Sobre Alfredo

En Argentina con Teresa Parodi
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Fui uno de los tantos guitarristas que tuvo el privilegio de formar parte del equipo de acompañantes de Alfredo.

Para situar en el tiempo mi llegada a ese lugar, contare lo más brevemente posible esa historia, ya que, a diferencia de los cantores, que todos conocen su historia, no sucede así con los músicos acompañantes.

De niño siempre me intereso la música, pero recién me puse a estudiar como a los 15 años.

Fue con Miguel Silva Aguilar, que era un guitarrista popular, acompañante de cantores. Era sobrino de José María Aguilar, que fue guitarrista de Gardel, y Froilán, ambos compositores, que tenía una academia, de canto y guitarra que se llamaba Carlos Gardel.

No era exactamente lo que yo quería, si bien conocía el tango, ya en esa época a los jóvenes no nos atraía mucho. Yo pretendía tocar música clásica, pero fue lo que pude encontrar.

Miguel me enseñó acordes y punteos para acompañar tango y folclore. Como aprendía rápido, al poco tiempo, empezó a llevarme a tocar con él y otros guitarristas veteranos que habían sido sus compañeros, Fontela, Pizzo, Remersaro y otros.

Tenía una peña los viernes y ahí venían cantidad de cantores aficionados y profesionales, entre los que estaban Carlos Roldan, Francisco Amor, Alberto Mastra, Fleítas, el Cacho Restano, alguno de los cuales acompañe más adelante; también recitadores, como Rufino Mario García, y otros; un rubro casi desaparecido.

Luego pude conocer a Atilio Rapat, que era el maestro más destacado en ese tiempo, a quien se podía acceder, con quien estuve estudiando unos años. 

Por esa época conocí a Ciro Pérez, que había venido de El Tala, y que más adelante seria uno de los guitarristas de Alfredo, que, junto con Nelson Olivera, y Gualberto López, fue el grupo que más tiempo estuvo con él.

Nos juntábamos con otros músicos a guitarrear, en un sótano que había en la calle Sierra, que alquilaba Pedro Hernández, un hombre que arreglaba guitarras, mientras estudiaba con Rapat, seguí trabajando como acompañante en teatros y boliches, hasta que me encontré en uno de esos lugares con unos colegas, y me propusieron armar un cuarteto para acompañar a José Carbajal.

Era un cuarteto del formato clásico con 3 guitarras y guitarrón, los integrantes eran; Alberto Larriera, Tulio Piña y yo en guitarras y Domingo Spano en guitarrón. Esto era en el año año 69.Trabajábamos mucho, en todo el país, porque José ya en esa época era muy reconocido.

Pero al poco tiempo se empezaron a complicar las cosas, por los enfrentamientos políticos, y la represión del estado a los sindicatos y movimientos populares.

A principio del 72, empeoro. Teníamos una actuación en el interior, no recuerdo bien donde, y el representante, le comento que lo presionaban para que moderara el repertorio, y no cantara determinadas canciones, a lo que José se negó, y no se hizo esa presentación.

A partir de ahí, trabajábamos muy poco, y un día que salimos del ensayo, nos fuimos los dos caminando, del centro por Agraciada, rumbo a Gral. Flores, donde él vivía, en una pensión, cerca de la Facultad de Medicina, y me dijo que se iba del país.

Textualmente me dijo “yo a la fábrica no vuelvo”; se refería a la textil de su pueblo Juan Lacaze, donde había trabajado.

No lo volví a ver.

Al poco tiempo el golpe de estado. 

Hago una acotación: «yo nunca viví de la música; ya de adolescente empecé a trabajar, para ganarme la vida, mientras estudiaba en la UTU, porque tenía claro que, viniendo de la pobreza, era la única salida»

Al no poder tocar, ya que en la dictadura era imposible, además de los problemas en mi trabajo, me dediqué a estudiar guitarra de nuevo, y pude contactar por un amigo, al maestro Abel Carlevaro.

Me acepto como alumno, y sin duda que fue ese tiempo, el que más aprendí en mi vida con la guitarra.

En esos tiempos conocí a Leo Masliah.

Trabajábamos ambos en una fábrica, y el, que tenía una gran formación musical, estaba empezando a escribir letras, y cada tanto me pasaba unos versos, con una letra pequeñita, que me resultaban asombrosos por su calidad.

La cuestión fue que un día nos planteamos de empezar a tocar aquellas canciones. 

El ámbito eran las cooperativas de vivienda, los sindicatos, y algún teatro de barrio, y otros lugares que se fueron creando como resistencia a la dictadura.

