás
me empezaste a olvidar.

Así nomás
catorce años atrás
te ví y sentí
menos soledad.

Porque el tiempo que pasa
es como el tibio pan
que nace tierna hogaza
y acaba en dura sal.

Así nomás
te fue fácil odiar
tu amor no es más
que migajas al mar.

Así nomás
me empezaste a olvidar
así nomás
te empiezo a olvidar.

Pero, finalmente la idea del disco que grabaríamos, rumbeó para otro lado. Alfredo siempre había escrito cuentos y recomenzaba a hacerlo. Se le ocurrió trabajar sobre dos de ellos… Aunque, rondó por su cabeza uno más, le pareció buena idea que Washington Benavides escribiera un poema sobre ese tercer cuento, y le planteó el asunto por donde iría lo que tenía pensado. Según tengo entendido era una especie de contrapunto entre el cantor mayor y el cantor joven… Saqué esa conclusión cuando Bocha me leyó lo que había creado, pero la cosa fue que Alfredo jamás escribió el cuento… 

En marzo ya estábamos trabajando en “Sobre pájaros y almas”, porque recuerdo perfectamente que su último cumpleaños, el 10 de marzo del 88,  se festejó en casa. Todo estaba lleno de gente amiga. Cantores, poetas, guitarristas… mucho truco, Juceca encontró una “mina” de botellas de vino antiguo que yo había comprado en un boliche y le pareció que contenían  un nectar tan especial, que se las tomó todas… Moriana y Serena  llevaron una exquisita torta de cumpleaños…

Esa noche Alfredo me acercó algunos textos y nació la música de “Los Barcos dormidos” (Aclaro que en el disco, por equivocación de quien diagramó la carátula, el tema salió titulado “Los pájaros dormidos”). Fue muy emocionante porque Milo mi hijo holandés con  dos años, andaba en la vuelta, con sueño, pero sin querer irse a la cama, su mamá estaba en Buenos Aires, al nacer la primera idea musical de “Los barcos dormidos”, con terrible ruido festivo de fondo, se sentó a mi lado y comenzó a cantar  conmigo una melodía que era una especie de contrapunto a lo que yo iba haciendo, los dos improvisando, claro. Gracias a Silvio Ortega, aquella grabación fue posible y se salvó. Cuando Alfredo la escuchó se emocionó muchísimo.

Yo aún no conocía el cuento “Pájaro rival” y confieso que cuando Zitarrosa me lo leyó, me golpeó duro. 

En él hay mucho de autobiografico pero también distintas situaciones que se entrelazan.                                                               

Por ejemplo, es evidente que el cantor al que se refiere Alfredo era Caíto Díaz, gran amigo suyo y guitarrista de su cuarteto en la etapa del exilio, y hace un tiempo me encontré con otro compañero que  también fue integrante del cuarteto, en otra etapa, que me refirió que la terrible situación del canarito quemado se la había contado él, y que esa historia era verídica…

Zitarrosa amaba el canto flamenco, y su “empaque” en el escenario tenía mucho de eso. Entonces me planteó que la música para “Pájaro rival” debería “sonar” a petenera, o bulerías, etc…. / Bueno, yo había comprado en Holanda un método de guitarra flamenca, precioso, pero que le causo mucha gracia… entonces tomó la guitarra (y yo el grabador), y comenzó a explicarme todos los “toques” flamencos. Me dejó pasmado y no sé donde habrá ido a parar mi método de guitarra flamenca, para  qué lo quiero, tengo todas las enseñanzas grabadas en un k-set por Zitarrosa.

Después que ya estuvo grabado el cuento “Pájaro rival”, surgió el problema de con qué música acompañaría su voz hablada…/ Salió de una!. Como un director de orquesta se paró junto a Paco Grillo, técnico de la Batuta y por los audífonos me expresaba el ambiente apropiado. Simplemente fui recordando las melodías y acompañamientos de las canciones que ya estaban grabadas y alguna otra “cosita” como la “zamba flamenca” que siempre pensé, en algún momento se podría cantar, pero se quedó olvidada en un rinconcito de “Pájaro rival”…

Quedaron temas sin grabar, por supuesto, porque los tiempos para un long play eran limitados. Nunca terminamos, “la canción de Isaac”; a medio hacer quedó también “Pajarito de madera”… Había que sintetizar… y eso siempre es bueno.

