HOMENAJE A PILAR UBILLA

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Querida Pilar, hermana elegida, como nos decíamos: 

Mi intención aquí no es idealizar nuestro vínculo, siempre lo digo, sino rescatar lo genuino  del mismo, los que nos unió durante tantos años, ese amor y esa confianza que nos  permitió compartir caminos resonantes sin casi conocernos desde muy jóvenes, hasta que  ambas empezamos a cruzarnos y más que eso a compartir avenidas, puentes, obstáculos,  ideales y compromisos con la gente, en el momento que llamábamos promoción social o  desarrollo comunitario lo que pretendía ser educación popular. 

Momento aquél en que desde los sectores cristianos comprometidos con la teología de la  liberación o desde espacios estudiantiles, gremiales, cooperativos y otros sabíamos hacia  qué lado debían sumarse nuestros esfuerzos y opciones éticas en relación a los sectores  marginados. 

Sin embargo en esos momentos sólo hubo cruces concordantes. 

Después vino para mí el exilio con mi compañero, mientras vos quedaste jugándote la  vida y creciendo en tu compromiso social y político. 

Es luego de la dictadura que la educación popular en Uruguay se afianza como proceso  político. 

Luego de nuestro regreso al país, ambas éramos docentes militantes de los gremios, y ahí  recuerdo una gran movilización que se hizo para derogar la Ley de Impunidad que  perdonaba los delitos de los militares contra la dictadura, “el voto verde”.  

Con José Luis Rebellato, así como tantos compañeros y compañeras, empezaron a ser un  ejemplo de lucha, de coherencia en una activa participación y formación desde la  educación popular. Sin embargo, es en la Multiversidad Franciscana y gracias a José Luis  Rebellato con quien tú ya venías compartiendo caminos de formación y de lucha, de  resistencia activa y de verdadero compromiso ético político, que yo descubro a la mujer  educadora popular activa y combativa, formada y segura de sus elecciones y  compromisos. 

Es cierto que había otras compañeras excelentes que se habían formado con Rebellato y,  junto a él, crearon espacios maravillosos en la vieja escuela de servicio social, como  Cristina Oholeguy y Blanca Acosta. 

Sin embargo fue contigo Pilar que hubo un acercamiento muy intenso desde el principio  y ahí nos dimos cuenta que muchos años antes andábamos por los mismos campos de  praxis política. 

Me maravillaba escucharte hablar con José de las experiencias de formación en los  sindicatos, cooperativas, organizaciones vecinales con la metodología y la concepción  filosófica política de Paulo Freire, el gran educador popular brasileño, ya que fue por  ustedes que pude comprender mejor el significado de esa gran pedagogía de la esperanza  y del compromiso por los oprimidos. Claro que yo había estudiado a Freire y había  trabajado con herramientas de educación popular como docente en contexto crítico pero  en Multiversidad fue impactante.

Ya años anteriores con la revolución sandinista un mundo nuevo se abrió para nuestros  pueblos y educadores latinoamericanos. En mi caso, desde mi exilio en Suiza, yo sólo  podía apoyar humildemente desde una especie de comité latinoamericano de apoyo, algo  muy pequeño pero que nos daba mucha fuerza en esa esperanzada lucha por una  revolución joven que integraba a un pueblo entero contra un dictador y sus cómplices. 

Empecé a escuchar hablar del CEAAL, y también es en Multiversidad al integrarnos a ese  colectivo que comienza un nuevo modo de encarar el sentir latinoamericano, a  profundizar el concepto de hermandad y emancipación, de participación y sistematización  de las prácticas con el pensamiento y la experiencia de Don Paulo Freire, cosa que tú y  José Luis venían trabajando desde los 80. 

Sin dudas que en los años 90 con la primera intendencia de izquierda los procesos de  descentralización de Montevideo fueron muy fermentales en los barrios populares. El  libro “Democracia, Ciudadanía Poder” da cuenta de la importancia que la educación  popular supuso en esas transformaciones. Recuerdo que estaban muy orgullosos que el  primer Intendente de izquierda de Montevideo, el Dr. Tabaré Vázquez hubiese prologado  su libro. 

A modo de anécdota, en el año 1994 se produce una especie de crisis en la formación de  educadores populares, y son pocos los que se anotaron en tu curso de “Raíces e Historia  de la Educación Popular” (única vez, porque siempre se llenaba). Te pregunté “Pilar, ¿qué  hacemos? Lo postergamos?”, y tú me contestaste: “No, Ángeles, lo hacemos por esos  cuatro estudiantes que ansían una formación crítica y liberadora”. 