Así conocí a otros miembros de esos grupos, muchos vinculados a Coriun Aharonian, y la música contemporánea entre los que estaba Fernando Cabrera, que había formado un grupo llamado Montresvideo, con el que armamos equipo, para hacer un ciclo en el Teatro Circular, que al final fueron 3 temporadas.

También empezamos a viajar a Buenos Aires y Rosario, ya que en Argentina había tenido un suceso muy importante.

Una noche, estaba actuando con Leo y el Bebe Cerminara, en el teatro Tablas, al finalizar, alguien me vino a avisar que José Carbajal, que estaba en Buenos Aires, me quería contactar, para un gran espectáculo que iba a hacer en el Obras, con muchos invitados.

Fue todo muy rápido, viajamos un grupo grande de músicos, que incluía a Falta y resto.

Fue muy emotivo encontrarme con José después de tanto tiempo.

Después de ese recital, José volvió a Montevideo, y toque con él en unas pocas presentaciones, ya que el grupo se iba cambiando y el contacto era a través de encargados y representantes. No se parecía nada a lo de aquellos años que habíamos compartido.

Pase un año más o menos sin tocar en vivo, ya que Leo había tomado otros rumbos en su carrera, se había ido de la fábrica y ya no nos veíamos, y me dedique a estudiar algo más de música.

Con el fin de la dictadura, empezaron a volver los exiliados, y con ellos Alfredo.

Yo no lo conocía personalmente, si bien lo había visto en algunos boliches y vinerías donde frecuentábamos, y en un programa excelente que tenía en Canal 5 que se llamaba Generación 55.

A su llegada, había armado un grupo, como los que acostumbraba, y lo pudimos volver a ver.

Un día me llama Toto Méndez, a quien conocí cuando yo estaba con Leo y el con Abel García, y nos cruzábamos en algunos toques, para invitarme a integrar el cuarteto de guitarras de Alfredo.

Así que llegue al primer ensayo, y Alfredo me dijo; ¿tenes pasaporte? porque en 15 dias nos vamos a Islas Canarias.

Era un ciclo de presentaciones de música folclórica de varios países, y nosotros éramos representantes de Sudamérica.

Me dio una cassette con los temas que iban, y tenía un rotulo que decía; para que Carlitos estudie.

Yo no había hablado mucho con él, salvo en los ensayos, que eran un par por semana.

Su casa era en Malvin, y yo vivía en Lezica, Villa Colon, por lo que después del laburo me tomaba el 2 en el destino de salida y cruzaba todo Montevideo para llegar a su casa.

Mi primera conversación larga fue en el avión.

Salimos de tardecita, y viajamos toda la noche, unas 9 horas.

Como yo dormía muy poco, por mi trabajo, cuando me sentaba en el ómnibus, al minuto estaba frito. así que me prepare para dormir varias horas. pero Alfredo se sentó conmigo, y resulta que el jamás dormía en un viaje, además de fumar todo el tiempo.

Entonces empezamos a hablar.

De mí no tenía mucho conocimiento, solo que trabajaba en una fábrica y poco más, y una de las cosas que me pregunto, fue como era Leo Masliah, lo que me sorprendió un poco, y fue el inicio de la conversación.

En determinado momento, se levantó y me Invito a ir fondo del avión, donde estaba la cocina y un mostrador, y hablando con la azafata, le pidió que nos sirviera wiski, no sé cómo arreglo, porque en general, esas cosas extra se pagan aparte, y no vi que sucediera.

Estuvimos varias horas hablando y luego volvimos a nuestro lugar, y seguimos la conversación casi toda la noche, a él le interesaba mucho la política, y la economía, ente muchas otras cosas. Estaba muy bien informado, y la charla fue casi exclusivamente sobre esos temas.

También sabia mi filiación política, en la que coincidíamos, creo que de mi actividad musical anterior no sabía mucho porque en una de las actuaciones, creo que, en Chila, donde como de costumbre, presentaba a sus músicos, cuando me nombro dijo, un muchacho que «proviene de la música culta» tal vez por mi relación con Leo.Nunca le conté nada sobre mí, salvo que me preguntara.

Llegamos de mañana a Gran Canarias, y nos vinieron a buscar para el traslado.

En el primer toque, era al aire libre en una plaza, un lugar difícil, para lo que hacíamos, ya que tocamos acústico, y es complicado con micros de aire. Por eso al subir uno de los sonidistas nos pedía los cables pensando que íbamos enchufados, y quedo un poco sorprendido.

Salió muy bien igual, pero lo que note, era que muy poca gente conocía a Alfredo, porque al principio prestaban poca atención.

Alfredo hizo la presentación de costumbre y hablo brevemente.