Por aquellos tiempos estaba en Uruguay, Leonardo Palacios, excelente guitarrista y músico que andaba buscando la forma, junto a su esposa, holandesa, de radicarse en Uruguay. Le pedí que hiciera los arreglos… y aceptó con gusto. Hermano menor de Yamandú Palacios, Alfredo, sin embargo, no lo conocía pero estuvo de acuerdo en que fuera él quien hiciera ese trabajo, aunque se daban situaciones muy cómicas, porque nunca lo nombraba Leonardo sino: Leopoldo. Leonardo me decía bajito, “¡que no me vayan a poner Leopoldo en el disco”!… yo me reía y le explicaba que era una forma de bromear de Alfredo…

Zitarrosa,  no quería que hubiera nadie en el estudio, que no tuviera una participación en la grabación, cuando él estaba presente, claro… y  una de aquellas noches la rueda era grande, había mucha gente en la vuelta…estaban Leonardo, los guitarristas, los Hnos. Fernando (Chello) y Juan Rodríguez (violín), Ana Aphoteloz (flauta) y la esposa de Leonardo, que Zitarrosa no conocía, muy delgadita y con pelo cortito, llegó Alfredo y fue saludando a todos. Al enfrentarse a ella con su voz de trueno preguntó: “y este muchachito quién es?”… Leonardo con toda su timidez y humildad hizo la presentación:  “es mi esposa”… aaah, dijo Alfredo! se dio vuelta hacia mí y me susurró: “Me parece que la cagué ¿no?”

A veces teníamos grandes discusiones en cuanto a los arreglos… recuerdo el momento en que estábamos armando “Pájaro Ramón”… Los dos porfiados como “gallos comiendo tripa!”. Yo decía que deberíamos incluir un acordeón de doble hilera… y Zitarrosa absolutamente en contra y a favor de que sonara un violín… Era una trancadera inusitada… en la cual Leonardo nos miraba como en un partido de ping-pong… Nos salvó el doctor Tito Pais, que apareció por casa y también comenzó a escuchar aquella lucha titánica… de pronto dijo: “y si es un pájaro porque no usan una flauta…”? Flauta! remarcó Alfredo! Y se terminó el problema.

No puedo dejar de  emocionarme y les hago notar el texto del último tema de la cara A, que se llama igual que el cuento: “Pájaro rival”. Contiene  la despedida de Zitarrosa de la tierra… La canción tiene dos partes, una habanera, que luego se transforma en una típica milonga Zitarrosesca acompañada por Carlos Morales, Toto Méndez, Silvio Ortega y Julio César Corrales. 

El pasaje de la habanera a la milonga es un puente que Alfredo tenía muy claro… pero que no era entendido por nosotros… entonces agarró el guitarrón y se puso a tocarlo, como él dijo: “¡mal!”, pero recuerdo que estabamos escuchando, junto a Washington Benavides y Paco Grillo. Cuando él planteó de borrar aquello de un plumazo, los tres nos miramos y dijimos  “Eso no está mal ¡está perfecto!…” y quedó así como debía ser, con el yeito exacto, con el trasteo justo que recordaba, me imaginé,  al viejo Isaac.… pero además cuando escuchamos lo que cantó, y más aún cuando ya había emprendido su viaje por el universo, es inevitable  que la piel se nos ponga  “de gallina…”

Por sanar de una herida
he gastado mi vida
pero igual la viví
y he llegado hasta aquí...
Por morir,
Por vivir,
porque la muerte 
es más fuerte que yo
canté y viví en cada copla
sangrada, querida, cantada,
nacida
y me fui…

Era octubre-noviembre del 88, el 17 de enero del 89… la muerte aparentemente, pudo más! Yo no lo creo.

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