Fue maravilloso integrar el espacio de coordinación académica contigo y con José Luis. Épocas fermentales de formación, investigación y ediciones de libros. El tuyo “Abriendo Puertas”, así como la sistematización de “El ómnibus de El Abrojo”  fueron muy interesantes y ayudaron a muchas y muchos educadoras y educadores populares a afianzar sus búsquedas por una formación política, crítica, propositiva,  integral, humana. 

Aunque ustedes siempre me agradecían mi lucha constante por conseguir fondos para  proyectos de investigación, establecer redes y convenios nacionales y/o internacionales,  yo no era más que un vehículo para que personas tan capaces pudieran compartir saberes  y procesos de formación en sujetos políticos en comunidades tan variadas, donde la  exclusión era uno de los detonantes. 

Tu fuerte, Pilar, era la sistematización de experiencias, y todo el tema vinculado a los  cursos de formación permanente en educación popular. 

Discutíamos mucho… pero terminábamos riendo porque ambas éramos “cabeza dura”, y  decíamos “volvimos a empatar”. 

En noviembre de 1999 sucede una gran tragedia para todo el colectivo de educadores y  educadoras populares, pero muy especialmente para nosotras… José Luis fallece de un  infarto y eso nos destroza. 

Aunque fue hermosa la solidaridad y el amor que se desplegaron a partir de esa pérdida,  tanto en Uruguay como desde el exterior. Y aprovecho para agradecer especialmente a  CEAAL, al gran hermano Oscar Jara, a grandes educadores como Carlos Núñez y Raúl 

Leis (ambos desaparecidos), al Centro Martin Luhter King de Cuba, a Benito Fernández  de Bolivia y a tantas y tantos compañeras y compañeros que nos contuvieron y apoyaron. 

Sin embargo a nosotras se nos ensambló con el cambio de dirección en Multiversidad, y  nos llenamos de preguntas junto al colectivo docente, “¿cómo vamos a seguir sin José?”. 

En ese momento, fray Carlos Trovarelli nos apoyó incondicionalmente y empezamos con  él y contigo en un triunvirato de coordinación académica que nos refuerza y potencia,  siempre apoyadas, repito, por el colectivo permanente de la Maestría de Educación  Popular. 

Poco antes de morir me dijiste “esa fue la mejor época, se nos ocurrían cosas increíbles y  Carlos nos apoyaba y admiraba… confiaba”, cosa que lamentablemente después se nos  quitó: el apoyo desde el exterior y no pudimos mantener el sueño. 

PILAR siempre estuviste dispuesta a todo, a sistematizar experiencias muy diversas,  Rescato el trabajo responsable, de años junto a las Hermanas del Sagrado Corazón que  ellas tanto agradecen y que nos hiciste descubrir unas experiencias maravillosas, como  consecuencia de un cambio radical en religiosas que supieron pasarse de frontera. Los primeros encuentros con comunidades feministas y de diversidad de género,  cuántas cosas logramos construir en un momento que no teníamos demasiados apoyos. 

Luego destaco especialmente la alegría que nos dio participar en los movimientos  sociales en la crisis del 2001, en las primeras experiencias del Plan de Emergencia, en  los convenios con extensión universitaria en la formación de estudiantes, los talleres en  el interior, en el exterior, la participación en los Foros Sociales… Cómo te gustaba dar  espacio a los jóvenes, cómo disfrutabas cuando acompañabas las prácticas y tus modos  de hacer reflexionar de manera creativa, haciendo que un nuevo pensamiento pudiera  emerger desde cada sujeto político, tomando en cuenta la comunidad. 

Y finalmente destaco que en esa hermandad, incluimos a nuestras parejas, hijos e hijas,  ya que compartíamos las alegrías, preocupaciones y algunas tristezas. Sin dudas que tu apoyo en mis enfermedades fueron vitales, contigo yo lo hice, pero el  tiempo no nos dio tregua… y tuviste que irte. 

Hasta siempre, hermana, compañera y amiga divertida, rebelde, honesta, exigente, única  y conmigo, especialmente cariñosa. 

Angeles Núñez Echenique 
Montevideo, diciembre 2021 
[email protected]

CANCIÓN PARA DORMIR A ELENA

A María Elena Walsh 

Las canciones están tristes 
porque ella se marchó 
de este mundo del revés, 
de esta aurora con tortugas,
picazón y
algún ciempiés.  

Sembradora con guitarra
de la decencia y del amor,
militante convencida
de la metáfora con sol,
de la palabra jugada y
de la lucha con razón.  

Ojalá que en este viaje
conserves tu peluquita 
de ternura y travesuras,

Presentación libro Jornadas Paulo Freire. Homenaje a Pilar Ubilla.

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