A partir de ahí, y en forma progresiva el público empezó a escuchar en silencio, y aplaudir cada canción como en un teatro. Fue muy emotivo estar tan lejos, con un público desconocido, y que gustara tanto de lo que hacíamos.

Durante esa gira, que incluyo Tenerife, «tocamos en la Universidad local» nos veíamos poco con él, solo algún repaso antes de los toques. Tuvo un problema de salud leve, y le hicieron una pequeña cirugía.

Con los compañeros salíamos mucho a recorrer y aparecieron unos uruguayos que vivían ahí, y uno de ellos tenía un boliche donde se juntaban. En ese lugar pasábamos tosas las noches después de los toques.

Volvimos en pleno Julio de aquel paraíso de verano eterno, al frio y la humedad, el escaso trabajo musical, y los invariables ensayos semanales.

La próxima salida fue a Chile en el 88.

Era una parada difícil, ya que estaba todavía la dictadura de Pinochet, y coincidía con el plebiscito de una reforma constitucional promovida por el régimen.

Nosotros, o por lo menos yo, ignorábamos como fueron los contactos de aquellas presentaciones, que supongo no fueron fáciles.

Recuerdo que, en el viaje, que era por PLUNA, iba también la selección uruguaya de futbol, que iba a jugar un amistoso con la selección local.

Reconocí a muchos de los jugadores, al ir por el pasillo, y me dio la clara sensación de que a Zitarrosa ninguno de ellos lo conocía.

Al llegar, en el aeropuerto había un grupo numeroso de periodistas y cámaras de televisión.

Estaban esperando a la selección, por lo que pasamos junto a ellos, sin siquiera ser mirados.

A nosotros nos estaba esperando la policía de Santiago.

Fue muy tensa la situación, y estuvimos tal vez un par de horas esperando ver el resultado de las tratativas, entre los organizadores, Alfredo y los militares, entre los que estaba el jefe de policía de Santiago.

 Al final, pudimos entrar. y nos llevaron al hotel, que formaba parte de un complejo, donde estaba el teatro donde nos íbamos a presentar. 

La primera noche que tocamos, con ese clima previo, estábamos muy emocionados.

Cuando subimos al escenario, fue como una explosión, estaba totalmente lleno, y el público, no paraba de aplaudir y gritar.

Después de varios minutos Alfredo empezó a hablar, y presentarnos como siempre.

Acoto, que siempre en los recitales, nos hacía tocar temas instrumentales, alguno de los cuales los había compuesto él, y alguno en colaboración con alguno de sus músicos.

Era un amante de las guitarras, y siempre decía que esa era su orquesta. De ahí la fama que siempre tuvieron sus guitarras, que él, elegía cuidadosamente, y que para los que tuvimos ese privilegio, era un orgullo.

Ese primer día fue agotador, por la tensión que había, y la emoción nuestra, de estar llevando ese mensaje de solidaridad, para los chilenos, que luchaban contra la dictadura. 

Esa noche, volvimos al hotel, a bañarnos y descansar, después de un largo rato de contacto con la gente en el hall del hotel y los camarines.

Teníamos habitaciones privadas, en el mismo hotel, cosa que Alfredo siempre incluía en los viajes con sus músicos, y que puedo decir con propiedad, que muy pocos artistas hacían, y hacen.

Esa noche, llegue a mi habitación, me bañe, me cambie, y al rato apareció Alfredo. 

Fui a buscar agua para preparar el mate y el hizo unas llamadas por teléfono mientras tanto.

Ahí hablamos mucho, principalmente de cosas personales, y me conto una cantidad de episodios de su vida, y yo lo mismo.

Tal vez fue una descarga de las tensiones que estábamos pasando.

Al rato golpearon la puerta.

Era un hombre, que creo recordar, era uruguayo, y vivía en Chile en una comunidad indígena, con su pareja que era de ese lugar.

No sé si Alfredo lo conocía, o había arreglado ese encuentro, ya que no creo que recibiera a una persona desconocida en esas circunstancias.

El hombre le contaba algunas historias referidas a su vida en ese lugar, que yo seguía con alguna dificultad, por estar bastante cansado, y además no ser parte de la conversación.

Después de una hora de escucharlo, Alfredo le dijo: disculpen, pero me voy a retirar a mi habitación porque estoy muy cansado. Lo saludo, y se fue.

Pero resulta que el hombre se quedó, y me siguió contando a mí, de los temas que estaba hablando con Alfredo.

La verdad, es que yo me estaba durmiendo, y hacia un gran esfuerzo por atenderlo, pero como no había seguido el hilo de la conversación, no entendía nada.

 No recuerdo el final, pero supongo que se dio cuenta de la situación, y se fue.

La segunda y última actuación fue también teatro lleno, con público hasta en los pasillos.

Esa noche, casi al final del recital, le alcanzan un papel, al escenario, que Alfredo lee para sí, y luego empieza a hablar.

Nosotros no entendíamos de que se trataba, pero intuimos que era algo importante.

Luego nos enteramos que se refería al asesinato de cuatro personas, por parte del régimen, entre los que se encontraba un uruguayo, pareja de la mujer que portaba el mensaje.

 Fue un momento muy tenso, que lo dejo muy afectado al punto que no canto el tema que nos había anunciado, sino otro, para finalizar. En el camarín que estaba abarrotado de gente, todavía estaba mal, muy contrariado por el mensaje que había recibido, que obviamente lo afecto, y no quería hablar con nadie.

Esa noche, no nos vimos, y al día siguiente nos volvimos a Montevideo.

 «Parte de lo que comento de ese segundo recital, apareció 10 años después en un disco de esa actuación, por la que no cobramos nunca, a pesar que hicimos un reclamo con la asesoría del abogado de Agadu en aquel tiempo, y cuando se enteró del reclamo el productor del disco, que era Alfonso Carbone, lo sacaron de la venta, pero a los pocos meses apareció de nuevo; nunca supe lo que paso, así que quedo por esa».

Alfredo nos comentó una vez, que, hacia siempre un par de recitales al año solidarios, en los que donaba su trajo, pero no el nuestro.

Fue a uno de esos que me voy a referir.

Estábamos prontos para tocar uno de esos actos, cuando surgió un problema por el hecho de que nosotros debíamos cobrar.

Entonces Alfredo fue a hablar con los organizadores, para comunicarles que, si a nosotros no nos pagaban, no iba a actuar.

Yo le dije que por mi parte no había problema, ya que también podía donar mi parte, y me dijo: < no, yo te pago, y vos con tu dinero hace lo que quieras>. Tenía razón; así era él.

Después salió un trabajo en Argentina, en el club Oeste, en Caballito, donde, actuó invitada Teresa Parodi. 

 Poco después una actuación en Porto Alegre en el Palacio de las Leyes de la ciudad. lo que para nosotros sería el Palacio Legislativo, ya que era la capital del estado de Rio Grande del Sur.

Nos acompañó Carlos de Melo, músico y compositor Riverense, amigo de Alfredo y nuestro, autor de muchas composiciones, algunas de las cuales canto Alfredo.

Ya en los últimos tiempos fueron, algunas pocas actuaciones en el interior.

Las dos últimas actuaciones fueron en Montevideo.

Una fue en el Parque Central. Era un homenaje al poeta Wenseslao Varela, en el que participaban, además, Eduardo Falú, y Atahualpa Yupanqui.

La noche anterior, Alfredo me llamo por teléfono, para preguntarme si el espectáculo era un solo día, o dos, porque no había ubicado a Jorge Rabuñal, que era su representante para consultarlo, ya que, me dijo, no se sentía bien, y si fueran dos días prefería cambiar la fecha.

 No fue así, era solo ese día, por lo que tuvo que presentarse a pesar de eso.

En determinado momento en que estábamos repasando los temas, nos comentó: «¿vieron que no vinieron a saludar?», en alusión a los artistas argentinos, con un tono de tristeza, me pareció.  

Nos tocó cerrar. 

Caminamos a través de la cancha hacia el escenario que estaba del lado opuesto, y empezamos la actuación como tantas veces.

En determinado momento, cuando estábamos por la mitad del recital, se da vuelta hacia nosotros como habitualmente hacía para indicarnos el tema siguiente, y nos dice, «nos vamos»; obviamente no se sentía bien. 

Nos levantamos, con preocupación, y desandamos el camino hacia el camarín.

El público estaba en silencio.

Esa semana no nos reunimos, como habitualmente para ensayar.

No recuerdo bien cuanto tiempo paso, pero tal vez fue una semana después, que nos avisaron de una actuación. Era en el club Olimpia de Colon, frente a la plaza.     

Esa sería la última.

Alfredo se veía muy afectado; y nosotros preocupados por su salud.

A pesar de eso, pudo completar su actuación, que para nosotros fue muy tensa.

Varios días después, una noche me llamo Jorge, y me dijo que lo habían internado, y que su estado de salud, era muy grave e irreversible.

Salí para el sanatorio, ya con la angustia la mala noticia.

Ahí nos confirmaron el pronóstico.

Lo demás es conocido.

Mi reflexión final, es que lo que sucedió, con esa parte de mi historia con Alfredo, fue producto de la preparación y la oportunidad, con cierta dosis de fortuna.

Siempre fui un admirador de su obra y su persona, y la vida me permitió compartir esa etapa inolvidable.

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